El abismo británico

Por primera vez en la historia del Reino Unido, en las recientes elecciones legislativas todo el mundo ha perdido. El resultado ha sido tan impactante que resulta difícil entender lo que ha pasado. La premier Theresa May imaginó que iba a arrasar, tal como pronosticaban las encuestas. Pero ha cosechado un desastre. Los nacionalistas escoceses, que esperaban fortalecer sus reivindicaciones de independencia, han perdido la mitad de sus escaños en Westminster. El partido pro Brexit, el UKIP, se ha quedado sin su único asiento. Los liberales no recuperaron el apoyo y su figura más conocida, Nick Clegg, ha perdido su escaño. Cada partido tenía razones para lamentar el resultado de la votación.

La prensa ha proclamado como ganador al líder laborista, Jeremy Corbyn, cuyo partido ganó más de 20 asientos y logró más del 40% de los votos. Corbyn se deshacía en sonrisas, como si fuera un héroe conquistador. Pero la verdad no es tan simple. Perdió las elecciones, como todos, porque no logró ganar. Uno de sus propios correligionarios ha comparado a su líder con un futbolista desastroso: tenía ante sí una portería sin defensa, pero no llegó a marcar el gol. Corbyn, sin duda, ha ganado muchos votantes, pero en campaña hizo promesas extravagantes que hubieran sido imposibles de cumplir, y todavía no ha logrado obtener el apoyo genuino de los parlamentarios laboristas. Es la tercera elección general consecutiva que pierde el Partido Laborista. Y todo indica que si hubiera otros comicios pronto, seguiría igual.

Pero la noticia más clara es que Theresa May está acabada. El periódico londinense Evening Standard -que resulta ser conservador en política- ha declarado que la primera ministra es “una muerta viviente”. Los tories escoceses están amenazando con separarse del Partido Conservador inglés, principalmente por el desacuerdo sobre el Brexit. Y, sobre todo, hay una oposición masiva dentro de los tories a la alianza de May con el DUP, un partido fuertemente derechista de Irlanda del Norte con 10 diputados. El DUP está bien a la derecha del Partido Conservador en todos los asuntos importantes. Y tampoco está de acuerdo con las opiniones de May sobre el Brexit.

En efecto, May planeó el adelanto electoral como una confirmación de su posición para la negociación del divorcio de la UE. El resultado desastroso significa que toda su situación ha quedado en confusión, y no podrá obtener ningún apoyo fiable entre los partidos en el Parlamento. Todo esto ha tenido su efecto ya al otro lado del Canal. Los observadores en Bruselas miran a Londres consternados, porque se estaban preparando para negociar pero ahora se dan cuenta de que cualquier nueva negociación puede ser imposible. ¿Cómo se puede negociar cuando no hay acuerdo entre las partes en el Parlamento sobre los términos de la negociación?

Todavía es demasiado pronto para pensar en la posibilidad de otro referéndum en el Reino Unido sobre la pertenencia a la Unión Europea. Los resultados de estas elecciones han demostrado que el Brexit no es necesariamente un tema al que la ciudadanía da prioridad. De hecho, una gran proporción de los británicos probablemente se aburre con el tema y ha utilizado su voto para demostrar su preocupación por otros aspectos de la vida política. Esto fue especialmente cierto en la manera en que los jóvenes votaron por temas en los que estaban más interesados. Normalmente, los jóvenes tienden a no votar, porque no se identifican con el proceso político. Algo importante, sin embargo, ha ocurrido esta vez. Fue uno de los éxitos indudables de Corbyn, por quien han votado en un número significativo los jóvenes, atraídos por sus ideas. En ciudades universitarias, los estudiantes votaron por primera vez en la historia para elegir a un miembro laborista del Parlamento. Si este nuevo interés de los jóvenes por la política continúa, tendrá un efecto significativo en la forma de los futuros parlamentos.

Existe la posibilidad de que todo el movimiento para salir de la Unión Europea se derrumbe en el caos, y que el Brexit ya no sea un problema en acción. Gran Bretaña seguirá siendo un miembro activo de Europa. Eso, sin embargo, no es la única pesadilla a la que se enfrenta May. Es más que una posibilidad, de hecho parece ser casi una certeza, que habrá otras elecciones generales en el Reino Unido en el otoño. Si eso sucede, ella no será la líder de su grupo. Los amargos ataques contra ella en cada sección de la prensa conservadora demuestran que tanto su persona como su estilo de gobierno ya no tienen el favor de los votantes.

Una destacada publicación conservadora ha dicho: “Los diputados conservadores no pueden pretender que May pueda liderarlos hacia las próximas elecciones. Ellos no lo creen. Tampoco nuestros lectores”. May, en definitiva, tendrá que entregar el control a otra persona. Eso no ofrecerá ninguna solución inmediata. Tampoco, si hay otra elección, puede haber una garantía de que cualquier partido logre una clara mayoría, y volveríamos así a la misma situación. Es poco probable que los británicos cambien su intención de voto de aquí al otoño. Sin embargo, el caos en la política británica sólo puede resolverse si se tiene un Gobierno de mayoría firme y se adoptan políticas social y económicamente realistas.

El periódico Evening Standard, dirigido ahora por uno de los ex ministros de May, George Osborne, a quien expulsó de la política el año pasado, declara su veredicto: “Políticamente, Gran Bretaña ha sufrido un colapso colectivo. Hace dos años, el Reino Unido se destacó como un faro de la estabilidad política y el éxito económico. Dos años después, los votantes han expulsado al país de la Unión Europa y ahora nos han dado una Cámara de Comunes que es casi incapaz de acordar un plan para negociar nuestra salida”.

Eso, en pocas palabras, es lo que ha ocurrido: un colapso colectivo, del que Theresa May es en gran parte culpable. Se imaginó a sí misma como otra señora Thatcher, una mujer fuerte con voluntad de hierro, que sería capaz casi sin ayuda de cambiar el curso de la historia británica. Sin embargo, al final no ha logrado nada: ni siquiera ha empezado a explicar cómo el Reino Unido podría salir de la UE, ha perdido su mayoría en el Parlamento, dividido profundamente su propio partido conservador y dado al opositor Partido Laborista una espléndida oportunidad para recuperarse. Ha sido un harakiri político de dimensiones increíbles, y el drama sólo acaba de comenzar.

Henry Kamen es historiador británico; su último libro es Carlos emperador. Vida del rey césar (La Esfera de los Libros).

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