Dificultades y esperanza

Por Carlos González, pediatra. Associació Catalana Pro Alletament Matern (LA VANGUARDIA, 06/01/08):

A lo largo del siglo pasado se produjo en Occidente un abandono casi total de la lactancia materna. En los años setenta, pocas madres daban el pecho más de un mes, y casi ninguna llegaba a los seis meses.

A ello contribuyeron numerosos factores:

- Normas absurdas sin base científica ( "diez minutos cada cuatro horas...").

- Prácticas hospitalarias que dificultaban el inicio de la lactancia: separación entre madre e hijo, salas cuna, suero glucosado, horarios rígidos...

- La industria láctea, con una contundente publicidad dirigida tanto a las madres como a los profesionales.

- La moda. Durante siglos, en la mayor parte de Europa, las mujeres ricas contrataban nodrizas. El biberón permitía a la clase media y baja imitar a la clase alta y no dar el pecho.

- El trabajo. Las mujeres siempre habían trabajado, claro; pero en el siglo XX ya no les permitían llevar a sus hijos con ellas y hacer una pausa para darles el pecho, como habían hecho toda la vida las campesinas o las hilanderas.

- El machismo. ¿Cómo va a poder una simple mujer alimentar correctamente a un bebé? ¡Con lo difícil que es eso! Seguro que los científicos lo hacen mejor...

Se estableció un círculo vicioso. La lactancia perdió todo prestigio social; era algo rural y atrasado. Había tan pocas madres lactantes que las embarazadas no tenían ocasión de observar y aprender. Médicos y enfermeras carecían de conocimientos y experiencia para ayudar a las madres: ¿para qué tratar unas grietas o una mastitis si es más fácil dar un biberón? Una nueva generación de abuelas no había dado el pecho y no podía aconsejar a sus hijas. Las madres que aún intentaban dar el pecho perdieron la esperanza: creían (porque lo veían a su alrededor) que lo normal es fracasar, que la mayoría de las mujeres no tienen leche.

Como siempre ocurre, cuando parecía que las cosas ya no podían ir peor, comenzaron a ir mejor. La recuperación comenzó en los países escandinavos, y unas décadas más tarde llegó al sur de Europa. En los últimos 10 o 15 años se ha producido en España un notable aumento de la duración de la lactancia materna, que resulta, como en el resto de los países industrializados, de dos impulsos separados pero complejamente interrelacionados: los profesionales sanitarios y las mismas madres.

Mientras biólogos y químicos encontraban nuevos componentes en la leche materna (enzimas, hormonas, factores de crecimiento, factores inmunológicos...), médicos y epidemiólogos demostraban que la lactancia artificial se asocia con múltiples problemas de salud, tanto en el niño como en la madre, tanto en los países pobres como en los ricos. Unicef calculaba que, en la década de los noventa, un millón y medio de niños morían cada año en el mundo por falta de lactancia materna. Numerosos datos experimentales y un mejor conocimiento de la fisiología de la lactancia indicaban que los horarios rígidos y la separación en el hospital eran graves obstáculos para dar el pecho. Cada vez más comadronas, enfermeras y médicos tomaban conciencia de la necesidad de formarse para ayudar a las madres. En 1991, la OMS y Unicef lanzaron la Iniciativa Hospitales Amigos de los Niños (IHAN), para conseguir que los hospitales faciliten la lactancia: puesta al pecho inmediatamente después del parto, alojamiento conjunto de madre e hijo las 24 horas, lactancia a demanda, no dar sueros glucosados ni chupetes...

Al tiempo que médicos y autoridades promocionaban la lactancia como una estrategia de salud, como método para evitar enfermedades (y ahorrar gastos sanitarios), las madres la recomendaban como una experiencia personal fundamental, como una parte de su vida a la que no querían renunciar. Había pasado la época de fe ciega en la ciencia y el progreso; lo natural volvía a tener prestigio, se veía como limpio y puro frente a lo artificial, contaminado, peligroso... Una nueva generación de madres no estaba dispuesta a "ponerse en manos del médico" pasivamente; querían opinar, decidir, convertirse en protagonistas de su propia maternidad.

Los primeros grupos de madres lactantes aparecieron en EE. UU. hace cincuenta años; aquí el movimiento fue tardío, pero explosivo, y en las últimas décadas han aparecido decenas de grupos de apoyo mutuo por toda la geografía española. Durante mucho tiempo, el trabajo de la madre no fue en España un obstáculo importante para la lactancia... porque casi todas las lactancias finalizaban antes de la vuelta al trabajo. Pero cada vez son más las madres que llegan dando el pecho al fatídico límite de dieciséis semanas, y se preguntan por qué el permiso de maternidad es tan corto en España frente a otros países europeos. Una campaña para solicitar el permiso maternal de seis meses recogió recientemente más de 300.000 firmas. Nuestros gobernantes siguen haciendo oídos sordos.