El cálculo de los costos del concepto de “demasiado grande para quebrar”

La idea de que algunos bancos son “demasiado grandes para quebrar” ha salido de la obscuridad del debate normativo y académico al debate público más amplio sobre las finanzas. Bloomberg News inició el examen público más reciente, al criticar el beneficio que semejantes bancos reciben y que, como ha demostrado un estudio publicado por el Fondo Monetario Internacional, es muy grande.

Los grupos de presión y los representantes de los banqueros quitaron importancia al editorial de Bloomberg por citar un solo estudio y por fiarse de las calificaciones de las agencias evaluadoras del riesgo crediticio para los bancos grandes, que mostraban que varios de ellos tendrían que pagar más por su financiación a largo plazo, si los mercados financieros no esperaran contar con el apoyo estatal en caso de que experimentaran dificultades.

Sin embargo, hay unos diez estudios recientes –y no sólo uno, en realidad– sobre el beneficio que los bancos demasiado grandes para quebrar reciben del Estado. Casi todos ellos apuntan en la misma dirección: un gran impulso de la subvención a los demasiado grandes para quebrar durante la crisis financiera y después de ella, gracias a lo cual resulta más barato a los grandes bancos endeudarse.

Pero en un informe de investigación reciente publicado por Goldman Sachs se sostiene lo contrario y merece que se lo tome más en serio que los intentos anteriores de quitar importancia a ese problema. Su conclusión es la de que con el tiempo la ventaja de los bancos grandes en los costos de financiación a largo plazo respecto de los bancos más pequeños ha sido de un tercio de un punto porcentual, que dicha ventaja es pequeña, que se ha reducido recientemente (y puede estar invirtiéndose), que se debe a la eficiencia de los bancos grandes y a la liquidez de sus bonos y que históricamente han sido más que nada los bancos pequeños y no los grandes los que han quebrado.

Sin lugar a dudas, Goldman está en lo cierto en cuanto a que los Estados Unidos han apoyado a bancos pequeños a los que no permitieron quebrar. La crisis de las cajas de ahorros del decenio de 1980 fue un problema cuyo monto ascendió a 100.000 millones de dólares. Los bancos que quebraron durante la Gran Depresión del decenio de 1930 eran pequeños. Fue más pernicioso, porque los bancos pequeños, a diferencia de los grandes, pagaron la mayoría de los costos de su quiebra mediante un fondo de seguros y se concedieron a los bancos pequeños monopolios locales por miedo a que una competencia muy intensa provocara demasiadas quiebras. Los clientes padecieron las consecuencias de que la competencia fuera débil.

El informe de Goldman parece una respuesta a una propuesta reciente de los senadores Sherrod Brown y David Vitter de aumentar en gran medida el mínimo de capital y eximir de ese requisito a los bancos pequeños (es de suponer que para obtener el apoyo político de estos últimos o por nostalgia de la banca local o porque esos senadores creen que los bancos pequeños no plantean problemas regulatorios). Como los bancos pequeños han sido históricamente muy propensos a las quiebras y han quebrado en masa, la propuesta Brown-Vitter soslaya un problema importante, que podríamos llamar el de “ser demasiados para quebrar”.

Pero, aunque Goldman está en lo cierto al ampliar el alcance de su observación incluyendo la debilidad de los bancos pequeños, al hacerlo socava la lógica subyacente a su opinión de que la reducción de la ventaja del costo de la financiación a largo plazo significa que los problemas bancarios de los Estados Unidos son cosa del pasado. Goldman tiene razón en que los bancos pequeños quiebran y han estado protegidos por los seguros y los rescates gubernamentales, pero eso significa que se debe añadir la ventaja de los bancos grandes en materia de financiación a cualquier ventaja que los propios bancos pequeños tengan.

Asimismo, si la ventaja de los bancos grandes en materia de financiación no es tanta, en realidad, ahora, como en el pasado, esa reducción puede significar que otros entienden lo que dice el informe de Goldman: los bancos pequeños también quiebran y el Gobierno o el fondo de seguros los rescata. Una diferencia cada vez menor en los costos de financiación podría significar simplemente que los mercados financieros lo reconocen.

Además, al calcular la subvención correspondiente al concepto de “demasiado grande para quebrar” a partir de los bonos a largo plazo de los bancos, el informe de Goldman yerra en gran medida. La deuda a corto plazo de un banco es lo que lo hace quebrar en una crisis y es la que es rescatada en primer lugar. Los bancos grandes –y no los pequeños– son los participantes más importantes en el mercado de la deuda a corto plazo, a lo que se debe que sus bonos entrañen más riesgo que los de los bancos pequeños. Así, pues, si el mercado valora de forma similar la deuda a largo plazo de los bancos grandes y la de los pequeños, aun cuando la de los grandes entrañe más riesgo, algo debe estar dando un impulso a la deuda que entraña más riesgo de los bancos grandes.

Los reguladores de los EE.UU. están insinuando poderosamente que permitirán la suspensión de pagos de la deuda a largo plazo en una quiebra bancaria, al tiempo que afirman que buscarán una vía para rescatar la deuda a corto plazo. Si los mercados financieros consideran que es probable que lleguen hasta el final, el impulso a los “desmasiado grandes para quebrar” puede ser aplicable más a la deuda a corto plazo de los bancos grandes que a la deuda a largo plazo de cualesquiera bancos.

¿Y es correcto decir que la cantidad de que se trata –un tercio de un punto porcentual en el ahorro de intereses de la deuda a largo plazo– es pequeña? Los bancos grandes utilizan tanta deuda hoy en día y tantos menos fondos propios –el coeficiente suele ser de diez a uno–, que una pequeña ventaja de financiación asciende a una gran fracción del beneficio de un banco. Según sea la cantidad de deuda a largo plazo que utilice un banco, una ventaja de financiación de un tercio de un punto porcentual puede ascender fácilmente a un diez por ciento o más de su beneficio anual. No se trata de calderilla precisamente, sea cual fuere la definición de ésta.

Por último, si nos centramos en la subvención correspondiente al concepto de “demasiado grande para quebrar” en cualquier momento determinado, erramos demasiado. Cuando la economía mejora, la quiebra es menos probable. Los bancos pueden seguir siendo demasiado grandes para quebrar, pero, al tener una probabilidad menor de quebrar en una economía próspera, la subvención inmediata disminuye y el mayor costo de las quiebras de bancos grandes no es la subvención ni el costo del rescate. Se debe a los estragos causados por la debilitación de demasiadas entidades financieras y a su inesperada quiebra simultánea, lo que reduce el crédito y degrada la actividad económica en general. La quiebra financiera en masa es costosa, aun cuando nadie, ni grande ni pequeño, sea rescatado.

Mark Roe, a professor at Harvard Law School, is an expert on securities law and financial markets. He is the author of numerous studies of the impact of politics on corporate organization and corporate governance around the world. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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