Ejercicio físico en la sanidad pública: la ‘vacuna’ de los parques y los gimnasios

Unas mujeres realizan taichi en el parque de Amezola en la capital vizcaína, el pasado febrero.Luis Tejido / EFE
Unas mujeres realizan taichi en el parque de Amezola en la capital vizcaína, el pasado febrero.Luis Tejido / EFE

Allá por los años 80, el doctor Robert Butler, director del Instituto Americano de envejecimiento afirmaba: “Si el ejercicio y la actividad física se pudieran envasar como en una pastilla sería el medicamento más ampliamente prescrito y beneficioso para la población”. Desde entonces, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado reiteradamente que la inactividad física y el sedentarismo empeoran los problemas crónicos de salud, incluida la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, la diabetes, la depresión y la demencia. Además, las estimaciones de 2020 indicaban que no cumplir con las recomendaciones de actividad física es la cuarta causa de muerte en el mundo, responsable de más de 5 millones de fallecimientos en todo el mundo cada año. Para colmo, se ha comprobado cómo basta reducir el número de pasos diarios durante 14 días para que aumente el riesgo de enfermedad metabólica futura y resistencia a la insulina, típicas de la diabetes tipo II y la obesidad. Queda confirmado que estamos diseñados para movernos. Y que, si no lo hacemos, la carga de enfermedad y mortalidad se disparan de manera exponencial. Si el doctor Butler levantara la cabeza, 33 años después, confirmaría lo que ya sospechaba: la actividad física y el deporte deberían ser actividades esenciales en la política de salud pública, y más en tiempo de pandemia. Y las zapatillas y las pesas son nuestros mejores aliados.

En la población mundial, sin embargo, tan solo el 18% de los adultos de 65 a 74 años y el 15% de los mayores de 75 años cumple las recomendaciones mínimas de práctica de actividad física: hacer más de 150 minutos de actividad física aeróbica moderada-vigorosa por semana y realizar ejercicios de fortalecimiento muscular por lo menos dos veces a la semana. Pero lo realmente preocupante, es que esta “deficiencia en la práctica de actividad física” se observa desde las primeras etapas de la vida. Es el verdadero problema causante de la obesidad infantil.

A pesar de los grandes avances de la ciencia, por el momento, no existen fármacos (ni combinación de ellos) que puedan mejorar la capacidad física en las personas, y es probable que ninguno se desarrolle en el futuro previsible. La evidencia sobre los efectos positivos del ejercicio físico lo han llevado a equiparar a la mejor de las medicinas. Es preciso reconocer, sin embargo, que no todos los medicamentos curan el cáncer, ni todos los tipos de ejercicio (cardiovascular, de fortalecimiento muscular, de equilibrio) tienen los mismos efectos sobre las enfermedades y la capacidad funcional. Caminar no es suficiente y tampoco recomendable seguir algunas de las tendencias youtube de los influencers con chándal.

A pesar de los pesares, el ejercicio no se ha integrado completamente en la práctica habitual de la medicina primaria o geriátrica y todavía está prácticamente ausente de la formación básica de la mayoría de los médicos y otros profesionales sanitarios. Es algo que la covid-19 ha dejado todavía más en evidencia, tanto en la población en general, que venía practicando poca actividad física, y en la que se observa una mayor disminución de su práctica, y en los pacientes con la covid persistente, en los que queda cada vez más claro que el ejercicio físico va a volver jugar un papel central en la recuperación de los síntomas de fatiga física y mental.

En la actualidad, también se pone en evidencia que se necesitan realizar más estudios de investigación sobre las intervenciones de ejercicio para los adultos mayores, los grandes olvidados en los estudios médicos. Quedan preguntas importantes sobre la seguridad, la eficacia y la variabilidad inherente entre las personas en respuesta al ejercicio. Comprender esta variabilidad es fundamental para identificar el mejor método de tratamiento (ejercicios simples o ejercicios multicomponentes) e intensidad (ejercicios de resistencia de baja, moderada o de alta intensidad) para preservar e idealmente mejorar la capacidad física en edades muy avanzadas.

En una época donde la ciencia y, en especial, la medicina de precisión está avanzando en el tratamiento individualizado de las enfermedades e incluso la mejora de la esperanza de vida, no debemos olvidar el mensaje simple e importante: el ejercicio no es solo para niños y adultos más jóvenes, las personas de edad avanzada pueden adaptarse al ejercicio y merecen beneficiarse de él. Nunca es demasiado tarde, y nunca es demasiado viejo, para contraer los músculos. Además, en los tiempos que corren, el ejercicio físico también es la única “vacuna” barata, eficaz y segura, sin problema de suministro ni de colas ni turnos y que todo el mundo podría empezar a tomarla desde este mismo instante.

Tendríamos que abandonar políticas del ministerio de la Enfermedad y evolucionar hacia uno más centrado en la salud y la calidad de vida. Los médicos de casi todas las especialidades, pero en especial los de atención primaria y geriatría, deben aconsejar a todos los pacientes, independientemente de su edad, que sean lo más activos posible. Los médicos deberían ser los primeros “prescriptores de ejercicio físico” y las facultades de medicina deberían enseñar a los estudiantes que el músculo esquelético sigue siendo un tejido plástico y adaptable durante toda la vida humana.

La práctica de actividad física y los educadores físicos, deberían tener un papel más relevante y prioritario para solucionar este problema y así deberían ser considerados: actividad esencial con impacto en la sanidad pública. Este debería ser uno de los grandes retos pendientes de la política de salud pública y sanitaria de los próximos años.

Mikel Izquierdo es catedrático y director del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra. Investigador principal del grupo de Ejercicio físico, Salud y Calidad de Vida (E-FIT) del Navarrabiomed. Profesor del Máster en Alto Rendimiento Deportivo del Comité Olímpico Español. En la actualidad participa como investigador en el CIBER de Envejecimiento y fragilidad (CIBERFES) y es director científico del proyecto VIVIFRAIL. @mikelizquierdo_

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