El audaz proyecto saudita de diversificación económica

Arabia Saudita concitó la atención mundial con el anuncio de una ambiciosa agenda, llamada Visión 2030, para la modernización de su estructura económica. El plan apunta a reducir la gran dependencia histórica del petróleo, mediante una diversificación de las fuentes de ingresos del país y cambios en el uso y la gestión de sus inmensos recursos. Se asienta sobre planes de acción detallados, cuya implementación inicial ya implicó cambios institucionales espectaculares, en un país con una larga tradición de cautela y gradualismo.

Si bien el motivo inmediato de la reestructuración económica fue la abrupta caída de los precios internacionales del petróleo, el fundamento de las reformas ha sido claro desde mucho antes. Como la exportación de petróleo genera la mayor parte de los ingresos públicos, y como el sector público es el principal empleador, las autoridades sauditas temían hace tiempo que la falta de diversificación económica del país pusiera en riesgo su seguridad financiera a largo plazo.

La reducción del precio del petróleo a menos de la mitad en los últimos 18 meses fue acompañada por un importante cambio en el funcionamiento del mercado del petróleo. Con el crecimiento de las fuentes de energía no convencionales (cabe destacar la “revolución del esquisto”, que llevó a que la producción estadounidense casi se duplicara, hasta alcanzar casi diez millones de barriles al día, en solo cuatro años), el cártel petrolero de la OPEP, liderado por Arabia Saudita, tiene menos influencia en los precios del mercado. Además, algunos miembros de la OPEP, también liderados por Arabia Saudita, ya no están tan dispuestos a usar esa influencia para tratar de moderar fluctuaciones de los precios, porque reconocen acertadamente el riesgo de que los productores dominantes sufran pérdidas permanentes de cuota de mercado.

Por eso Visión 2030 es tan importante. En un intento de recuperar un mejor control de su destino económico y financiero, Arabia Saudita ideó un ambicioso plan de reestructuración económica, alentado por el enérgico príncipe heredero sustituto, Mohammed bin Salmán Al Saud. En pocas palabras, Visión 2030 tiene tres objetivos principales, acompañados por iniciativas para proteger a los segmentos más vulnerables de la población.

En primer lugar, el plan busca mejorar la generación de ingresos no petroleros, mediante el cobro de aranceles y tarifas por los servicios públicos, la expansión gradual de la base impositiva (que incluirá la introducción de un impuesto al valor agregado) y el aumento de ingresos a partir de una creciente cantidad de visitantes al país.

En segundo lugar, las autoridades quieren reducir el gasto mediante una disminución de los subsidios, la racionalización del inmenso programa de inversión pública del país y la sustitución de la compra de armamentos al extranjero.

En tercer lugar, el país intentará diversificar sus fuentes de riqueza nacional y, en el proceso, aumentar el ingreso actual por inversiones. Por ejemplo, el plan busca recaudar fondos mediante la venta de acciones de una pequeña parte (hasta el 5%) del conglomerado petrolero Saudi-Aramco y la inversión de lo recaudado en una amplia variedad de activos en todo el mundo.

Esta audaz visión económica no está exenta de riesgos. Las transiciones económicas (y más una de semejante escala y alcance) son inherentemente complejas. Suelen necesitarse resultados iniciales para solidificar un apoyo decisivo de partes interesadas clave, sobre todo aquellas que por naturaleza pueden resistirse al cambio en un primer momento (especialmente si es un cambio que elimina algunos privilegios financieros tradicionales, al pasar de un presente familiar, pero menos seguro, a lo que por ahora es un futuro menos familiar).

Los planes de acción en que se basa la implementación de Visión 2030 implican inevitablemente un avance simultáneo en varios frentes, que demanda una cuidadosa coordinación y supervisión. El proyecto, que requiere una mejora de los procesos administrativos y operativos, llega en un momento en que Arabia Saudita no solo se enfrenta a una reducción de sus ingresos petroleros y al agotamiento de sus inmensas reservas, sino que también está aumentando su presencia regional, incluidos Siria y Yemen.

En este contexto, es alentador que el anuncio de Visión 2030 haya sido seguido en poco tiempo por la implementación de algunas medidas iniciales notables. Sostener este impulso manteniendo una comunicación coherente con las partes interesadas clave dentro del país será fundamental para el éxito del plan. La marcha de esta importante reestructuración económica de Arabia Saudita será observada muy atentamente por los otros cinco miembros del Consejo de Cooperación del Golfo, y también por muchos otros países.

La atención concitada por Visión 2030 no es sorprendente. Al fin y al cabo, el plan implica mucho más que hacer reformas económicas fundamentales. Si Arabia Saudita logra transformar su economía, reformar sus instituciones y reestructurar los incentivos económicos, otros países que enfrentan desafíos similares, en la región y en el mundo, tendrán motivos para seguir el ejemplo.

Mohamed A. El-Erian, Chief Economic Adviser at Allianz and a member of its International Executive Committee, is Chairman of US President Barack Obama’s Global Development Council. He previously served as CEO and co-Chief Investment Officer of PIMCO. He was named one of Foreign Policy’s Top 100 Global Thinkers in 2009, 2010, 2011, and 2012. He is the author, most recently, of The Only Game in Town: Central Banks, Instability, and Avoiding the Next Collapse. Traducción: Esteban Flamini.

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