Don Pepín Corripio, un hombre excepcional

José Luis Corripio Estrada partió de Villaviciosa (Asturias) rumbo a la República Dominicana siendo un niño. Huía con sus padres de la pobreza y de la Guerra Civil que se vivían entonces en España. Su corta edad no le permitía saber que aquella travesía en barco hacia tierras americanas cambiaría su destino: allí terminaría construyendo con su padre unos de los emporios económicos más grandes del Caribe. Ese emporio, conocido como el Grupo Corripio, se sostiene hoy en día sobre numerosas empresas que abarcan prácticamente todos los sectores productivos del país, y generan unos 14.000 puestos de trabajo.

Pero no fue fácil: costó tiempo, tesón y sacrificio. «Nunca he conocido la fórmula para hacerse rico fácil y rápido», ha dicho en reiteradas ocasiones José Luis Corripio. Tras varios años trabajando arduamente en el país de acogida, su padre, Manuel Corripio, consiguió montar un negocio de comestibles. Aquel fue el primer ladrillo. Al negocio le fue bien, así que con el tiempo este decidió invertir en el sector del comercio, y después en la industria. Y entonces, a principio de la década de 1970, el hijo, José Luis, ya plenamente involucrado en el negocio familiar, propuso diversificar aún más las inversiones del grupo incursionando en los medios de comunicación.

Aquello no fue fortuito: a «Don Pepín», como le llaman a José Luis Corripio Estrada en la República Dominicana, la pasión por el periodismo le venía de lejos. Había sido director de «La Estrella», el periódico juvenil del colegio La Salle, donde había estudiado. Ante un mundo cambiante, y una sociedad que se abría a la democracia -atrás quedaban los días oscuros de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo-, él entendió el valor estratégico de los medios y la importancia que estos estaban llamados a desempeñar en el fortalecimiento del marco de convivencia de una sociedad que pujaba por progresar.

La apuesta fue un éxito. Hoy en día, el Grupo Corripio cuenta con algunos de los periódicos más importantes de la Republica Dominicana, como el «Listín Diario», el «Hoy», «El Día» y «El Nacional»; con cadenas de televisión emblemáticas como Tele Antillas y Telesistema 11; y emisoras de radio como La Nota 95.7, Hijb 830AM y Radio Listín. José Luis Corripio está orgulloso de que todos sus medios funcionen como entidades independientes. Como él mismo ha dicho en varias entrevistas, el mayor halago que le han hecho es que «cada uno de ellos parecen ser de propietarios diferentes». Ese estilo de Don Pepín ha sido clave en el proceso de consolidación de la democracia dominicana, porque a través de sus medios se han expresado con total libertad, sin discriminación ni censura alguna, todas las corrientes del pensamiento político dominicano.

Por tanto, su aporte a la comunicación en la República Dominicana es incalculable. De ahí que este año le hayan concedido en España el Premio Luca de Tenas, uno de los galardones más prestigiosos del periodismo español, que han recibido antes figuras como Luis María Anson, Oriana Fallaci, Indro Montanelli, Manu Leguineche y Claudio Magris. El reconocimiento, según palabras del jurado, hace justicia a «la labor de toda una vida en la creación del grupo de comunicación de referencia en la República Dominicana».

Dicho de otra manera, Don Pepín es un hombre que ha sido visionario, que ha entendido que la comunicación es uno de los pilares fundamentales de la aventura humana, y que por tanto ha dado un apoyo ejemplar a la profesión, llegando incluso a afirmar que nunca cerrará un medio suyo, aunque no le salga rentable («en tal caso -ha dicho públicamente-, otras empresas del Grupo tendrán que asumir los gastos»). Un hombre, además, cuyos aportes se han extendido por igual a otros ámbitos como la cultura, a través de la Fundación Corripio, auspiciando iniciativas de primerísimo orden como el Premio Nacional de Literatura y los Premios Fundación Corripio, que reconocen cada año a personalidades por sus aportes a la sociedad dominicana.

Don Pepín es, en definitiva, un hombre al que la suerte -como la inspiración- lo ha encontrado trabajando. Un hombre que ha hecho honor al legado de su padre, y que ha logrado conciliar a la perfección sus dos identidades, manteniendo el cordón umbilical con su España natal, y contribuyendo de manera excepcional al progreso de su país de acogida, la República Dominicana. En una ocasión, respondiendo una pregunta de un periodista de si se sentía español o dominicano, respondió con la chispa que le caracteriza: «Me considero españolicano, recordando lo de monarquicano, que decía mi gran amigo Felipe González».

Olivo A. Rodríguez Huertas es Embajador de la Republica Dominicana ante el Reino de España.

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