Dos apuntes musulmanes. Tetovo (y 2)

Por Gregorio Morán (LA VANGUARDIA, 29/07/06):

Si a Ankara hay que verla como ciudad musulmana emergente y centro de un planeta en expansión como es Turquía, ¿qué pinta Tetovo? ¿Dónde demonios está Tetovo? Para acercarse a Tetovo, primero hay que situarse en los Balcanes, un volcán de erupciones periódicas. Luego ir a Macedonia, ese país cuyo solo nombre provocó una confrontación con Grecia, que tiene por capital una bonita ciudad provinciana llamada Skopje, y que constituye una de las sociedades más conflictivas de la explosiva región balcánica. Porque Macedonia es un país con dos sociedades, dos religiones, dos lenguas, dos maneras de ser, dos tradiciones, y así sucesivamente en todas las facetas de la vida, y eso sin contar otras minorías de turcos, búlgaros, gitanos… Macedonia es una nación con dos países, el macedonio y el albanés, y eso tiene un valor especial cuando en España se discute si somos varias naciones en un solo país. He aquí que la Macedonia con capital en Skopje es una singularidad: dos países y una sola nación.

Con las palancas del Estado en manos de los macedonios, los albaneses aspiran a tener iguales derechos y peso nacional que los macedonios. Nada de integrarse, ser iguales. En la capital, Skopje, con mayoría macedonia, está concentrado el modesto poder político y económico de una comunidad que sin la ayuda internacional, especialmente europea, dudo mucho de que pudiera ir más allá de la supervivencia. En todas partes se han inventado la historia, el pasado, las grandezas, los símbolos, los honores patrios y hasta los nombres de las cosas; no hay nada que no haya sido invención de los hombres. Pero en Macedonia es aún más divertido, si es que estas cosas se pueden llamar graciosas cuando corre la sangre, y es que todo lo que nosotros nos hemos ido inventando en España a propósito del pasado español, catalán, vasco o andaluz es algo perfectamente diversificado; lo que es de uno, es suyo y muy suyo, y no del vecino, razón por la cual lo que pillan se lo quieren quedar, ya sean los papeles de Salamanca o las obras de arte de la Franja. Pero aquí todo está mezclado. Ejemplo, Alejandro el Magno, hijo de Filipo de Macedonia. Los albaneses se indignan de la usurpación de su insigne antepasado por esos eslavos, venidos hace sólo quince siglos, que afirman llamarse macedonios.

Reconozco mi escaso interés por el tema de la filiación genealógica de Alejandro Magno, pero el tema no es banal mientras mueva a miles de personas capaces de matar por eso. Tetovo puede considerarse la segunda ciudad de Macedonia, donde ocurre lo contrario que en Skopje: aquí la mayoría aplastante es albanesa y, por tanto, de religión musulmana, de escaso rigorismo, quizá debido a varias décadas de ateísmo oficial. La ciudad en sí no alcanza los cien mil habitantes, y eso que sufrió el aluvión de refugiados albaneses de Kosovo expulsados por los serbios de Milosevic, antes de que la OTAN declarara la guerra a Serbia y convirtiera Kosovo en región autónoma bajo el mandato de las Naciones Unidas. Ya habrá ocasión de volver sobre la particularidad de Albania y los albaneses diseminados entre Kosovo y la región de Tetovo como aliados sólidos y agradecidos de los Estados Unidos de América, lo que tratándose de una comunidad musulmana y con unas tradiciones escasamente occidentalizadas, por decirlo de alguna manera, es una de esas paradojas que también se dan en los Balcanes.

Tetovo está a menos de una hora de autobús de la capital, Skopje – las distancias balcánicas se miden en horas de transporte y no en kilómetros, igual que ocurría en la Asturias de mi infancia-. Tiene dos universidades recientes aún más inútiles y corruptas que las nuestras – los albaneses que podían estudiar en la Universidad de Skopje no pasaban del diez por ciento- y no existe ninguna razón turística para visitarla. No tiene museos dignos de tal nombre, ni lugares de interés artístico fuera de una bellísima mezquita de madera pintada, original del siglo XV, y un conjunto arquitectónico magnífico, Arabati Teke, rodeado de un muro de ladrillo donde se encuentra un monasterio derviche turco acosado por los pleitos de propiedad y la urbanización demencial de la ciudad. Ah, y un río, pequeño, pequeño, saltarín y gozoso pero tan lleno de mierda que su mayor mérito es que sobreviva, y con gracia; un sarcasmo para españoles, porque se llama Pena. Como ciudad no se puede decir que sea fea ni bonita, trazada a cordel y con alguna casa hermosa entre un mar de pobreza y vulgaridades. Mucho frío en invierno y mucho calor en verano. Las montañas que la rodean son de una hermosura indiscutible, por su altura – en julio aún conservan neveros fulgurantes- y su verdor de bosque intacto. Macedonia nación, el territorio, es de una belleza apabullante. Es de esos lugares donde el paisaje supera al paisanaje. La cocina es de una humildad casi franciscana y si hubiera de destacar algo sería tan sencillo como el comer tomates que saben a tomate, una sorpresa en los tiempos que vivimos.

