Digitalización e infraestructuras, retos clave para Latinoamérica

Muchos son los retos que afronta una Latinoamérica cuya economía, tras dos años de recesión, saldrá del túnel este 2017. De todos ellos, en mi opinión, hay dos especialmente relevantes para que la región pueda impulsar con éxito un desarrollo sostenido, seguir avanzando en la reducción de la pobreza y la exclusión y continuar fortaleciendo sus mercados internos: la reducción del aún persistente déficit de infraestructuras y el cierre de la brecha digital. Superar el retraso de la región en su incorporación a la nueva economía es clave, porque la competitividad y el crecimiento de los países dependerán de su integración en el nuevo paradigma de la economía digital y de su capacidad de innovación en este campo.

En infraestructuras, y pese a los enormes esfuerzos acometidos en los últimos años y a la instauración de fórmulas de Participación Público-Privada (PPP) para reforzar la inversión, subsiste un déficit que obstruye el avance económico y que cada vez es más perentorio eliminar. Se trata de una brecha ingente: los expertos señalan que para reducir el desfase, los países deberían invertir durante 20 años el doble del 2,5% del PIB que destinan hoy.

En este capítulo, la vía de las alianzas público-privadas se ha revelado esencial, pero ante la magnitud del desafío, se requerirá no solo un sustancial aporte del sector privado al esfuerzo público, sino una decidida voluntad de cooperación en financiación. Sin infraestructuras adecuadas no hay paraíso: su deterioro o ausencia crea graves cuellos de botella estructurales al crecimiento.

En el ámbito digital, el reto es también inmenso. Hablamos de cerrar la brecha digital que separa a Latinoamérica de los países más avanzados, de impulsar una agenda que incorpore plenamente a la región al nuevo paradigma económico. La revolución tecnológica de la economía digitalizada ha modificado completamente la estructura productiva global, que se dirige hacia modelos más sofisticados y de forma acelerada. Ya no se puede pensar en el sistema económico como se ha hecho en las últimas décadas. Telecomunicaciones y tecnología digital han dado un vuelco al modelo.

En una sociedad interconectada, con una economía donde las oportunidades y nuevos negocios (de corte ya disruptivo) están vinculados al uso de la tecnología online, perder el tren de la digitalización es suicida. Es cierto que Latinoamérica viene realizando también considerables esfuerzos por adecuarse al nuevo entorno económico y empresarial digitalizado, pero no es suficiente, a tenor de lo que señalan expertos y empresarios. El último informe Global Connectivity Index indicaba que la distancia en el desarrollo digital entre naciones empieza a ser “abismal” y que, aunque las economías en desarrollo han comenzado a acelerar su crecimiento con inversión estratégica en las capacidades TIC y su transformación digital, la brecha con las economías digitalmente desarrolladas (frontrunners) sigue creciendo frente a los adopters y starters, grupos en los que se hallan la mayoría de los países latinoamericanos.

Organismos como la CEPAL han hecho hincapié en que sólo se logrará un crecimiento sostenible a largo con la digitalización y han pedido a la región dar un salto en el uso de las nuevas tecnologías en los procesos productivos, porque el aumento de la productividad exige ya la digitalización de la economía y de las actividades empresariales. Estamos ante un nuevo contexto marcado por una economía que es disruptiva, que modifica el empleo, la profesionalización del trabajo, la fiscalidad y los modelos de regulación. Y no se puede permanecer al margen.

La brecha digital obstruye la puerta al futuro y está comenzando ya hoy a reducir una inversión extranjera, que es palanca relevante para el crecimiento de la región. Según las previsiones, Latinoamérica sumará en 2017 tres años seguidos de caída de la inversión extranjera directa. Y una de las razones, según los expertos, estriba en el escenario global de sofisticación tecnológica y expansión de la economía digital, que tiende hacia una concentración de las inversiones en los países desarrollados. Para cerrar la brecha sería necesaria también la generación de alianzas público-privadas que permitan pasar del Internet del consumo al Internet de la producción en un área que consume muchos bienes digitales pero los produce insuficientemente. Y una decidida apuesta por la innovación digital desde los poderes públicos.

El reto pendiente en infraestructuras; la digitalización y sus efectos disruptivos en la economía y los negocios y la construcción de un espacio empresarial iberoamericano serán algunos de los muchos temas sobre los que se reflexionará en profundidad a fines de este mes en Madrid, en el marco del I Congreso del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (CEAPI), al que asistirán más de 400 importantes empresarios españoles y latinoamericanos.

Núria Vilanova es presidenta de CEAPI y de la consultora Atrevia.

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