Economía, Estado del bienestar, identidad y mentalidad integradora

El debate sobre el futuro de Catalunya vive ahora un momento de gran intensidad y trascendencia. Un momento en el que las propuestas, las actitudes y las maneras de actuar deben tener una alta carga de seriedad, de responsabilidad y de sentido del bien común. De firmeza y de respeto.

Es por ello que en los tres últimos editoriales [del Centre d’Estudis Jordi Pujol] se han tocado temas política y éticamente muy relevantes.

Uno –‘De la envidia y de la admiración. Y del independentismo’– porque ahora que tenemos que reclamar más que nunca el respeto y el reconocimiento de nuestra identidad, de nuestros valores y de nuestros derechos debemos ser muy capaces de respetar y valorar a nuestros interlocutores. El otro –‘Nadie debe irse’– pretendía recordar y subrayar la vocación integradora de Cataluny. Integradora de gente, de valores, de sentimientos. Y el tercero –‘Con pulcritud democrática’– era de hecho una consecuencia obligada de los otros dos. Porque la pulcritud democrática es la mejor garantía de que este proceso se hará con respeto a todos los ciudadanos de Catalunya.

Pero es preciso todavía algo más para que el proceso no se atasque ni avance a sacudidas ni genere exclusiones. Y es que tenga en cuenta la complejidad del país y de su gente. Esto es especialmente así ahora, pero de hecho lo ha sido siempre. Lo era, por ejemplo, hace 45 o 50 años, en pleno franquismo. Con muy pocas posibilidades de acción política, pero ya inmersos en una reflexión y una acción de carácter cultural, político, social y ecológico sobre hacia dónde debía ir el país. Así se decía en una hoja clandestina de octubre de 1964 con el título ‘Los tres catalanismos’, y sobre la cual hoy puede ser útil reflexionar:

“El problema de Catalunya se plantea en estos momentos de tres maneras diferentes. Está el sector que se enfrenta con un criterio nacionalista clásico, que en nuestro caso tiene, sobre todo, una base cultural, lingüística y de mentalidad.

“Hay otro sector para el cual la cuestión básica es la que normalmente suele llamarse problema social. Lo que hace falta es dar a Catalunya unas estructuras sociales y económicas justas. El resto vendrá por sí mismo.

“Finalmente, hay un tercer sector por el cual lo fundamental es dotar a Cataluña de fuerza económica. Si su economía es fuerte, Catalunya tendrá peso político y el problema catalán se resolverá en buena parte como consecuencia de este peso político y económico.

“Son tres planteamientos parciales, y como tales tienen dos grandes defectos: que quedan demasiadas cosas fuera (y cosas importantes) y que la parte que toman en consideración tiende a comerse el todo, tiende a desplazar lo fundamental, el hecho central y básico, el único realmente válido y lo único que puede justificar nuestro movimiento nacional, que es el hombre catalán y la necesidad que este hombre tiene de disponer de una comunidad.

“Es necesario, por tanto, actuar sobre la base de un concepto total de Catalunya. Catalunya no es solo un hecho de cultura y de conciencia colectiva, ni de justicia social ni de economía. Catalunya es todo esto. Y trabajar por Catalunya significa trabajar por todo esto”.

Todo esto, que era verdad hace 50 años, lo sigue siendo ahora. Porque un país no es viable si no se puede afirmar en cada uno de estos tres campos. Por eso, por ejemplo, se puede decir que sin un buen Estado del bienestar –que es un aspecto fundamental del espíritu de justicia social– Catalunya no sería viable. Y no podremos mantener el alto nivel de Estado del bienestar sin una economía sólida y, por tanto, sin unas empresas sólidas y unos mercados abiertos. Ni un nivel cultural ahogado política y económicamente podrá jugar el papel integrador ni mantener la calidad que el país inexorablemente necesita. El país y la gente del país.

O sea que el gran esfuerzo que en estos momentos hay que hacer –precisamente porque el tema del derecho a decidir, con lo que de ello pueda salir, es el tema central de presente y de futuro de Catalunya– es que todo lo que se haga tenga en cuenta estos diferentes aspectos. Porque es con la acción conjunta en estos tres campos –social, económico y cultural– que Catalunya puede encarar al derecho a decidir sin miedo.
Jordi Pujol, exxpresidente de la Generalitat.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *