Dos en la carretera

El intercambio epistolar de hoy acaba con la despedida de Luis María Ansón confesándole a Cayetana Álvarez de Toledo que la echará de menos durante este verano. Él bromea con Ella sobre los discursos de Pepiño, al que considera «uno de los himalayas de nuestras Letras». Por eso, le sugiere otro tipo de lecturas para estas vacaciones y con las que Él tiene previsto disfrutar hasta que Ella regrese. Antes han intercambiado sus pareceres sobre la reciente propuesta de Rajoy de reducir los impuestos y el esfuerzo del presidente Zapatero para acabar con el Espíritu de Ermua y pretender dejar fuera del juego político al PP… (EL MUNDO, 15/07/07):
LOS FUNCIONARIOS INNECESARIOS. Querida Cayetana…

Bien por Rajoy. Esta vez ha clavado la flecha en la diana. La reducción de impuestos no sólo es un clamor ciudadano sino que, además, el Estado recaudará más. La fórmula a más impuestos más recaudación es falsa. La moderación en los impuestos, como en Japón o Estados Unidos, dispara la prosperidad. Tu presidente ha madrugado a Zapatero y ha abierto la campaña electoral certeramente.

Entre las tres administraciones, Cayetana (no te digo «querida Cayetana» porque me riñe Ruiz-Gallardón), no deberíamos pasar del millón y medio de funcionarios. Habría que fijar esa cifra final, estableciendo un sistema para que no se cubrieran las plazas de los que se jubilan porque, naturalmente, ni se debe echar a nadie ni se deben tomar medidas draconianas. Lo mejor que podría pasar para la prosperidad de España es que en los próximos veinte o treinta años, y previa la ley correspondiente, se redujera el número de funcionarios, potenciándose el otro trabajo productivo del conjunto de la sociedad. En 1976, pagábamos entre todos a 600.000 funcionarios. Ahora, a 3 millones, en puestos muchas veces innecesarios que, para justificarse, crean trabas agobiantes a los ciudadanos. Hay que añadir a los sueldos de los funcionarios innecesarios, la superficie que ocupan, el mantenimiento, la calefacción, el aire acondicionado, el agua, el teléfono, los servicios, las dietas y viajes, y un largo etcétera que pagan los españolitos fiscalmente abrumados.

Impuestos y gasto público. Esas son las asignaturas pendientes de una sana política en España. Rajoy va a frenar de forma inteligente la apisonadora confiscatoria de los impuestos. No estaría de más que se enfrentara con el gasto público. Con el despilfarro público, si queremos ser exactos.

Querido Luis María…

Y bien por ti. Cómo me gusta leer a un hombre de la cultura pronunciarse tan contundentemente contra el exceso de impuestos, el despilfarro público y la proliferación de funcionarios, y en favor de un modelo económico verdaderamente liberal. No es frecuente. Y menos en España, donde la subvención es considerada patrimonio de los artistas y derecho inalienable de los intelectuales. Te recuerdo la maravillosa frase de nuestra añorada Carmen Calvo: «El dinero público no es de nadie». Me dirás que es por ignorancia. No te equivoques. Estas palabras condensan todo un modelo económico, político y social: el que emparienta los mayores fracasos colectivos del siglo XX con un improvisado y efectista cheque-bebé..

LAS CONCESIONES EN MATERIA TERRITORIAL. Querida Cayetana…

El espíritu de Ermua no fue otra cosa que la cristalización del espíritu de la Transición, en un momento especialmente crispado de la vida española. Entre 1976 y 1978 se pactó que el centro derecha y el centro izquierda actuarían juntos en los grandes asuntos de Estado: terrorismo, territorialidad, defensa, líneas claves de la política internacional… En los dos últimos siglos sólo la alianza Cánovas-Sagasta produjo algo parecido. La derecha cuando ganaba excluía a la izquierda y ésta hacía lo mismo con la derecha, en sus victorias.

