El año de Irán de Obama

Ahora que el presidente estadounidense Barack Obama inicia su segundo mandato, él tendrá que dedicar gran parte de su atención a dilucidar la forma cómo poner en orden las finanzas internas de Estados Unidos. Sin embargo, los asuntos de política exterior también cobran gran importancia, y a pesar del actual conflicto en Siria y de la posible propagación de la guerra a lo largo de región Sahel de África, el consenso en Washington es que el año 2013 será el “año que se tome la decisión” sobre Irán.

Obama comenzó su primer mandato ofreciendo relacionarse con esta República Islámica, como él lo expresó memorablemente en su primer discurso inaugural del año 2009, “nosotros extenderemos una mano si estáis dispuestos a abrir vuestro puño”. Repitió ese compromiso, aunque de manera mucho más indirecta, en su segundo discurso inaugural: “vamos a mostrar el coraje para tratar de resolver nuestras diferencias con otras naciones de forma pacífica – no porque seamos ingenuos acerca de los peligros que enfrentamos, sino porque el compromiso puede levantar las sospechas y el miedo de manera más duradera”.

Como el erudito y activista Hussein Ibish sostuvo recientemente (recently argued), Obama ha nombrado un gabinete diseñado con el fin de proporcionarle el máximo espacio para negociar un acuerdo con Irán. En especial, el nombramiento de veteranos militares como Secretario de Estado y Secretario de Defensa le proporcionará una valiosa cobertura nacional para un acuerdo político, mismo que inevitablemente requiere del levantamiento de las sanciones contra Irán y casi con seguridad del reconocimiento de su derecho a enriquecer uranio en un nivel bajo de concentración. Esto debiese ser visto por los gobernantes de Irán no sólo como una señal de que EE.UU. actúa con seriedad con relación a un acuerdo, sino también como una señal de que todo lo que EE.UU. ofrece, probablemente, sea la mejor oferta que dichos gobernantes puedan llegar a conseguir.

La administración Obama ha reunido una extraordinaria coalición de países para imponer sanciones económicas que están teniendo un efecto demostrable sobre el precio y la disponibilidad de bienes en Irán y sobre la capacidad que tienen las instituciones para realizar negocios, inclusive la de instituciones poderosas como ser la Guardia Revolucionaria.

Pero las coaliciones no se mantienen unidas por siempre, y el dolor de las sanciones causa daño con frecuencia en ambos lados, tanto a los compradores como a los vendedores. Países como Corea del Sur y Japón, por ejemplo, han recortado sus importaciones de petróleo de Irán de manera reticente; países como China y Rusia sólo de forma rara aplican sanciones como primera opción.

Además, Obama puede amenazar con que “todas las opciones están sobre la mesa” sólo una cantidad determinado de veces sin que pierda credibilidad con los iraníes y con otros países de Oriente Medio. Como Suzanne Maloney, experta en política exterior de Brookings Institution señala (points out) los países de la región y aún los que se encuentra fuera de ella, ya se encuentran consternados por la falta de liderazgo de EE.UU. en cuanto a Siria. Si EE.UU. hace un intento serio con relación a las negociaciones (realiza una oferta creíble y muestra voluntad verdadera para llegar a compromisos), dicho intento es rechazado y luego no hace nada, en la práctica se declarará como inútil. Lo más probable es que en dicho momento la coalición formada para aplicar sanciones se desintegre en medio de una pérdida de confianza en el liderazgo de EE.UU. mucho más amplia.

Por lo tanto, EE.UU se ha encerrado en un callejón sin salida. El ex asesor de seguridad nacional de EE.UU., Zbigniew Brzezinski, recientemente argumentó (recently argued) de manera enérgica en contra de la acción militar, proponiendo, en cambio, una estrategia que continuaría con las sanciones y ampliaría la disuasión. Al igual que la política de EE.UU. hacia el bloque soviético durante la Guerra Fría, “una amenaza militar iraní dirigida a Israel o cualquier otro amigo de EE.UU. en Oriente Medio sería tratada como si fuese dirigida a Estados Unidos y precipitaría una respuesta acorde de EE.UU.”.

Ciertamente puedo ver la sabiduría en el enfoque de Brzezinski. Sin embargo, Obama llevó demasiado lejos a EE.UU. y a sus aliados por el camino actual. Por otra parte, y de manera crucial, Brzezinski se olvida de que la determinación de Obama en cuanto a impedir que Irán adquiera un arma nuclear no proviene sólo de su preocupación por la seguridad de Israel o la estabilidad de un Medio Oriente más amplio.

Obama se ha comprometido en repetidas ocasiones a lograr la meta de que el mundo se vuelque en la dirección de la iniciativa denominada como “cero global” (“global zero” ) – es decir, un mundo sin armas nucleares. Él cree (al igual que los ex secretarios de Estado Henry Kissinger y George Shultz, el ex secretario de Defensa William Perry, y el ex senador Sam Nunn) que a menos que el mundo encuentra una manera de vivir sin armas nucleares, nos encontraremos en un sistema internacional en el cual 30 a 50 Estados las posean dichas armas nucleares, y consecuentemente se aumente, a un nivel inaceptablemente alto, el riesgo de un lanzamiento accidental o deliberad. Convencer a las grandes potencias para que eliminen sus arsenales nucleares puede parecer tan políticamente extravagante como lo es impulsar legislación de control de armas en el Congreso de EE.UU., pero en lo que se refiere a dicho asunto, Obama también ha dejado en claro que está dispuesto a intentar.

A pesar de que una política de contención podría ser lógica o atractiva, el compromiso de Obama en cuanto a lograr la desnuclearización global como parte de su legado implica que no va a permitir que otro país adquiriera un arma nuclear durante su mandato, al contrario de lo que hicieron sus predecesores, quienes permitieron que India, Israel, Corea del Norte, y Pakistán las adquirieran. Por lo tanto, lo que se arriesga tanto en EE.UU. como en Irán es de mucha importancia.

Otros países lo harían bien si no subestiman la determinación de Obama; los gobiernos que tienen relaciones con Irán deberían hacer hincapié sobre que el momento para llegar a un acuerdo es el actual. Y, países como Turquía y Brasil (y quizás también India y Egipto) podrían desempeñar un papel útil en la elaboración de maneras en las cuales los iraníes salven su orgullo con el fin de satisfacer las demandas de la comunidad internacional, así como en la elaboración de alternativas a más largo plazo para el enriquecimiento de combustible que sean consistentes con la reducción de la amenaza nuclear global. Los aliados de Estados Unidos, a su vez, deben estar preparados para cerrar filas y apoyar a EE.UU. tanto en las líneas generales de un acuerdo como en su disposición de atacar militarmente.

The art of statecraft is not to choose between war and diplomacy as if they were mutually exclusive alternatives, but to understand how they fit together. In the case of Syria, the West has repeatedly called for diplomacy while ruling out any military action, with predictably bad results. The US will not make that mistake with Iran.

El arte del arte de gobernar no es elegir entre la guerra y la diplomacia como si fueran alternativas mutuamente excluyentes, sino entender cómo dichas alternativas encajan entre sí. En el caso de Siria, Occidente ha pedido en repetidas ocasiones acciones diplomáticas al mismo tiempo que descartaba una acción militar, con resultados previsiblemente malos. EE.UU. no va a cometer el mismo error con el Irán.

Anne-Marie Slaughter, a former director of policy planning in the US State Department (2009-2011) and a former dean of the Woodrow Wilson School of Public and International Affairs, is Professor of Politics and International Affairs at Princeton University. She is the author of The Idea That Is America: Keeping Faith with Our Values in a Dangerous World. Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.

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