El Camino, el ‘Codex Calixtino’ y Europa

Para entrar en Delfos, Apolo había vencido la Pitón que asolaba la Fócide. Es la expresión de la lucha de los dioses oficiales contra los adversarios, de la ortodoxia contra la heterodoxia que, a continuación, tuvo su trascripción en el cristianismo. La cristianización de esta leyenda, tiene muchas versiones situadas en muy diferentes lugares con protagonistas propios. San Patricio venció al monstruo que asolaba Irlanda y lo hundió para siempre en las aguas de un lago. San Miguel liberó a los habitantes de la región del monte Gargajo de la tiranía del monstruo que habitaba en sus entrañas. San Jorge liberó del monstruo del lago a los habitantes de Silka.

Santiago, para entrar a evangelizar los habitantes de Galicia, hubo de vencer la resistencia de las serpientes que, saliendo del mar, habían expulsado a los habitantes del Finisterre y se habían convertido en sus únicos moradores (Festo Avieno, Ora marítima). Otra leyenda dice que cuando sus discípulos llegaron con su cuerpo en una barca de piedra para desembarcarlo en Galicia, después de sufrir el martirio entierras de Jerusalén, la Reina Loba, el monstruo enemigo del cristianismo, no quería dejarlos desembarcar el cadáver pero se obró el milagro y, al final, pudieron entrar y depositar el cadáver en donde más tarde lo había de encontrar Pelayo.

En un momento dado de la historia de Europa, las serpientes y los monstruos pasaron a tener rostro humano: el de sus enemigos y, muy especialmente, el del enemigo más peligroso del cristianismo, el del islam. Carlomagno, emperador de los francos, oyó una voz que le decía: «Me maravilla que tú, habiendo libertado tantas y tantas ciudades del poder de los moros, no hayas liberado la mía. Te hago saber que, así como Dios te hizo más poderoso que todos los reyes de la tierra, así también te designa para liberar mi ciudad y el camino que lleva hasta ella del poder de los moros lo que te ceñirá una corona de gloria perdurable. El camino de estrellas que viste en el cielo es señal de que debes ir con gran poder y liberar mi camino y mi tierra y visitar y entrar en aquel lugar que está en Galicia en donde yace mi cuerpo» (Los milagros de Santiago).

A partir de ¿1050?, año de la batalla de Coimbra, Santiago se convierte en protector de los pueblos cristianos, y se ganó con justicia el apelativo de Matamoros poniéndose, montado en su caballo blanco, en mil batallas al frente de los cristianos para derrotar al islam. En la actualidad, cuando se habla de Camino se da por supuesto que se trata del Camino de Santiago. Más tarde o más temprano, total o parcialmente, los lugares sagrados y santuarios de peregrinación que había a lo largo del camino fueron absorbidos por el Camino de Santiago, y, en todo caso, están subordinados a él. La ruta se fija desde el 924 hasta el 1079. Desde ese año se convierte en una ruta mental, económica, religiosa y política.

La vida espiritual adquiere realidad cósmica porque el Camino se convierte en el escenario de las necesidades interiores del peregrino. El culto da plenitud al lugar y el lugar extiende la fuerza y la virtud del culto. Los lugares se convierten en testigos de gestos y actitudes por mucho tiempo, inscriben en el espacio la poética cultual, recuperan y perpetúan la memoria colectiva. Son como manantiales de culto. El Camino de Santiago no es más que un intento de arrancar de entre las astillas de la memoria colectiva pegada a la tierra las profundidades espirituales. Busca recuperar el sentido de las cosas.

La peregrinación es una liturgia dinámica. El Camino empieza por ser un dominio sobre el espacio, aunque sea desconocido. Un lugar seguro, de culto. Y una economía de gestos, de símbolos. Con las peregrinaciones, el mensaje se concretiza, se espacializa, se hace tierra, y adquiere límites, volumen y figura. La geografía no es más que la historia espacializada. En casi todos los casos se trata como si el peregrino, por una necesidad torrencial, bautizara un lugar de culto que, muchas veces, viene desde la noche de los tiempos. Con la peregrinación, el hombre sacraliza el espacio y humaniza el cosmos y él se purifica.

El Codex Calixtino, historia de la cristianización de un camino de peregrinación precristiana, es la Constitución fundacional de Europa. Por eso su robo fue considerado como un hecho de importancia extraordinaria. No sólo habían robado una obra de arte, sino algo constitucional y fundacional. El Camino de Santiago tuvo una enorme importancia en la creación de una sociedad moderna europea bajo medieval. Era un vehículo de intereses políticos dotado con los mejores sistemas de seguridad de la época lo que no quiere decir que los peregrinos no sufrieran avatares y aventuras peligrosas para su vida. El Tratado de Roma de 1957, que puso a andar la Unión Europea no es, en el fondo, más que la modernización del Codex Calixtino, y viceversa: el Codex Calixtino es, metafóricamente, el primer Tratado de la Comunidad Europea; y el Camino de Santiago, consagración de un camino que viene desde los orígenes de los países indoeuropeos, es la puesta en práctica del Tratado.

Las riadas de gente que corren por el Camino de Santiago, cada día mayores, no son fruto de la publicidad ni del azar sino una búsqueda de la identidad espiritual, cultural y política, individual y colectiva. Y ello en respuesta a una situación, percibida como amenaza y causada por los otros, fruto de la globalización y los cambios vertiginosos a los que el hombre de hoy se ve sometido.

¿Y Compostela? Compostela es una piedra con recovecos. ¿Y el Pórtico de la Gloria? La gloria hecha piedra.

Manuel Mandianes, antropólogo del CSIC y escritor. La novela En Blanco (Unomasuno) es su última publicación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *