¿Dónde se fueron todos los refugios seguros?

Debido a que las acciones están en caída, la volatilidad del tipo de cambio va en aumento y los riesgos políticos se intensifican, los mercados financieros de todo el mundo atraviesan por una mala racha. En momentos como estos, los inversionistas internacionales generalmente se comportan con mayor cautela y priorizan la seguridad sobre las ganancias, razón por la que el dinero huye hacia “refugios seguros” que puedan proporcionar, en una escala suficientemente grande, activos monetarios seguros y calificados como inversiones líquidas. Sin embargo, hoy en día, no hay refugios que se distingan como tales y salten a la vista. Por primera vez en la historia registrada, los inversores carecen de un puerto tranquilo donde puedan refugiarse de la tormenta.

Históricamente, el refugio seguro por excelencia se encontraba en Estados Unidos, en la forma de bonos del Tesoro respaldados por la “plena confianza y solvencia” que ofrece el gobierno de Estados Unidos. Como dijo un estratega de inversiones en el año 2012, “cuando las personas están preocupadas, todos los caminos conducen hacia los bonos del Tesoro”.

El estallido de la burbuja inmobiliaria estadounidense en el año 2007 ofrece un ejemplo de ello. Nadie dudó de que Estados Unidos fuera el epicentro de la crisis financiera mundial. Pero en lugar de huir de Estados Unidos, el capital, en los hechos, fluyó hacia Estados Unidos inundando este país. En los últimos tres meses del año 2008, las compras netas de activos estadounidenses alcanzaron medio millón de millones de dólares – tres veces más que la suma total de los nueve meses anteriores.

Con seguridad, algunas de estas inversiones en dólares se debieron al hecho de que los bancos extranjeros y los inversionistas institucionales necesitaban billetes verdes para cubrir sus necesidades de financiamiento tras que los mercados interbancarios y otros mercados mayoristas de corto plazo se congelaron. Pero esa no fue la única razón por la que una muchedumbre de gestores de cartera invirtió en Estados Unidos. Gran parte del aumento de la demanda se debió al puro miedo. En un momento en el que nadie sabía lo mal que se podían ponerse las cosas, Estados Unidos fue ampliamente visto como la apuesta más segura.

Pero esto ocurrió antes de la llegada del presidente estadounidense Donald Trump, quien logró socavar la confianza en el dólar en un grado sin precedentes. Además de abandonar cualquier noción de responsabilidad fiscal, Trump ha pasado sus primeros dos años en el cargo atacando a instituciones internacionales y buscando peleas con los aliados de Estados Unidos.

Sin duda, incluso antes de Trump, la confianza en el dólar sufrió un revés en el año 2011, cuando Standard & Poor degradó los títulos del Tesoro bajándolo un nivel, en respuesta a un casi cierre de las operaciones del gobierno estadounidense. Ese episodio fue provocado por un enfrentamiento entre el entonces presidente estadounidense Barack Obama y los congresistas republicanos por una propuesta de rutina para elevar el techo de la deuda federal.

Hoy, sin embargo, los inversores tienen aún más razones para preocuparse por la calificación crediticia del gobierno de Estados Unidos. Únicamente en el año 2018, el gobierno estadounidense fue cerrado en tres ocasiones, y permanece en un cierre parcial hasta la fecha, debido al pedido de Trump de fondos para construir un muro “grande y hermoso” en la frontera con México.

¿A dónde pueden ir los inversionistas si no van a Estados Unidos? La eurozona podría mostrarse como una alternativa lógica. Después del dólar, el euro es la moneda más utilizada en el mundo. Y, en conjunto, los mercados de capital de los 19 estados miembros de la eurozona tienen un tamaño similar al del mercado estadounidense. Pero Europa tiene sus propios problemas. El crecimiento económico se está desacelerando, sobre todo en Alemania, y el riesgo de una crisis bancaria en Italia – la cuarta economía más grande de la eurozona – se vislumbra en el horizonte.

Aún peor es la incertidumbre sobre Brexit, que podría resultar altamente perjudicial en caso de que el Reino Unido salga a tropezones de la Unión Europea, es decir sin un acuerdo de divorcio. No hace falta decir: Gran Bretaña, también se debe descartar como un refugio seguro, al menos hasta que se resuelva el fiasco de Brexit.

Y, ¿se debería considerar al franco suizo? Aunque sus atractivos son obvios, los mercados financieros de Suiza son simplemente demasiado pequeños para servir como un sustituto adecuado de los mercados estadounidenses.

Eso lleva a considerar como opción a Japón. Con su abundante oferta de bonos del gobierno, Japón es el mayor mercado único de deuda pública fuera de Estados Unidos. Sin embargo, la pregunta para los gestores de cartera es si es realmente seguro invertir en un país donde la deuda pública supera en 230% al PIB.

En comparación, el ratio deuda pública/PIB en Estados Unidos está en alrededor del 88%; e incluso en la problemática Italia, no es más del 130%. Es cierto que el mercado de la deuda del gobierno japonés es más estable que la mayoría, debido al hecho de que gran parte del mismo está en manos de ahorradores nacionales (es decir, está bien escondido debajo del colchón). Pero Japón es un país con una población que envejece y una economía que se ha mantenido casi estancada durante un cuarto de siglo. Los inversores tendrían toda la razón si cuestionan de dónde sacará Japón los recursos para continuar con el servicio de su gran sobreendeudamiento.

Y, de igual manera, se debe poner en consideración a China, país con el tercer mercado nacional de deuda pública más grande del mundo. Ciertamente, la oferta de activos monetarios en China es amplia. No obstante, el mercado chino está tan estrechamente controlado que es esencialmente lo opuesto a un refugio seguro. Pasará mucho tiempo antes de que los inversores mundiales consideren confiar en los títulos-valores chinos.

Con la escasez de puertos seguros, los inversionistas estarán cada vez más nerviosos y agitados. Tenderán a mover fondos ante la menor señal de peligro, lo que aumentará sustancialmente la volatilidad del mercado. Por estas razones, la mala racha de hoy probablemente llegó para quedarse.

Benjamin J. Cohen is Professor of International Political Economy at the University of California, Santa Barbara, and is the author of Currency Power: Understanding Monetary Rivalry. Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.

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