EE.UU. y China en el primer decenio del siglo

En lo que llevamos del siglo dos fechas han tenido alcance histórico, el 11-S del 2001 y el 15-S del 2008 (quiebra de Lehman Brothers). El mismo escenario: Nueva York, la capital del mundo. Voy a analizar su impacto sobre la relación Estados Unidos-China. Tras el hundimiento de la URSS, los neocon que rodeaban al segundo Bush acariciaron la idea de convertir a China en la nueva principal amenaza. El 11-S dio al terrorismo islámico este papel, convirtiéndose China en un colaborador contra él. China aceptó la guerra de Afganistán, aunque no la de Iraq. El odio de los terroristas del 11-S es fruto de la humillación sufrida por el mundo árabe e islámico durante décadas. Su principal foco es el conflicto de Palestina, que, según ha reconocido el destituido general MacChrystal, debilita la posición norteamericana en Iraq y Afganistán. Obama, visto lo ocurrido en estos últimos, ha abandonado la catequesis: “A ninguna nación se le puede imponer la democracia, cada sociedad ha de buscar su camino”, reconoció ante la ONU.

EE.UU. apoyó a Sadam contra los ayatolás y movilizó al yihadismo contra la URSS en Afganistán, para ver como uno y otro se volvían después en su contra. EE.UU. se ha dejado atrapar en los complejísimos conflictos entre países árabes e islámicos y entre ellos e Israel, por un lado, y entre India y Pakistán, por otro. Con graves perjuicios para su economía y su credibilidad moral. Las dos guerras en curso han mostrado los límites de su poder militar y ha consumido grandes cantidades del tiempo y energía de su clase política.

El 15-S del 2008 la quiebra de Lehman Brothers desató la crisis que ha cuarteado los cimientos del sistema capitalista. Su impacto ha supuesto para el PIB de EE.UU. un crecimiento prácticamente nulo los últimos tres años. El PIB de China creció al 11,4% en 2007, el 6% en 2008 y el 8,7% en el 2009. Las grandes disparidades en tasas de crecimiento seguirán los próximos años.

La crisis ha revolucionado el ranking bancario global. Si en el 2006 China no tenía ningún banco entre los veinte principales por capitalización bursátil, hoy cuenta con los tres mayores. EE.UU. tenía en el 2006 siete de los veinte, incluidos los dos mayores. Hoy tiene tres entre los veinte, y el mayor sólo es el quinto. Las reservas de divisas de China pasaron de 165.000 millones de dólares en el 2000 a los cerca de dos billones y medio actuales. A principios del 2009, cuando su cotización bursátil era la más baja, toda la banca norteamericana valía 400.000 millones, de modo que China disponía entonces de reservas en divisas para comprarla hasta cinco veces.

El modelo de capitalismo ultraliberal ha quedado desacreditado. El consenso de Washington, que ya fracasó en su día, acabó de perder su credibilidad cuando se vio que sus promotores rechazaban para sí mismos la medicina de caballo (políticas fiscales y monetarias sumamente restrictivas) que habían impuesto a los demás. La crisis económica ha sido también una crisis del sistema político (incapaz de preverla y evitarla) y una crisis moral (la búsqueda de beneficios exorbitantes sin reparar en el daño al prójimo).

La respuesta general ha sido más Estado, ya sea en forma de regulación, planificación o propiedad pública. Un acercamiento al modelo de economía mixta de China: el Estado es accionista mayoritario de un centenar de grandes empresas, incluidos los principales bancos, lo que le da el control del sistema económico.

Mientras EE.UU. lidiaba con el 11-S y el 15-S, China se concentró en su objetivo estratégico, el desarrollo económico. En 1978 su PIB ascendía a 200.000 millones de dólares, el undécimo del mundo, equivalente al 2,3% del PIB global y al 8,8% del PIB de Estados Unidos. En el 2009 el PIB de China fue de 4,83 billones de dólares, el segundo mundial, equivalente al 8,6% del PIB global y al 34,5% del norteamericano.

La conferencia sobre el cambio climático de Copenhague, en diciembre, reflejó la evolución del peso económico y político de los estados. En Bretton Woods, en 1945, al diseñarse el orden económico global, no se contó con China ni con las otras potencias emergentes. Con el paso del G-7 al G-20 estas últimas ya se sientan en la mesa. En Copenhague China dejó claro que sin ella es imposible la gobernanza.

En el 2000 aún se vivía el momento unipolar, con China como una gran potencia en ciernes. Hoy EE.UU. sigue siendo la única verdadera gran potencia, ante todo por su superioridad militar, pero el resultado de la crisis económica es que acorta el plazo en que el PIB de China alcanzará al de EE.UU. China se ha convertido en una gran potencia inminente.

Eugenio Bregolat, ex embajador de España en China.