Dólar, euro y petróleo

Por Joan Hortalà, presidente de la Bolsa de Barcelona y catedrático de Teoría Económica (EL PERIODICO, 24/03/03):

En los acuerdos de Breton Woods, al finalizar la segunda guerra mundial, se fijó el valor del oro en 35 dólares la onza, lo cual establecía el referente para medir el valor de las divisas a nivel internacional. En el año 1971, el presidente norteamericano, Richard Nixon, sacó el dólar del patrón oro, al tiempo que la divisa norteamericana devino instrumento monetario de referencia en el sistema mundial de pagos.

En perspectiva histórica, el valor de una moneda se fundamentaba casi en exclusiva en la solvencia nacional, circunstancia ésta que dependía, a su vez, del estoc de reservas disponibles. Más adelante, el valor de la divisa empezó a referenciarse también en relación con la salud económica del respectivo país. Y, en este contexto, ha ido adquiriendo mayor énfasis el hecho de que el poder hegemónico juega asimismo un papel destacado en el aprecio que pueda atribuirse al signo monetario respectivo. Esta hegemonía la ejerce hoy Estados Unidos y el dólar es lo que es.

POR SUPUESTO que esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Las ventajas lo son, obviamente, para Estados Unidos. Tiene sentido, por lo tanto, que la Administración estadounidense quiera mantener el vigente statu quo: los pagos internacionales se realizan en dólares; el petróleo, claro está, se paga en dólares, y la autoridad monetaria norteamericana dispone en exclusiva del privilegio de emisión de dólares. A partir de esta interrelación, podría afirmarse coherentemente que, in extremis, Estados Unidos obtiene petróleo a cambio de papel y, además, con el beneficio adicional derivado del hecho de que los petrodólares regresan a aquel país, ya que las ganancias acumuladas por los países productores se invierten en activos físicos y/o financieros americanos.

Mantener, pues, el statu quo es importante y no tendría que ser necesariamente ilegítimo a menos que para su defensa se acuda al todo vale. De un tiempo a esta parte el dólar empieza a verse amenazado. Por supuesto que continúa siendo el gran referente monetario internacional; pero ya no tiene la exclusiva desde que el euro entró en escena. Cierto es, no obstante, que durante gran parte de esta última etapa el euro ha mantenido cotizaciones más bien decepcionantes.

Sin embargo, aunque sea por simple y pura lógica competitiva, la moneda europea irá escalando posiciones a medida que su utilización se consolide en el concierto mundial como medio de cambio y de pago y también como depósito de valor. Pero si además surgen acontecimientos excepcionales, la travesía del euro puede acortarse sensiblemente. Y esto está sucediendo.

Efectivamente, el 6 de noviembre del 2000, como ha puesto de manifiesto el profesor Óscar Mascarilla, del Departamento de Teoría Económica de la Universitat de Barcelona, el régimen iraquí decidió aceptar euros en pago de petróleo. Recientemente, decisión parecida se ha adoptado asimismo, si bien con matices, por parte de Venezuela. Y el proceso puede continuar.

Primero, por razones de oportunidad. La Administración iraquí vio incrementado el valor de su estoc monetario denominado en euros en un 17% como consecuencia de la apreciación de dicha moneda. Segundo, por razones financieras, puesto que la minimización del riesgo inherente al estoc de divisas acumulado requiere diversificación. Tercero, por razones políticas. El actual conflicto bélico puede decidir a determinados países de la OPEP a optar por el euro como medio de pago de sus exportaciones petrolíferas.

CON ESTE panorama, la Administración estadounidense puede tenerlo difícil para mantener el beneficioso statu quo. Tendría sentido que respondiera, en el campo económico, frente a la Unión Europea. Pero ¿en qué medida los graves acontecimientos actuales responden también a evitar las consecuencias negativas que para Estados Unidos tiene el vigente trilema dólar, euro, petróleo?

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