El auto de fe del 11 de septiembre

Fuera de las murallas de la vieja ciudad de Barcelona, en los tiempos antiguos, la gente celebraba los días de mercado en un espacio conocido como el Born. Era una zona que fue creciendo a lo largo de los siglos, con calles adyacentes y viviendas que llegaron a ser conocidas como la Ribera, donde la expansión de la zona llegó a la línea de la costa. En esta Barcelona de antes del siglo XVIII, el centro vital de la sociedad era la plaza del Born, que ejercía como plaza mayor de la ciudad. Era el lugar donde se hacía cada día el mercado al aire libre, y al mismo tiempo era el escenario de fiestas y ferias. La música, la danza, el ocio, el teatro y el juego formaban parte de la vida del Born.

¡Y también la Inquisición! Debido a que el Born era un espacio abierto, en el siglo XVI fue el lugar preferido por la Inquisición para la celebración de sus autos de fe. De esta manera, el Santo Oficio esperaba llamar la atención de las personas ante la amenaza de la herejía. No fueron muchos los autos llevados a cabo en Barcelona, pero se estableció la práctica de utilizar el Born como símbolo mediante el cual los guardianes de la ideología impondrían sus dogmas sobre el pueblo de Cataluña. Esa práctica continúa viva hoy, porque la ideología del separatismo político de nuestros días ha adoptado el Born como símbolo por el cual puede imponer sus doctrinas en un público desinformado.

En el año 1713, un pequeño grupo de políticos en la rebelde Barcelona se negó a reconocer el hecho de que, después de ocho años de guerra, el resto (y casi con seguridad la mayor parte) de Cataluña había aceptado el gobierno de un Madrid borbónico. Los políticos estaban divididos entre sí pero con el tiempo, por una estrecha mayoría, decidieron declarar la guerra contra el Rey de España, condenando así a los ciudadanos de su ciudad a una sangrienta e irracional resistencia. Un año más tarde, Barcelona fue ocupada por el ejército borbónico y permaneció bajo la ley marcial tras la conquista. Tal vez el acto más simbólico de la ocupación militar fue la construcción en la ciudad de una nueva y enorme ciudadela, para lo cual fue necesario demoler una buena parte del barrio residencial de la Ribera (que incluía el Born), con el desahucio de 4.000 personas de sus casas. Muchos de ellos jamás fueron compensados por la pérdida de sus domicilios, a pesar de las expresas instrucciones del Rey de que se pagaran adecuadamente los desahucios. Los modernos gobiernos de Barcelona han considerado hasta el día de hoy que la demolición de la Ribera no fue más que una prueba evidente de las fechorías de Felipe V, y han llegado a instalar una exposición permanente sobre el tema en el mercado del Born. La exposición en el Born ha costado hasta ahora 12 años de preparación y 90 millones de euros.

Hace muchos años, cuando preparaba mi tesis doctoral en Oxford sobre la Guerra de Sucesión española, en el curso de mi investigación descubrí la correspondencia y otros documentos privados del hombre que escribió la historia oficial de Barcelona durante los años de la rebelión: Narcís Feliu de la Penya. La casa de Feliu estaba cerca del Born y fue una de las que se demolieron. En la actualidad, los nacionalistas se han olvidado de Feliu de la Penya. De la misma manera, se han olvidado de lo que el pueblo de Barcelona realmente experimentó durante la demolición del Born, y en su lugar se han dedicado a distorsionar todo el contexto histórico del lugar, sin siquiera mencionar la actuación de la Inquisición. De hecho, gracias a los nuevos gerentes-inquisidores de hoy que controlan la publicidad sobre el tema, toda la exposición del nuevo centro del Born es un intento de excitar la imaginación con una serie de ficciones.

La intención es crear una falsa Historia. El Born que se ofrece al público de hoy es una manipulación evidente de los hechos históricos con el fin de convencer al público español, así como a los visitantes extranjeros, de que el Gobierno de Madrid cometió una atrocidad contra el pueblo de Cataluña. Es significativo que ni un solo estudio histórico serio de los acontecimientos de aquellos días se ofrece a la venta al público en el Born. En ningún texto se explica que 6.000 ciudadanos de Barcelona murieron innecesariamente debido a que las autoridades de la ciudad, encabezadas por el conseller en cap, se negaron a aceptar el hecho de que el conjunto de Cataluña ya estaba bajo el control español. No se explica en ningún texto que 10.000 soldados franceses y españoles murieron sitiando la ciudad.

En cambio, como un periódico nacional de Madrid dice, la literatura disponible en el Born es un popurrí de mentiras deliberadas. Los textos hablan de «un choque entre Estados», cuando, por supuesto, Barcelona no era un «Estado»; de una «política de terror», cuando el terror para los ciudadanos venía de hecho de ambos lados; de un «bombardeo terrorista», cuando no había terroristas. Se hace referencia a «el fin del Estado catalán», cuando tal Estado ni siquiera existía, de «violaciones masivas de mujeres», cuando semejante suceso no ocurrió, de «la tiranía de las leyes e instituciones de Castilla» y de un «expolio fiscal oprobioso». La sistemática repetición de falsedades («violaciones masivas de mujeres») evidentemente degrada a aquellos que las inventan. Pero eso es lo que se ofrece al público en el nuevo Born.

La principal y mayor falsedad de todas es la que afirma que la persona que mandó construir la ciudadela fue Felipe V, con su correspondiente «absolutismo». Esto es una completa fabulación. Felipe V se opuso a la construcción de la ciudadela: para él fue incluso un asunto de innegable importancia, tal y como lo refirió a su abuelo, el rey de Francia: «Sobre el asunto de la ciudadela el duque de Berwick parece que no piensa como yo». El Rey creía que si los ciudadanos realmente querían rebelarse otra vez, la ciudadela no podría detenerlos.

La muerte inútil de por lo menos 18.000 personas en el asedio nunca fue lamentado por los que provocaron la rebelión de la ciudad. Muchos de los líderes de la ciudad, incluido su comandante en jefe militar, Antonio de Villarroel, aconsejaron en 1714 abandonar la resistencia sin sentido y pidieron que la ciudad aceptase las negociaciones. En lugar de ello, el conseller en cap Casanova apoyó la resistencia hasta la muerte. Para él era un auto de fe glorioso. Hoy en Cataluña algunos le conmemoran como un héroe nacional, y el 11 de septiembre las personas que no saben nada acerca de quién fue o lo que hizo, van a ir a visitar su estatua y honrarlo. ¿Se merece este honor? Hay momentos en el tiempo en los que el destino de los mortales se encuentra totalmente en manos de dementes. Todavía sucede hoy y ciertamente sucedió entonces. Lo que ocurrió en 1714 fue un sacrificio que pudo haberse evitado. Para Casanova y sus colegas, sin embargo, era necesario y deseable. El terrible sacrificio de vidas que causaron, tomó el carácter de un nuevo y monstruoso auto de fe que fue perpetrado en el Born, un auto de fe en esta ocasión creado no por la Inquisición, sino por los líderes políticos que, ajenos a todas las consecuencias posibles, celebraron ese holocausto como un requisito previo necesario para la entrada del pueblo elegido en la tierra santa de la independencia y la libertad.

Henry Kamen es historiador. Su último libro es España y Cataluña. Historia de una Pasión (La Esfera de Libros, 2014).

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