El abrazo medido de China a la India

La visita de tres días del presidente chino, Xi Jinping, a la India, el segmento principal de una gira reciente en el sur y centro de Asia, arroja luz sobre la estrategia incipiente de China para con sus vecinos, particularmente el otro gigante de Asia. Los recientes cambios sutiles en las relaciones sino-indias podrían terminar teniendo enormes consecuencias para el mundo en las próximas décadas.

Bajo el mandato de Xi, China está adoptando una nueva estrategia de relevancia que podría llamarse “reequilibrio dual”: implementar reformas domésticas audaces para recuperar el impulso económico y, al mismo tiempo, revisar la postura y la diplomacia global de China, centrándose en los recursos en riesgo en los países que la rodean. El Cinturón Económico de la Ruta de la Seda, que se centra en Asia central, y la Ruta de la Seda Marítima del Siglo XXI, que se enfoca en los países que bordean las rutas marítimas del Océano Índico, son iniciativas destacadas en la agenda de política exterior de China. Su éxito dependerá, en gran medida, de si China obtiene o no respaldo de otras grandes potencias, específicamente Rusia en Asia central y la India en el sur de Asia.

China entiende que la posición de la India en el escenario mundial se ha venido fortaleciendo desde el inicio de este siglo. El nuevo primer ministro de la India, Narendra Modi, un líder autoritario y con aspiraciones, oriundo de Gujarat, uno de los estados más desarrollados del país, ha prometido sacar a la economía india de un bajón de media década, mejorar el nivel de vida de los pobres de su país e impulsar la postura de la India como potencia global. El desafío para la política china es reconciliar las ambiciones de Modi con los objetivos estratégicos de China.

Desde que Modi llegó al poder, la India ha sido objeto de adulación de potencias importantes como Japón y Estados Unidos. En parte motivados por el deseo de contrarrestar la creciente influencia geopolítica de China, Japón y Estados Unidos intentaron atraer a la India a una alianza multilateral conformada por países democráticos de la región de Asia Pacífico. De hecho, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, ha prometido forjar un “diamante de seguridad democrática” con Estados Unidos, Australia y la India.

Durante la visita de Modi a Japón a comienzos de septiembre, Abe ofreció invertir 35.000 millones de dólares en proyectos de infraestructura indios en un lapso de 5 años, acelerar las negociaciones sobre acuerdos nucleares civiles e impulsar la cooperación bilateral en materia de seguridad marítima. Ambas partes acordaron erigir una “Asociación Estratégica y Global Especial”, lo que dejó a los estrategas chinos frente al desafío de lidiar con las implicancias de vínculos más profundos entre la India y Japón.

De la misma manera, a pesar de una relación intermitente con la India desde la presidencia de Bill Clinton, Estados Unidos sigue viendo al país como un “aliado natural”. Miembros del gabinete de Estados Unidos – el secretario de Estado John Kerry y el secretario de Defensa Chuck Hagel- visitaron la India recientemente para intentar seducir a Modi con la promesa de mejores vínculos económicos y estratégicos. En los últimos tres años, Estados Unidos superó a Rusia como el mayor proveedor de armas de la India. El gobierno de Modi está desesperado por diversificar sus fuentes de armas avanzadas y volverse autosuficiente en la producción de defensa.

Hoy se espera que la administración de Barack Obama haga todo lo posible para fortalecer las relaciones con la India durante la inminente visita de Modi a Washington. Como sostuvo Nicholas Burns, ex subsecretario de Estado, los intereses estratégicos de Estados Unidos en el siglo por delante se alinearán más estrechamente con los de la India que con los de cualquier otra potencia asiática continental, lo que torna a la India central para el reequilibrio estratégico de Estados Unidos frente a Asia.

Xi confía en que China pueda entender y satisfacer muchas de las necesidades de Modi mejor que rivales regionales como Japón. Pero China no debería subestimar la determinación de la India de defender su autonomía estratégica en el panorama geopolítico cambiante de Asia.

Durante la visita de Xi, los dos líderes firmaron 15 acuerdos en el terreno del comercio, las finanzas y la cultura. Xi se comprometió a una inversión china de 20.000 millones de dólares en la India en los próximos cinco años, particularmente para modernizar el sistema ferroviario decrépito y desbordado de la India. Esta cifra se compara con apenas 400 millones de dólares, o 0,18% de la inversión extranjera de la India, en inversiones chinas entre 2000 y 2014.

China también prometió establecer dos parques industriales, en Gujarat y Maharashtra, así como proporcionar un mayor acceso a los mercados para los productos indios, en un esfuerzo por apaciguar los temores de la India respecto del creciente déficit comercial bilateral, que ha escalado de 1.000 millones de dólares en 2001 a más de 40.000 millones de dólares hoy. Los esfuerzos de Modi por resucitar la reforma orientada al mercado y mejorar el entorno empresarial del país ayudarán a atraer a corporaciones chinas ansiosas por capitalizar la inmensa fuerza laboral, las variadas cualificaciones y las ventajas geográficas de la India.

Por otra parte, China quiere fortalecer la cooperación con la India en asuntos regionales y globales. Es probable que pronto la India sea miembro pleno en la Organización de Cooperación de Shanghái, el club de los estados asiáticos y del centro de Asia formado tras la desintegración de la Unión Soviética. La política de la India de “Conectar a Asia Central” y sus esfuerzos por construir un Corredor de Tránsito Norte-Sur, beneficiarían el desarrollo en Asia central, una región de gran preocupación para China, porque linda con la inquieta provincia china de Xinjiang.

Por ser importantes proveedores de ayuda e inversiones en Afganistán, China y la India también tienen intereses comunes a la hora de lograr la estabilidad en ese país, y contrarrestar el extremismo y terrorismo religioso después de la partida de las tropas de la OTAN. Es más, los dos países comparten intereses similares en la reformulación de la gobernancia económica global, particularmente fortaleciendo aún más la cooperación entre los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y asegurando que el cambio climático se aborde de manera tal que no impida el crecimiento.

Sin embargo, aún persiste el prolongado rencor de la India por la guerra de 1962 con China. En muchas ocasiones, Modi expresó sospechas sobre la creciente presencia de China en zonas fronterizas en disputa. La sensibilidad de la India frente un potencial cerco chino es similar a los temores de China ante un cerco de Estados Unidos y sus aliados. Esta es la razón por la cual es improbable que China desarrolle sus relaciones con la India y con Pakistán (con el cual China todavía valora su asociación irrestricta) por sendas separadas, como lo hizo Estados Unidos durante la administración Bush.

La visita de Xi a la India sugiere enfáticamente que China está decidida a comprometerse con Modi con la clara intención de impedir que se intensifique la rivalidad bilateral. Sin embargo, a pesar de las promesas de inversión de Xi, dista de ser un hecho que los dos gigantes de Asia, ambos con crecientes aspiraciones globales, puedan zanjar las diferencias que siguen agobiando su relación.

Minghao Zhao, a research fellow at the Charhar Institute, a Chinese foreign-policy think tank, is an adjunct fellow with the Center for International and Strategic Studies at Peking University and the executive editor of China International Strategy Review.

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