El antisemitismo tiene un nuevo nombre

A lo largo de los siglos, los judíos han sido culpados de todo tipo de males en las sociedades cristianas y musulmanas, desde la Gran Plaga del siglo XIV hasta las crisis financieras de los tiempos modernos. En 1903, Los protocolos de los sabios de Sion, producido por la policía secreta de la Rusia imperial, “expuso” un plan judío diabólico para alcanzar el dominio mundial promoviendo el liberalismo –y se convirtió en un pretexto para el antisemitismo en Europa-. Estos relatos perduran hasta el día de hoy, sólo que ahora se proyectan en un solo judío: George Soros.

Los teóricos de la conspiración de derecha y antiglobalistas –un grupo que hoy incluye al presidente norteamericano, Donald Trump- demoniza a Soros, un judío adinerado que está profundamente comprometido con las causas liberales. El ex conductor de Fox News Bill O’Reilly describió a Soros en 2007 como “un peligro descomunal” y como “un extremista que quiere fronteras abiertas, una política exterior de un solo mundo, drogas legalizadas, eutanasia, etcétera”. Para Alex Jones, fundador de Infowars con sede en Texas, Soros no es nada menos que “la cabeza de la mafia judía” que conspira para desestabilizar la presidencia de Trump.

Esas figuras imaginan la mano oculta del “multimillonario de izquierda” en casi todas partes. Cuando una caravana de solicitantes de asilo centroamericanos desesperados comenzó a avanzar hacia la frontera estadounidense antes de las recientes elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, era un plan de Soros para obtener una mayoría demócrata en el Congreso. Cuando los sobrevivientes de la masacre de febrero en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, lanzaron una campaña a favor del control de armamentos, Soros supuestamente los estaba financiando. Y fue Soros quien dispuso que Christine Blasey Ford declarara que el elegido de Trump para la Corte Suprema, Brett Kavanaugh, había abusado de ella sexualmente.

Soros supuestamente también estaba detrás de los sobrevivientes de abusos sexuales que enfrentaron al senador Jeff Flake en un ascensor para exigir una investigación de las acusaciones sobre Kavanaugh, de la misma manera que orquestó la Marcha de las Mujeres, una protesta mundial que se llevó a cabo el día después de la asunción de Trump. Inclusive movió los hilos cuando el mariscal de campo de la NFL Colin Kaepernick se arrodilló durante el himno nacional para protestar por la violencia policial contra los negros.

Pero los designios imaginarios de Soros no se limitan a Estados Unidos, ni son todos recientes. Sus detractores dicen que ha desestabilizado sin ayuda de nadie gobiernos en Malasia, Tailandia, Indonesia, Japón, Rusia, Francia y el Reino Unido.

¿Cómo hizo Soros para convertirse en semejante villano?

Soros es lo que el difunto historiador Isaac Deutscher llamaba un “judío no judío” –alguien que buscaba ideas, inspiración y satisfacción más allá de los límites de la judería, y aun así seguía perteneciendo a la tradición judía-. Esa postura muchas veces permite al judío no judío hacer aportes importantes a la ciencia, la cultura y la política.

Éste es por cierto el caso de Soros, que no sólo es un filántropo esclarecido, sino también un intelectual perceptivo que participa en los debates más acalorados de hoy. Soros ha propuesto soluciones audaces para un amplio rango de problemas, entre ellos el Brexit, la reforma de la eurozona, la política migratoria y la crisis del capitalismo global.

Discípulo del filósofo Karl Popper, Soros ha promovido las sociedades abiertas como la máxima garantía de libertad de la tiranía y del adoctrinamiento religioso o ideológico, y como un arma poderosa contra la creciente desigualdad social. Una comunidad globalizada que neutraliza la influencia del nacionalismo, cree con razón, es vital para que podamos enfrentar amenazas existenciales como el cambio climático y el conflicto nuclear.

Así, más allá de ofrecer financiamiento para programas paliativos, Soros utiliza su filantropía para defender la visión de una sociedad verdaderamente libre gobernada por líderes democráticamente responsables. Por ejemplo, su fundación desempeñó un papel integral a la hora de difundir ideales democráticos más allá de la Cortina de Hierro, tanto antes como después de que cayera. Es esta dimensión del trabajo de Soros –junto con el simple hecho de que es un financista judío adinerado- lo que tanto enfurece a la extrema derecha, empezando por los países cuyas transiciones democráticas alguna vez respaldó.

En tanto las democracias del este de Europa se desmoronan políticamente, Soros ha hecho donaciones a ONGs que luchan contra la corrupción y el autoritarismo. Esto ha llevado al presidente ruso, Vladimir Putin, a impedir que Open Society Foundations entregara préstamos a organizaciones y artistas rusos.

En Hungría, el primer ministro Viktor Orbán, que alguna vez recibió una beca de Soros para estudiar en Oxford, ha introducido la llamada ley Stop Soros, que prohíbe “promover y respaldar la inmigración ilegal”. El texto vago de la ley implica que el gobierno podría, en teoría, arrestar a cualquiera que ofreciera algún tipo de asistencia a inmigrantes indocumentados.

Sin embargo, quizá la manifestación más perniciosa de esta histeria anti-Soros haya ocurrido en Israel. Contra el consejo de su propio embajador en Hungría, que denunció los ataques antisemitas de Orbán contra Soros, el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu ha culpado a Soros de “financiar organizaciones que buscan negarle a Israel el derecho a defenderse”, e introdujo su propia “ley Soros” destinada a poner fin a ese financiamiento.

Sin dudas, la acusación de Netanyahu es irracional. De los mil millones de dólares que Open Society Foundations dona anualmente a nivel mundial, unos 3 millones fueron a ONGs israelíes y palestinas. En el tope de la lista figura la universidad palestina Al-Quds, cuyo rector, Sari Nusseibeh, creó un plan de paz conjuntamente con Ami Ayalon, ex almirante y director de la Agencia de Seguridad de Israel (más conocida como Shin Bet). Otro receptor, B’Tselem, es un grupo israelí que monitorea las violaciones a los derechos humanos en los territorios ocupados.

Mientras tanto, Netanyahu permite donaciones de miles de millones de dólares para la construcción de asentamientos por parte de donantes de derecha como Sheldon Edelson. En verdad, Netanyahu muchas veces se ha aliado con cualquier gobierno o partido, inclusive antisemitas de extrema derecha, dispuesto respaldar la represión de los palestinos ocupados. De manera que lo que estamos viendo es un primer ministro israelí que se asocia con descendientes ideológicos de fascistas europeos para atacar a un sobreviviente del Holocausto cuya filantropía cumple el principio, llamado tikkun olam, de que los judíos deben hacer cosas para mejorar o reparar el mundo. El hijo de Netanyahu, Yair, llegó al extremo de publicar en su página de Facebook una caricatura antisemita indignante atacando a Soros, con imágenes nazis.

Algunos individuos ultra-ricos, como Charles y David Koch, que controlan la segunda compañía privada más grande de Estados Unidos, realmente utilizan su riqueza de maneras opacas y subversivas. Son ellos, no Soros y su transparente Open Society Foundations, los que representan la verdadera amenaza para nuestra política y nuestras sociedades.

Shlomo Ben-Ami, a former Israeli foreign minister, is Vice President of the Toledo International Center for Peace. He is the author of Scars of War, Wounds of Peace: The Israeli-Arab Tragedy.

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