Doctores refugiados para mejorar la salud de los refugiados

A menudo se caracteriza a los refugiados sirios como una molesta sangría a las comunidades a las que se establecen, especialmente con respecto a la atención de salud. Pero, para quienes escapan de la civil siria, la ignorancia de su tragedia empequeñece ante la realidad de sus necesidades… y la diversidad de sus especialidades profesionales. Si bien los refugiados llevan consigo grandes problemas de salud, también aportan años de experiencia en la profesión médica que, si se les da un buen uso, podría ser una bendición para las comunidades que los acojan, por no mencionar para otros refugiados.

Uno de los mayores retos que debe enfrentar un refugiado es encontrar un médico. En muchos países anfitriones, la xenofobia, las barreras lingüísticas o la limitada disponibilidad de personal médico pueden causar un tratamiento inadecuado. Esto es especialmente cierto en el caso de los sirios, dispersos en todo Oriente Medio, el norte de África, Europa y América del Norte.

Pero muchos refugiados sirios tienen también un alto nivel de educación. A medida que se establecen en lugares alejados de los hospitales y clínicas en donde una vez ejercieron, los médicos sirios simplemente quieren volver a trabajar. ¿No es tiempo de que lo puedan hacer?

En el Reino Unido está habiendo iniciativas para que así ocurra. El Servicio Nacional de Salud (NHS) y la Asociación Médica Británica han comenzado a volver a capacitar a médicos refugiados, muchos de ellos de Siria y Afganistán, para llenar las plantillas de las clínicas que existen en el país. A través de la enseñanza del inglés, estudios de posgrado y la inscripción profesional, programas de Londres, Lincolnshire y Escocia apuntan a reintegrar doctores refugiados a la profesión médica. Son iniciativas que merecen aplausos.

Volver a capacitar a doctores refugiados no es solo un ejercicio moral, sino que además tiene sentido práctico. Los doctores desplazados son más capaces de tratar los males de sus pacientes refugiados, además de ayudar a asegurarse de que el influjo de nuevos pacientes no signifique una sobrecarga para los sistemas de atención sanitaria de los países anfitriones. Y su capacitación es menos costosa y más veloz que educar a un nuevo estudiante médico. Con los aproximadamente 600 doctores refugiados que viven en el Reino Unido, hay abundancia de recursos humanos sin aprovechar.

Más aun, los pacientes refugiados se benefician si son tratados por doctores que comprenden sus circunstancias, incluido el inmenso estrés sicosocial que conlleva el desplazamiento. Los traductores pueden ayudar, pero no siempre están disponibles en situaciones de crisis. Los doctores que comprenden a los refugiados emocional y culturalmente están mejor equipados para facilitar la vida de sus pacientes.

El Reino Unido no está solo en el reconocimiento del potencial de los doctores refugiados. En Turquía, doctores y enfermeros de origen sirio han recibido capacitación para ayudarles a familiarizarse con el sistema de atención de salud turco. La meta es habilitar a profesionales sirios calificados para que traten a pacientes refugiados, mitigando así las barreras lingüísticas y logísticas a una atención efectiva, accesible y digna.

Pero otros países anfitriones no han sido tan previsores ni abiertos. En Jordania y Líbano, donde viven más de 1,6 millones de refugiados sirios registrados, las iniciativas para permitir a los doctores sirios atender a pacientes refugiados han sido criminalizadas. Los doctores que pasan por alto la ley se arriesgan a que los arresten y, posiblemente, a la deportación. Incluso Canadá, país que por lo general se abre a la diversidad y respeta los derechos humanos, está atrasado con respecto a enfoques innovadores a la salud de los refugiados. Los doctores sirios deben volver a capacitarse “por muchos años” en Canadá, y a menudo tienen dificultades para pagar su alto coste.

En medio de esta resistencia, la atención de salud a los refugiados se debería ver como más que una serie de retos logísticos y operacionales, sino también como un proceso inherentemente político. Si los pacientes refugiados han de recibir la atención adecuada y los doctores refugiados han de utilizarse adecuadamente, es necesario abordar dos dimensiones del problema.

Para comenzar, puede que los doctores refugiados tengan dificultades para ser aceptados por sus colegas locales, debido a un sesgo político o personal. Para desarrollar políticas proactivas que aseguren en éxito es esencial reconocer el potencial de resistencia local a los programas de integración de doctores refugiados.

Más aun, se debe capacitar a los doctores refugiados para dar respuesta a la diversidad de necesidades médicas que enfrenten en sus hogares adoptivos. Por ejemplo, en muchos países de origen de los refugiados, los problemas de salud de la comunidad lésbica, homosexual, bisexual, transgénero e intersexual (LGTBI) son un tabú, incluso entre los profesionales médicos. Para los doctores refugiados que se reubican en países que reconocen los derechos y la salud del colectivo LGTBI, el currículo de integración debe incluirlos, particularmente los derechos de los refugiados LGTBI, que son excepcionalmente vulnerables. Mejorar la salud de los refugiados LGBTI puede servir de base para una sociedad más abierta.

La crisis de los refugiados que ha afectado a Siria es apenas una onda de la marea de los desplazados globales. En todo el mundo, cerca de 22,5 millones de personas están registradas oficialmente como refugiados y cerca de 66 millones han sido obligadas a abandonar sus hogares. Es improbable que estas cifras desciendan en el cercano plazo, ya que las calamidades provocadas por el cambio climático -y los desastres naturales y humanos- siguen empujando a más gente a dejar sus comunidades.

En algún momento, cada uno de estos futuros refugiados necesitará acceso a profesionales médicos capacitados en salud, diversidad e inclusión para su situación. Empoderar a los refugiados de estas profesiones para que se hagan parte de la solución ayudará a superar arraigados dogmas sobre la integridad e identidades sociales de los refugiados. Pero, de manera más importante, marcará un paso crucial para asegurar una salud más inclusiva para ellos.

Vural Özdemir is a medical doctor, independent writer, and adviser on technology, society, and democracy. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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