Tras quebrar deliberadamente, con prisa y sin pausa, el espíritu de la Transición, estaba claro que Zapatero no se podía sumar al espíritu de Ermua. El planteamiento zapatético está bien claro: el pacto de Estado entre los dos grandes partidos significa una probable alternativa en el poder cada una, dos o tres legislaturas; si el PSOE se alía con los partidos nacionalistas, los de centro derecha como el PNV o CiU y los de izquierda radical como ERC y BNG, tiene la victoria electoral asegurada porque es muy improbable que el PP repita mayoría absoluta. Lo que ha hecho el PSOE de Zapatero es cambiar de socio constituyente. Ha pasado del pacto con el PP en grandes cuestiones de Estado, lo que daba a ambos partidos más del 80% de representación nacional, al acuerdo con ERC, BNG, PNV y CiU que, junto a los comunistas, le permite decidir con un poco más del 50%. Esta operación a corto plazo, cree él y su think tank, que le garantiza la reelección, a sabiendas de que las concesiones en materia territorial a los nacionalismos catalán y vasco suponen fragilizar la unidad de España. Y no se trata de hacer catastrofismo. Los principales líderes catalanes con los que se ha entendido Zapatero han proclamado que el Estatuto no es más que un peldaño para ascender a la independencia. Con relación al terrorismo, el presidente por accidente ha hecho lo mismo: prescindir del PP y tomar decisiones de fondo sin contar con su antiguo socio constituyente sino con los nuevos, en un proceso de rendición ante Eta que significa lo contrario de lo que se levantó popularmente en Ermua. Aún más: Zapatero ha pretendido dejar fuera del juego político al PP. No lo ha conseguido pero su esfuerzo ha sido hercúleo. «El PP se ha quedado solo» es una cantinela mil veces repetida en los últimos años, cuando lo que ocurría es que el presidente sonrisas decidía en cuestiones de Estado con poco más del 50% lo que González o Aznar aprobaban con más del 80%.

El espíritu de la Transición, en fin, que se hizo manifestación popular en el espíritu de Ermua, yace enterrado por Zapatero. Y lo que ha pasado en el décimo aniversario de Miguel Angel Blanco es exactamente lo que era de prever. No vale la pena rasgarse las vestiduras ni siquiera en esta época del estiaje porque como decía Churchill es muy interesante lo que descubre el biquini pero todavía es más interesante lo que oculta. Y lo que oculta la política de Zapatero, tú y yo, Cayetana, lo sabemos muy bien.

Querido Luis María…

Es verdad que era previsible, pero no por ello vamos a dejar de denunciarlo. Estuve en la manifestación convocada en Ermua en homenaje a Miguel Angel Blanco. El cielo lloró sobre las calles apretadas e indiferentes del pueblo. En un ángulo de la plaza, sobrevolando nuestras cabezas, un gran cartel ensalzando los presos etarras, que el alcalde Totorika, sometido al dictado sectario de Ferraz, no tuvo el coraje de quitar. En el cementerio, un Padrenuestro y unos versos de Machado. Lo más conmovedor: el rostro encogido, roto, al límite del dolor, de un padre que nunca baja la mirada.

En estos días tristes es fácil dejarse llevar por las emociones. La compasión hacia el que sufre se mezcla con la nostalgia de lo que fuimos. Pero para que ese sentimiento vuelva a convertirse en capital político y revulsivo social hace falta destilarlo. Churchill también decía que «todos los grandes conceptos son simples y la mayoría pueden expresarse con una sola palabra». Después de lo que he visto y oído en el País Vasco, yo te propongo cinco.

Dignidad. En la entrega del premio de la Fundación Miguel Angel Blanco a Aznar, Marimar formuló ante un auditorio conmovido la pregunta más pertinente: «Si hubiésemos cedido, hubiéramos salvado a mi hermano. Pero, ¿cuántos más hubieran venido después?» Sin la dignidad de la familia Blanco, sin su sobriedad, coherencia, serenidad, convicción democrática y respeto a sí misma, jamás hubiera habido espíritu de Ermua. Son ellos los que, al rebelarse ante el chantaje y no aceptar la humillación, movilizan al conjunto de los españoles a la resistencia. Frente a este ejemplo de dignidad, la justificación de López Garrido por la lamentable ausencia del PSOE y la increíble ausencia del Gobierno en el homenaje de Ermua: «Todos estamos en torno a ese recuerdo de Miguel Angel Blanco, en apoyo a las víctimas. Otros decidieron acudir a otra manifestación convocada por ellos mismos». Cada cual escoge a sus héroes. Que un partido que dice defender la unidad, la convivencia y la legitimidad democrática en España ponga a Companys por delante de Miguel Angel Blanco es sencillamente incomprensible.

Libertad. Antes que la paz, antes que la igualdad e incluso antes que la justicia, la libertad. Es el concepto clave, el valor superior por el que han muerto 800 personas y por el que vale la pena seguir jugándose la vida. Es el hilo invisible que une las movilizaciones históricas de hace diez años con la gigantesca manifestación convocada hace unos meses por el PP. Es lo que ganamos tras el secuestro de Miguel Angel Blanco, lo que hemos perdido con Zapatero y lo que tenemos que recuperar. Paseando por las calles de Ermua resulta evidente que en estas circunstancias ser valiente es la única forma de ser libre. Y también que esos valientes existen.

