Diez tesis sobre el multiculturalismo

Mikel Azurmendi es sociólogo y antropólogo. Profesor de la Universidad del País Vasco (Cuadernos de Pensamiento Político nº 8, FAES, DIC/05).

El significado de las migraciones cambia de signo desde el momento que la demarcación entre el yo/nosotros y el ellos/otros está situada en la perspectiva de los derechos humanos. Tras la Shoah ha emergido una nueva era para los emigrantes (1945, Carta de San Francisco; 1948, Declaración Universal de los Derechos Humanos; 1976, Pactos Internacionales, de «Derechos Civiles y Políticos» y de «Derechos Económicos, Sociales y Culturales»). Ser extranjero ya no implica no tener derechos. Existen, pues, diferencias sustanciales entre emigrar a USA entre 1860-1920 (25 millones de europeos emigraron allá) y emigrar ahora a Europa. Y existe una diferencia todavía mayor entre emigrar a Europa, adonde solamente nos llega un 10% de la población emigrante mundial, y emigrar a China, Singapur, Arabia Saudita o Nigeria, porque nosotros disponemos hoy de una definición de persona humana que articulan leyes que protegen al extranjero (como la L.O. 8/2000) y vuelven el racismo algo ilícito e ilegal entre nosotros.

Abandonar el propio país para emigrar a otro puede ser un trauma, pero quedarse en él sin ningún horizonte de espera ni de vida digna suele serlo siempre mucho más. Los millones de inmigrantes que llegaron y siguen llegando a Europa optaron por dar un cambio a su vida insertándola en una vía de progreso y dignidad. Ese paso los predispone ya a ser como nosotros, gentes que vivimos en el pluralismo, no respondemos agresivamente ante diferentes creencias y aceptamos alterar constantemente nuestros estilos de vida.

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