EEUU vuelve a Marruecos

Por Luis Alejandre, general (EL PERIÓDICO, 14/06/08):

De acuerdo con planes perfectamente pensados, diseñados, autorizados y consensuados, a finales del próximo mes de septiembre, dos meses antes de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el sexto Mando Regional Norteamericano –Africom–, ubicado hoy provisionalmente en la ciudad alemana de Stuttgart, se establecerá en el sur de Marruecos. La zona elegida a tal fin es Tan Tan, una ciudad de 10.000 habitantes, situada entre las localidades de Ifni y Tarfaya, a 25 kilómetros de la costa que se enfrenta a las islas canarias de Lanzarote y Fuerteventura.
Conocida por sus festivales anuales de tribus y culturas del desierto, Tan Tan está situada en la amplia llanada que forma el río Draa en su desembocadura, tras recorrer, tortuoso y a veces subterráneo, 1.200 kilómetros de territorio marroquí, desde su nacimiento en el Alto Atlas.

LA BASE, CON diseño jurídico bien conocido en España como “de utilización conjunta”, cuenta no solo con la bendición del Congreso norteamericano, que considera que Marruecos es “el país africano más creíble”, sino también con el tácito asentimiento de Francia, país que es siempre un celoso guardián de los intereses que se mueven en la región. Queremos suponer que nuestro país conoce el proyecto desde su inicio, a finales del 2005. Demasiado cerca de nuestras Canarias como para no seguirlo.
Los norteamericanos regresan a Marruecos, tras el cierre de sus instalaciones permanentes entre 1963 y 1975, precisamente en los años en que se instalaron las bases conjuntas en territorio espa- ñol. Mantenían, no obstante, un importante centro de escucha, radar y sonar en Tánger, dependiente de la Nacional Security Agency, y un centro de control de satélites en la base de Ben Guerir, ubicada a 60 kilómetros al norte de Marraquech, considerada, además, como alternativa de zona de aterrizaje de los Discovery de la NASA (Transatlantic Abort Landing).
De todas formas, a pesar de estos cierres de instalaciones, los ejercicios conjuntos, los intercambios de inteligencia y los cursos de oficiales se han mantenido durante estos años entre los dos países aliados. No olvidemos la participación norteamericana en la Marcha Verde, que en 1975 arrolló los límites de nuestro Sáhara y precipitó un conflictivo proceso que aún sigue latente.
Africom se encargará del mando y la coordinación de las fuerzas de intervención norteamericanas y de las agencias estatales, sobre todo el continente africano, excepto en Egipto, que continuará adscrito al Centcom (Mando Central de las Fuerzas de EEUU), y en Madagascar que lo estará al mando del Pacífico (Pacom).

LA BASE DE Tan Tan representa un indiscutible respaldo a Mohamed VI y a su Gobierno. Proporcionará a Estados Unidos un control sobre las rutas marítimas que, procedentes del cabo de Buena Esperanza, transportan casi el 60% del crudo que consume Europa. Tendrá acceso a las plataformas petrolíferas de Nigeria y del golfo de Guinea, así como a los gaseoductos que se dirigen desde el corazón de África hacia el Mediterráneo, como el Nigeria-Argelia. No debe desdeñarse su posición relativamente próxima a los santuarios de los Grupos Salafistas de Predicación y Combate (GSPC), asentados en la indeterminada zona fronteriza entre Argelia, Marruecos, Mauritania y Mali.
Por último, el establecimiento de la base de Tan Tan constituye todo un golpe de gracia a las pretensiones del pueblo saharaui, arrinconado en las argelinas tierras de Tinduf. La realpolitik se impone a la legalidad internacional. Para Washington, y para muchos otros gobiernos, el hecho de garantizar la estabilidad política de Marruecos pesa más que los internacionalmente reconocidos derechos del pueblo nómada del Sáhara. Sus dirigentes tienen que revisar seriamente su estrategia.
Erraron con España en 1975. A pesar de ello, es en el pueblo español donde han encontrado el mayor apoyo, lo que ha evitado su olvido y abandono. Pero no pueden seguir así eternamente. Es hora de encontrar una solución. Y la sociedad internacional tiene que movilizarse con la máxima seriedad para encontrarla. Los saharauis –y muchos españoles que pasamos por aquel territorio lo sabemos bien– necesitan espacios, necesitan soñar viendo las estrellas, orientándose con ellas. Encerrados en un campo de refugiados, pueden llegar a perder una cultura ancestral: la del nomadismo. Quizá no les proporcionaba todas las ventajas de nuestra sociedad de consumo, ¡pero les permitía sentirse libres!

YA QUISIERA YO que los mandos de Africom ubicados en el Draa, en una zona muy familiar para los españoles, conflictiva en algunos casos para nuestras guarniciones de Ifni y del Sáhara, tuviesen la sensibilidad necesaria para hacer compatibles dos principios esenciales para el ser humano. El primero, por supuesto, es el de la seguridad, que constituye básicamente la principal misión de este mando.
Pero quisiera que esta seguridad estuviese cimentada sobre el supremo don de la libertad: libertad de la que ellos han sido paladines y, en muchos casos, defensores. Libertad que necesitan los saharauis para subsistir.