El 11 de Septiembre jordano

Por Walid Phares, licenciado en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Jesuita y la Universidad Libanesa de Beirut, y doctor en Relaciones Internacionales y Estudios Estratégicos por la Universidad de Miami (GEES, 23/11/05):

Después de cada ataque del terror jihadista o estallido violento en cualquier parte del mundo, los principales medios siempre aventuran sus innumerables teorías acerca de las presuntas “causas raíz” del ataque particular en cuestión. Desafortunadamente, la mayor parte de las veces sus análisis son ficticios. Ese fue el caso la semana pasada con la interpretación de la intifada francesa. Y este es el caso una vez más, apenas horas después de que los terroristas hayan atacado tres hoteles en el centro de Ammán, Jordania.

Algunos comentaristas se apresuran a concluir que Jordania era objetivo sólo por ser un aliado de Estados Unidos y un respaldo de la guerra de Irak. Desde los creadores de opinión de al-Jazira hasta las principales agencias de noticias de Occidente, la sabiduría común desbordaba: si el pequeño reino árabe no se hubiera implicado en el “cambio de régimen” de Irak, los furiosos nacionalistas no habrían derramado sangre jordana. Desafortunadamente, esta ecuación es errónea.

Por tanto, ¿qué hay entonces detrás de la oleada de terror en el reino hachemita?

En primer lugar, uno tiene que considerar el peso de las divisiones religiosas de Jordania. Jordania está gobernada por una destacada dinastía árabe musulmana, los hachemitas, que son un serio competidor para los wahabíes. Los hachemitas no son el equivalente a los príncipes de Mónaco en Europa. En el mundo árabe, los ancestros del rey hachemita Abdaláh eran los legítimos gobernantes de La Meca y Medina hasta que el clan saudí de los wahabíes “invadió” Arabia occidental en los años 20. Los hachemitas que quedaron establecieron Transjordania con ayuda de los británicos, mientras el wahabismo tomaba el control de la península y de sus enclaves religiosos. Desde entonces, el Reino Saudí exportó fundamentalismo, mientras que el Reino Hachemita estableció una monarquía. El resultado: dos puntos de vista diametralmente opuestos del islam y del mundo.

A continuación, al-Qaeda aparece de la Guerra Fría. Mientras bin Laden prometía destruir a América y a los infieles, el rey Hussein continuaba siendo aliado fiel de Occidente e impulsor de un acuerdo pacífico entre israelíes y palestinos. Después de su muerte, su hijo, Abdaláh, prometía reanudar la posición anti-terrorismo de su padre.

El rey Hussein no participó en la Operación Tormenta del Desierto, igual que su hijo, el rey Abdaláh, tampoco implicó a las tropas jordanas en el derrocamiento de Saddam Hussein. Por otra parte, el país abrió sus fronteras a los refugiados iraquíes, incluyendo a muchos sunníes, la familia de Sadam en particular. A pesar de las protestas de comentaristas que ofrecen análisis instantáneos, los sunníes iraquíes no están resentidos por la presunta implicación de Jordania en la guerra de Irak. Al contrario, muchos en Occidente y entre los chi’íes criticaban a Jordania por ser demasiado tenue en su ayuda en Irak. Así, no existe frustración árabe por la intervención jordana en Irak. Pero existe otra frustración por otro motivo.

Los jihadistas tienen muchos motivos para tener aversión hacia el monarca de Ammán, pero Irak no figura en su formulación. A su vez, el rey Abdaláh ha respetado la firma por parte de su padre de un acuerdo de paz con Israel. Pero ni siquiera eso es el principal motivo por el que los fundamentalistas islámicos han apuntado a este reino.

La “causa raíz” de la acción islamista contra Jordania es esta: los hachemitas son musulmanes moderados, probablemente los más exitosos a la hora de distanciar su religión del barbarismo de Zarqawi. Jordania se está modernizando y ha hecho amistad con Estados Unidos, el Reino Unido, Europa y los árabes moderados.

Los hachemitas han contenido el fundamentalismo y negado asilo seguro a los jihadistas dentro del país. Ammán rechazó la ocupación del Líbano por parte de Damasco, el apoyo de Siria al terrorismo y la ideología fundamentalista de al-Qaeda. Últimamente, funcionarios gubernamentales afirman que los imanes jordanos lograron reformar a los militantes islamistas encarcelados por violencia. El concepto de participar en la guerra de ideas ha sido puesto a prueba en Jordania: exitosamente o no, los clérigos moderados, apoyados por el gobierno, intentaron utilizar partes del Corán para negar doctrinas wahabíes, presuntamente basadas en la interpretación literal del mismo Corán.

Existe también un choque de personalidades a nivel básico: Abú Massab al-Zarqawi es nacional jordano. Su sangriento papel en Irak ha alcanzado el cenit de la jihad. Quería dar una lección al apóstata monarca y a su reina de educación occidental. Esto añade importancia para el terrorista, porque es su patria. Zarqawi quiere atacar Jordania, no porque eche de menos los recuerdos de su juventud, sino por ambiciones geopolíticas. Las fronteras más cercanas y más naturales del triángulo sunní son las de Jordania. Al golpear el centro de Ammán, Zarqawi abre un frente occidental, dejando espacio así a su red del terror, que está sometida a cada vez más presión mientras Irak consolida su democracia, su ejército y su policía.

Para al-Qaeda, Jordania está madura para la violencia. Los islamistas dentro del país han logrado cierta influencia, pero también han alcanzado sus limitaciones. Zarqawi intentó utilizar agentes bioquímicos hace dos años para desestabilizar al régimen – un intento que fracasó y dejó en evidencia el profundo papel de Siria en la jihad, puesto que los hombres de Zarqawi llegaron a través de Siria.

Al-Qaeda está segura de que la mayoría de los jordanos sintonizan con sus opiniones. De hecho, los islamistas de Jordania suponen cerca del 18% de la población, y por lo tanto, el parlamento. La mayoría de los fundamentalistas son miembros de la comunidad palestina de Jordania. Siguen siendo una minoría, pero su comunidad crece rápidamente y los islamistas creen que llegará a la mayoría en el futuro. Pero los jihadistas también están seguros de no tener que esperar a lograr la mayoría numérica. Sus opiniones se basan en consideraciones regionales.

Jordania es aliado de Estados Unidos y entrena a las fuerzas de seguridad iraquíes. Una vez que Irak establezca con firmeza una nación plural y democrática capaz de defenderse, la amenaza jihadista de Jordania será contenida. Por lo tanto, los estrategas de al-Qaeda planearon matar dos pájaros del mismo tiro: al desestabilizar Jordania, privarían a Irak de su aliado regional más serio. Al destruir a los hachemitas, los terroristas servirían a los intereses de los wahabíes.

Por lo tanto, al-Qaeda golpeó el centro de Ammán contra símbolos turísticos, igual que hizo en Bali. Los jihadistas esperan iniciar una reacción en cadena: la economía de Jordania se marchita, estalla la guerra civil, su apoyo a la Guerra contra el Terror se esfuma, su alianza potencial con Irak se hace cenizas, y con el tiempo asoma la cabeza en la región un emirato o un califato islámico.