Dos campañas electorales

Por Yossi Beilin, presidente de Israel Democrático y Social y uno de los impulsores del acuerdo de Ginebra (LA VANGUARDIA, 22/01/06):

El próximo miércoles, día 25 de enero, se celebrarán elecciones al Consejo Legislativo palestino, que, naturalmente, influirán en el rumbo futuro de la Autoridad Nacional Palestina, la ANP. La participación de Hamas genera una nueva situación, aun cuando no se convierta en la formación más fuerte y poderosa en el ámbito territorial de la ANP. Una coalición laica y de talante pragmático tras las elecciones podría invitar a Israel a abrir negociaciones políticas con vistas a un acuerdo sobre un estatuto permanente; un movimiento Hamas fuerte podría rechazar toda negociación con Israel y reforzaría – en el seno de Israel- la postura de todos aquellos que prefieren impulsar iniciativas de carácter parcial y unilateral. Las elecciones palestinas este mes influirán, en consecuencia, sobre las elecciones en Israel dentro de dos meses. En el lado israelí, se libra en estos momentos una porfía entre tres escuelas distintas de pensamiento. El Likud, dirigido por Benjamin Netanyahu, negocia con la parte palestina sobre una dilatada serie de condiciones que, como es de advertir a primera vista, carece de sentido práctico. También se opone vehementemente a más retiradas unilaterales de Cisjordania. Kadima (Adelante), el partido de Ariel Sharon, dirigido en la actualidad por Ehud Olmert, emite actualmente señales sobre el despliegue de la hoja de ruta (que no es otra cosa que el caldendario de un acuerdo provisional que sirva para preparar el acuerdo sobre un estatuto permanente). Cualquiera que oiga a sus líderes no podrá evitar caer en la cuenta de que se trata de un partido que prefiere una solución unilateral a la par que un portazo en pleno rostro de los palestinos. La izquierda apela a una vuelta a la mesa negociadora y al logro de un acuerdo, preferible a cualquier iniciativa de naturaleza unilateral. Sin embargo, aunque el partido laborista opone reparos a la división de Jerusalén y no ha hecho suyos los acuerdos de Ginebra del 2003, el partido Meretz- Yahad ha asumido estos acuerdos, que incluyen asimismo – entre otros aspectos- la división de Jerusalén en dos capitales, sin lo cual no es posible la paz. En un determinado momento del proceso llegó a dar la sensación de que el Partido Laborista estaba por convertirse en un rival a la altura del Likud e incluso, tal vez, ganar las elecciones. La victoria del líder sindical Amir Peretz llegó como una bocanada de aire fresco y condujo a la dimisión de los ministros del partido de gobierno de Ariel Sharon y a la anticipación de las elecciones. No obstante, en cuanto Sharon empezó a dividir el Likud para acto seguido crear un nuevo partido arrastrando a su seno a un puñado de líderes laboristas, dio comienzo un reajuste del panorama político, de modo que el nuevo partido de Sharon se convirtió en el partido con mayores oportunidades de constituir el gobierno siguiente. Y tal oportunidad aún se vio reforzada – paradójicamente- cuando Sharon fue ingresado en el hospital. “En lugar de enviar flores a Ariel Sharon al hospital, la gente está trasladando su apoyo a su nuevo partido”. Estas expresiones menudean en el momento actual en Israel. Kadima es, indudablemente, la novedad más interesante de la política israelí en el periodo previo a las elecciones del 2006. Se trata de un partido cuyas posturas sobre el conjunto de las cuestiones que penden sobre la sociedad israelí son tan imprecisas, que nadie se halla en condiciones de atribuir cabalmente sus propias opiniones y puntos de vista a este partido. No es ni halcón ni paloma, ni de izquierda ni de derecha, ni laico ni religioso. La experiencia del pasado muestra que cuando Israel ha desplegado una panoplia de diversos partidos centristas dotados de atractivo, la esperanza de vida política de un partido de tales características es de un solo mandato. Resulta casi invariable que cada vez que sus líderes se enfrentan a desafíos sociales y políticos, el mínimo común denominador – el mismo factor que le permite existir- salta hecho trizas. Sin embargo, entre tanto, Kadima muestra una posición más fuerte y sólida en los sondeos de opinión y será una sorpresa si no gana las próximas elecciones. La cuestión principal, en el momento actual, a dos meses aproximadamente de las elecciones, es la coalición que pueda constituirse tras ellas. ¿Será una coalición de dos segmentos del Likud – Kadima, liderado por Olmert, junto con el Likud de Netanyahu- o una coalición en la que participen Kadima, el Partido Laborista y Meretz-Yahad? Ambas opciones cuentan con posibilidades. Una de ellas llevará a Israel a seguir con el statu quo territorial, lo que significa la continuación del ciclo de la violencia; la otra llevará a Israel a un acuerdo – o a una retirada sin acuerdo- y modificará las fronteras de Israel. Una coalición pragmática en Ramallah en las próximas semanas es susceptible de incrementar las posibilidades de una coalición pragmática en Jerusalén en los próximos meses.