Justicia. Es lo mínimo que debemos garantizar a las víctimas. En el mismo acto de reconocimiento a Aznar, Mikel Buesa pronunció un discurso poderoso, abstracto, moral y de implicaciones inmediatas. No habló de Ermua. No mencionó a Zapatero. Desnudó la condición de víctima del terrorismo: testigo herido del Mal, al que la sociedad debe el reconocimiento público de su absoluta inocencia, una reparación por el daño infringido y el castigo de los asesinos. Cuando un Estado no cumple estas tres condiciones, se quiebran las bases mismas de la convivencia. La impunidad alimenta la violencia y la víctima pasa a tener el terrible derecho de venganza.

Unidad. Si a la multitud que salió a la calle con las manos blancas y la frente alta se le hubiera preguntado qué había que hacer, está claro lo que hubiera contestado: no ceder. Ése es el espíritu de Ermua, y no la unidad vacía y complaciente que exigen ahora los acólitos de Zapatero entre insultos al PP. La unidad de Ermua se forjó sobre el diagnóstico común de que con ETA no había nada que negociar. La inmensa mayoría de los españoles no ha cambiado de opinión. Quien se ha separado de ese consenso ético, político y social es Zapatero al sustituir la estrategia de la derrota de ETA por la de la negociación. Por eso, el Gobierno no estuvo junto a la familia Blanco en Ermua. Por eso, el homenaje de Zapatero se limitó a un mísero telegrama y un mediocre artículo de justificación. Al menos para eso habrá servido esta legislatura. Para demostrar que la única política antiterrorista capaz de concitar la unidad de los demócratas es la de la derrota de ETA. La política del diálogo es garantía de división. Y, por tanto, de debilidad ante el terror.

Verdad. «El derecho a la verdad es el más simple y más profundo de los derechos objetivos». Estas palabras extraordinarias de Raymond Aron me vinieron a la mente cuando Aznar, conmovido y sincero, afirmó: «Quiero reivindicar el valor de la verdad. Exigir la verdad es la forma más noble y justa que tiene un representante político de cumplir con su obligación». Para las más de mil personas que abarrotábamos el Palacio Euskalduna, no cabía ninguna duda: Rajoy ha estado estos años y estos días exactamente donde tenía que estar..

LAS VACACIONES SON MATADORAS.Querida Cayetana…

Te invito al teatro romano de Mérida a que presencies el milagro de Ana Belén en Fedra. Tengo tres entradas, pero me imagino que no podrás venir porque a ti lo que te hace disfrutar de veras es la lectura de los discursos de Pepiño Blanco, cuya belleza literaria se alza como uno de los himalayas de nuestras letras.

No he dejado de ver una sola de las Butterfly que se han cantado en Madrid desde hace 50 años. Tu amigo Ruiz Gallardón debería invitarte a su palco para que te emociones una vez más con los desamores orientales, dirigidos por Plácido, antes de la diáspora veraniega porque sé, pobre de ti, que te vas de vacaciones y me abandonas durante unas semanas en este viaje por carretera que tanta inquietud produce a Zapatero. Regresarás cansadísima, claro, porque las vacaciones son matadoras.

Liliana Porter expone en Espacio Mínimo. En sus figuras, en sus líneas, en sus manchas hay algo decadente, como de estar de vuelta de todo. Pero es una vanguardia sugeridora e interesante. Exposición que los enamorados de las artes plásticas no se deben perder.

He preparado una veintena de libros que tengo atrasados para disfrutar hasta finales de agosto en el que tu regreso me permita de nuevo el deslumbramiento de los grandes hallazgos intelectuales que refulgen en los discursos de Zapatero. Voy a empezar con la Introducción a la fenomenología de un filósofo especialmente querido para mí: José Gaos. Le seguirán A la sombra de Churchill de John Colville, con los diarios del hombre más importante que ha dado el siglo XX; el Elogio de la impureza, de Benjamín Jarnés, el escritor que levantó a Bécquer, injustamente marginado y teñido de cursi, a principios del XX, cuando es uno de los grandes poetas de todos los tiempos; y por no abrumarte, tengo también sobre mi mesa Terrorista, de John Updike, La muerte derrotada, de Alfonso M. Di Nola y otros muchos, sin que falte una revista a la que quiero meter el diente, Quaderna, que me parece seria y sólida en ciencia y pensamiento.

Te dejo, pues, en el aeropuerto para que vueles a Argentina y encierro nuestro coche triste en el garaje. Te echaré de menos, querida Cayetana.