El avión no tripulado que sobrevoló el desierto

Un avión no tripulado recientemente penetró el espacio aéreo de Israel desde el Mediterráneo. Se le permitió volar durante aproximadamente media hora sobre el sur de Israel antes de ser derribado por la fuerza aérea israelí en una zona escasamente poblada. Todavía se desconoce quién envió el avión y desde dónde, pero hoy se presume que fue lanzado desde el Líbano, ya sea por Hezbollah, actuando en servicio de Irán, o por fuerzas del propio régimen iraní.

Si eso es efectivamente lo que sucedió, el episodio no debería considerarse un incidente más en una región plagada de conflicto y violencia. Por el contrario, permite echar una mirada de manera relevante al escenario en el que se está librando el conflicto por el futuro del programa nuclear de Irán.

Varios acontecimientos y fuerzas hoy están dando forma a este escenario. Uno de ellos es la decisión del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, anunciada en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el mes pasado, de suspender su amenaza de lanzar una acción militar unilateral contra las instalaciones nucleares de Irán. Netanyahu dijo que Israel le dará a Estados Unidos y al resto de la comunidad internacional la oportunidad de frenar el avance de Irán mediante otros medios para la primavera o principios del verano de 2013.

Otro acontecimiento es la elección presidencial de Estados Unidos. El éxito del candidato republicano Mitt Romney en el primer debate mejora sus posibilidades y la perspectiva de que asuma una nueva administración antes de que se tome alguna decisión importante respecto de la cuestión nuclear iraní.

En Irán, el régimen sigue adelante, pero claramente está sintiendo el embate de una crisis económica (que es, esencialmente, una consecuencia de las sanciones internacionales), una protesta popular y disputas internas -y, como resultado, se ha vuelto belicoso-. Después de varios meses de escuchar la retórica de guerra israelí (y, en alguna medida, de Estados Unidos), el régimen comenzó a esgrimir sus propias amenazas grandilocuentes como una cuestión importante y para defender el orgullo de un régimen que se ve a sí mismo como el heredero de la gloriosa tradición imperial de Persia.

Varios voceros iraníes han comenzado a amenazar a Israel no sólo con una respuesta masiva a cualquier potencial ataque, sino también con un ataque preventivo. Israel no sería castigado sólo en caso de ataque, dicen; sería aniquilado.

Esta postura estuvo respaldada por la línea más dura de Irán en la participación militar en la guerra civil siria, de la que se hizo eco su apoderado libanés Hezbollah. Durante algún tiempo, bajo el impacto de la guerra civil siria -y todavía recuperándose de la guerra de 2006 con Israel-, Hassan Nasrallah, el líder de Hezbollah, había bajado su perfil y moderado su retórica. Ya no más.

Al mismo tiempo, el régimen iraní está enviando una serie de señales de que quiere retomar las negociaciones nucleares. Un ejemplo fue el anuncio de que parte de su uranio enriquecido se está utilizando en investigación médica; en otras palabras, el enriquecimiento de uranio, según este mensaje, puede desacelerarse. En este momento, sin embargo, no existe ningún indicio de que Irán esté interesado en algo más que reducir la presión externa y el impacto de las sanciones.

El avión no tripulado, derribado no muy lejos de las instalaciones nucleares de Israel en Dimona, encaja en estos dos esfuerzos. El envío de un avión no tripulado en dirección de Dimona sirve a la retórica bélica de Irán y la amenaza de asestar un golpe mortal a Israel. Y, si la idea es negociar, el vuelo del avión no tripulado fue un preludio excelente del reclamo de que el esfuerzo nuclear de Irán sea considerado parte de un esfuerzo más amplio destinado a prohibir las armas nucleares en todo Oriente Medio.

Existen otros dos aspectos perturbadores vinculados a la cuestión del avión no tripulado. En primer lugar, es un claro indicio de que Hezbollah, por cierto, es el brazo largo del régimen iraní -su base en el Mediterráneo y en la frontera israelí-. El argumento ocasional de que se trata de un movimiento político genuino del Líbano, asociado a Irán pero en definitiva libanés, es absolutamente erróneo.

Segundo, la llegada del avión no tripulado desde el Mediterráneo subrayó el peligro de que organizaciones terroristas, si cuentan con equipos letales modernos, puedan infligir daño “sin dirección de retorno”.

Hace apenas unas semanas, se temía que el régimen decadente de Siria pudiera transferir parte de su arsenal de armas de destrucción masiva a Hezbollah, o que parte de ese arsenal pudiera caer en manos de los yihadistas. Y uno de los argumentos en contra del programa nuclear iraní ha sido que el régimen podría transferir material físil a Hezbollah y los de su calaña para ser utilizado en una “bomba sucia” radiactiva.

Existen cuatro componentes en una estrategia efectiva para hacer frente al programa nuclear iraní: negociaciones reales, y no una reunión relajada cada tanto; sanciones duras a Irán, pero sin las enormes fisuras legales de hoy; una amenaza creíble de acción militar; y una salida para el liderazgo iraní que le permita salvar las apariencias.

Esta es una estrategia visible, pero hoy resulta evidente que sólo Estados Unidos puede implementarla. Es de esperar que los norteamericanos actúen a tiempo.

Itamar Rabinovich, a former ambassador of Israel to the United States (1993-1996), is currently based at Tel Aviv University, New York University, and the Brookings Institution.

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