El cambiante equilibrio del terror

Por William R. Polk, miembro del Consejo de Planificación Política del Departamento de Estado en la presidencia de John F. Kennedy (LA VANGUARDIA, 11/01/06):

Pocos observadores se toman en serio la afirmación del Gobierno iraní de que no pretende conseguir armas nucleares sino sólo crear una fuente barata de energía. La razón es obvia: los iraníes temen ser atacados por EE.UU. y por su representante en Oriente Medio, Israel, y es lógico que intenten conseguir el arma definitiva. En la época en que el sha gobernó Irán, EE.UU. lo ayudó a conseguir tecnología nuclear, equipos y suministros de materias primas. Después de su derrocamiento, el programa dejó detrás de sí importantes activos. No se sabe con certeza el uso que hizo de ellos el régimen fundamentalista islámico, pero lo que está claro es que no se desaprovecharon. Luego, tras el ataque verbal del presidente George W. Bush y la acusación de pertenecer a un denominado eje del mal, Irán aceleró el intento de conseguir armas de todo tipo, incluidas seguramente las nucleares. Irán se ha dedicado también a crear un misil capaz de llegar a cualquier punto de Oriente Medio y que con el tiempo pueda transportar armas nucleares. Mientras tanto, ha adquirido una gran cantidad de armas convencionales adaptadas a la defensa contra ejércitos invasores, incluidos cohetes antiaéreos y antitanques. Y, de hacer caso a los juicios filtrados por los organismos de seguridad estadounidenses, británicos e israelíes, ha llevado a cabo una amplia dispersión y ha enterrado a gran profundidad la parte más sensible de su sector de defensa. Si juzgamos por lo que hace y no por lo que dice, se está preparando para resistir cualquier forma de ataque de EE.UU. o Israel, o de ambos. ¿Es posible semejante ataque? Evidentemente no hay forma de saberlo. Los gobiernos suelen hacer amenazas que no tienen intención de cumplir, pero también llevan a cabo a veces políticas que no pretendían aplicar. En este caso, las amenazas se han proferido. Tras el discurso del presidente Bush hablando del eje del mal, diversos altos cargos (entre ellos el vicepresidente Dick Cheney y el entonces subsecretario de Estado John Bolton) han retomado esa misma cantinela. En una alusión particularmente inquietante realizada en enero del año pasado, Cheney dio la impresión de conceder el plácet estadounidense a un ataque israelí contra Irán. Y, de modo más importante, EE.UU. ha proporcionó a Israel los medios para llevar a cabo semejante ataque. Hasta ahora no ha sucedido nada, pero hay razones para creer que se avecina rápidamente una crisis. ¿Por qué? Los iraníes están convencidos de que Bush y Cheney dicen en serio lo expresado en público y de que tienen intención de lograr, ya sea de modo directo o a través de Israel, un cambio de régimen, como han hecho en Iraq. El Gobierno de Bush ha alentado esa creencia con la esperanza de que el Gobierno iraní se atemorice, abandone el programa nuclear y modifique su carácter de forma más o menos pacífica. Quizá EE.UU. no tenga intención de cumplir semejante amenaza, pero, como ha dicho Bush, “todas las opciones están sobre la mesa”. Entonces, ¿por qué el Gobierno iraní no pone fin a su programa nuclear, como hizo Saddam? El mismo Saddam proporciona la respuesta. La renuncia al programa de armas no contribuyó a salvarlo. Con la excusa de que tenía armas escondidas, EE.UU. lo atacó de todos modos. Los dirigentes iraníes saben la historia y saben también que en cuanto un Estado consigue armas nucleares, sólo un loco se atrevería a atacarlo. Por ello, las amenazas estadounidenses los han convencido no de que deben renunciar a la bomba, sino de que deben lanzarse a conseguirla. Como los demás estados, negarán que lo están haciendo, pero serían tontos si no lo intentaran. ¿Y qué ocurre con Israel? ¿Atacará a Irán? Israel es desde hace tiempo una importante potencia nuclear, con más armas que India, Pakistán o incluso China. Ha copiado la estrategia estadounidense frente a la Unión Soviética e insiste en la superioridad armamentística. Según sus repetidas declaraciones, no tolerará otra potencia nuclear en Oriente Medio; y, además, bombardeó la central iraquí de Osirak cuando creyó que ese país estaba a punto de desarrollar un arma nuclear. Según la estimación de la Inteligencia Nacional realizada en el 2005 y sobre la que informó The Washington Post el 2 de agosto pasado, Irán se encuentra a una década de conseguir la bomba, pero es probable que los israelíes se muestren menos optimistas. En realidad, de acuerdo con una información del diario londinense The Times aparecida el 11 de diciembre, hay indicios de que los israelíes podrían atacar Irán en marzo del 2006. Israel tiene el equipo necesario y se sabe que ha estado entrenando a una fuerza especial de ataque. ¿Qué sucederá si los estadounidenses o los israelíes no llevan a cabo el ataque y si Irán consigue disponer de capacidad nuclear? El primer resultado será que en Oriente Medio se establecerá el “frágil equilibro del terror” que caracterizó las relaciones soviético-estadounidenses durante medio siglo. Habrá entonces cuatro potencias nucleares: India, Pakistán, Irán e Israel. Ningún Estado será capaz de utilizar su fuerza nuclear sin suicidarse. El equilibrio no será cómodo, pero no será letal. A continuación, en el caso ideal, esas potencias seguirán la senda de los soviéticos y estadounidenses, buscarán formas de reducir sus arsenales y, al final, crearán una zona libre de armas nucleares. El 10 de diciembre pasado, en su aceptación del premio Nobel por el trabajo realizado en el ámbito de las armas nucleares, Mohamed El Baradei pronunció unas palabras muy sensatas sobre cómo empezar el proceso encaminado a evitar el peligro nuclear: “Si de verdad se quiere detener la proliferación de las armas nucleares, los países que las tienen deberían dar ejemplo”. Sólo los fuertes pueden hacerlo. Israel podría empezar el proceso en Oriente Medio. Sería un paso de gigante hacia un mundo más seguro.