Una gran avenida principal, que como toda ciudad balcánica toma el nombre de su antiguo líder, Tito, y que va a terminar en una gran plaza, tan decaída que parece en desahucio. Luego paralelas y perpendiculares que conforme se separan de la calle principal van perdiendo un poco de todo: el asfalto, la anchura, los árboles… Las aceras de Tetovo están hechas para castigar a los ciudadanos en general, especialmente a los ancianos, niños e invidentes, como si acabaran de terminar una guerra, cosa absolutamente inexacta porque aquí las crueles guerras últimas no sobrepasaron el uso del kalashnikov, fusil ametrallador que no afecta ni proponiéndoselo a las losetas callejeras. Sin embargo, esto no limita la vida urbana porque siempre están atiborradas de gente joven, que pasean arriba y abajo, en su mayoría varones sin absolutamente nada que hacer salvo mirar, hablar y fumar. En Tetovo no se fuma, se quema tabaco; palabra de fumador.

¿Qué puede reservar Tetovo, si no tiene lugares emblemáticos que visitar, ni memoria histórica que sentir, ni hay elementos religiosos que lo hagan cita de peregrinaje? Tiene lo más difícil de todo: una exposición social. Sería difícil encontrar una ciudad donde se pudiera observar como en probeta a una sociedad balcánica caracterizada por una mayoría albanesa musulmana y una minoría macedonia cristianoortodoxa. Con ochenta mil habitantes, disfruta, es un decir, de cinco televisiones locales; tres albanesas y dos macedonias, y primera sorpresa que valorar, la más vista y con mayor credibilidad es una de las macedonias, Kiss TV. Las cinco emiten veinticuatro sobre veinticuatro horas y tras entrevistar a sus directores puedo afirmar que todos tienen muy claro su papel y si sobreviven es por necesidades militantes y porque en general no pagan royalties,ni copyright,ni nada de nada, y porque trabaja la mujer del jefe, y el hijo, y hasta la nuera. Curiosamente, diarios sólo hay uno, y es tan malo que nadie sabe a ciencia cierta, ni les interesa, si es albanés o macedonio.

Aquí, hace cinco años, hubo una guerra criminal en la que se mezclaron odios tribales, eso que se refiere a clanes y familias, también rencillas de vecindad, y venganzas aletargadas. Se mató bastante y quedaron secuelas imborrables de heridos, mujeres violadas y gente torturada. Aún hoy la Organización de Seguridad y Cooperación Europea (OSCE) prohíbe la visita a Tetovo de sus empleados, salvo los allí destinados. No les parece un lugar recomendable para hacer turismo. Y sin embargo da la impresión de una ciudad tranquila, escasa de los sucesos habituales en nuestras urbes posmodernas. No hay atracos, ni robos, ni tirones, el único cuidado está en tratar que no te sisen, porque al ser extranjero eres la única fuente de financiación extra de un montón de piratas: empleados de hotel y restaurantes, taxistas o vendedores de espantosos homenajes al kitsch más arrabalero. Aquí hay mucho pirata y bastante mafia consolidada; el país vive de eso y de las remesas que envían los emigrantes, porque producir, lo que se dice producir, no produce nada que merezca la pena, salvo el producto local de jóvenes mafiosos en sus coches despampanantes que se dedican al tráfico de drogas, de armas y de mujeres, por este orden. Los piratas, por su parte, se conforman con el deporte social de chulearte. Te chulean en el hotel, en el restaurante, en los taxis, en las tiendas. Las mesas de los bares, atiborradas, ofrecen un amplio muestrario en móviles de última generación; la mafia te los vende a precios de ganga y con un tiempo de garantía conmovedor, ¡una semana! (En Prístina, la mafia albanesa kosovar ha llegado a dar garantía para móviles de dos días.)

¿Qué significa una probeta social? Detectar la división de calles albanesas y calles macedonias, bares albaneses y bares macedonios, y que eso no se traduzca en una separación sino en coexistencia. Un barril de pólvora étnico, que no religioso, a la espera de que cualquier mecha se encienda. Con un paro entre la población albanesa del 70 por ciento, amparado en unas costumbres laborales fantasmagóricas, basadas en la inexistencia absoluta de una cultura del trabajo responsable. Llegué y me iré en época de bodas, porque las bodas albanesas son tan brutales y divertidas como las películas de Kusturica, aunque con peor música. Confío publicar en el otoño una serie de Historias albanesas.De momento quede la frase que oí a un vasco, buen conocedor de la región. Una reflexión tan profunda que obliga a plantearse el reto de explicarla: “Los albaneses tienen la historia muy cerca y el futuro muy lejos”.