El camino incluyente al crecimiento

No existe un desafío en materia de políticas que preocupe más a los líderes del mundo que cumplir con la necesidad de expandir la participación en los beneficios del crecimiento económico y la globalización. De hecho, ha surgido un consenso geográfica e ideológicamente diverso de que hará falta un nuevo modelo de desarrollo económico –o al menos considerablemente mejorado- si queremos lograr una inclusión verdaderamente mayor.

Desafortunadamente, este consenso político hasta ahora sólo fue aspiracional, y no normativo. Los responsables de las políticas todavía tienen que desarrollar un marco de reglamentaciones reconocido internacionalmente -con un correspondiente conjunto de indicadores y logros mensurables- que sirva de guía a los países que apuntan a lograr mejoras abarcadoras en los estándares de vida, en lugar de simplemente seguir utilizando el crecimiento del PIB como la medición final del desempeño económico nacional.

Hasta qué punto el crecimiento crea oportunidades y mejora los niveles de vida depende de un conjunto de políticas económicas estructurales e institucionales, muchas de ellas, inclusive, en áreas fuera de la educación y la redistribución (que aparecen comúnmente en las discusiones sobre desigualdad). Existe un creciente reconocimiento de la importancia de las instituciones -particularmente marcos legales y entidades públicas que administran reglas e incentivos- en el proceso de desarrollo. Pero este reconocimiento todavía tiene que impregnar plenamente la estrategia para el crecimiento económico que tomen la mayoría de los economistas y responsables de las políticas.

El papel que juegan las instituciones en el diseño del crecimiento económico fue un hallazgo clave del estudio relevante del Banco Mundial de 1993, El milagro del Asia oriental, que examinó cómo ocho países de la región alcanzaron un “alto crecimiento y una menor desigualdad” entre 1965 y 1990. La Comisión sobre Crecimiento y Desarrollo, presidida por el economista y premio Nobel Michael Spence, llegó a una conclusión similar en su informe de 2008, El informe del crecimiento: estrategias para el crecimiento sostenido y el desarrollo incluyente.

La lección también es aparente en la historia económica del siglo XX, cuando -especialmente en las décadas posteriores a la Gran Depresión- la mayoría de los países industrializados avanzados de hoy experimentaron un proceso sostenido de profundización institucional que amplió la base y fortaleció la resiliencia de sus economías. Las reformas que tenían como objetivo las políticas laborales, el clima de inversión, el seguro social, la competencia, la educación y la infraestructura crearon un modelo de crecimiento más incluyente y más sustentable al extender el poder adquisitivo, lo que respaldó la demanda agregada y redujo la vulnerabilidad a los altibajos impulsados por la inversión.

Es una lección que hoy debemos reaprender, ya que la economía mundial todavía se esfuerza por encontrar una base más sólida para el crecimiento y dejar atrás la sombra de la crisis de 2008-2009. Adoptar un modelo de crecimiento y desarrollo que resulte más incluyente desde un punto de vista social exigirá ampliar la lente a través de la cual se fijan las prioridades cuando se deciden las estrategias económicas nacionales.

Las políticas apropiadas respecto de la macroeconomía, el comercio y la estabilidad financiera seguirán siendo cruciales a la hora de establecer las condiciones básicas para la asignación eficiente de los recursos que apuntalan el crecimiento. Pero estas políticas son sólo parte de la solución. Desarrollar instituciones domésticas e incentivos apropiados en un amplio rango de otras áreas relevantes para la inclusión social será vital para mejorar los niveles de vida y, a la vez, reforzar el propio proceso de crecimiento. Ambos tipos de políticas – gestión macroeconómica y medidas que impulsen la inclusión- merecen igual atención en las estrategias económicas nacionales.

Es importante no subestimar el cambio cultural que esto les exigirá a los gobiernos y los asesores económicos. El concepto de “reforma estructural” normalmente se refiere a medidas destinadas a impulsar el crecimiento económico agudizando las señales de mercado y restableciendo la salud de las finanzas públicas. Esas políticas suelen implementarse en respuesta a crisis fiscales o de balanza de pagos y frecuentemente empeoran los niveles de vida en el corto plazo. Pero el fortalecimiento de instituciones en áreas que promueven la inclusión social también es una forma de reforma estructural, en este caso destinada a maximizar el aporte del crecimiento a mejorar los niveles de vida y fortalecer su resiliencia.

Nuestra investigación ha identificado 15 dominios que son importantes para promover la inclusión social. Estos incluyen la oportunidad y el desempeño educativos, la relación entre productividad y crecimiento salarial, la concentración de rentas económicas, la efectividad de la intermediación de inversión del sistema financiero en la economía real, la infraestructura física y digital y la cobertura y adecuación de las protecciones sociales básicas. También incluyen áreas que, tradicionalmente, no están asociadas a una mejora de la igualdad -como facilitar la creación de activos a través de pequeñas empresas y acceso a la propiedad y combatir la corrupción- , pero que son tan importantes como la educación o la redistribución para mejorar los niveles de vida.

No existe una única combinación institucional que resulte ideal para el crecimiento incluyente, pero todos los países deberían empezar por pensar de manera más sistemática en cómo fortalecer sus instituciones y crear incentivos para promover el crecimiento incluyente. Hay mucho espacio para mejorar. Si se comparan diferentes países, ninguno tiene un mejor desempeño que sus pares en todos los dominios. En verdad, ningún país tiene un resultado por encima del promedio en los 15 dominios.

Es posible, de hecho esencial, estar a favor de la igualdad y del crecimiento, defender el fortalecimiento de la inclusión social y al mismo tiempo promover la eficiencia de los mercados. Un modelo incluyente para el crecimiento y el desarrollo está inherentemente a favor de la mano de obra y de los negocios. Es hora de poner nuestras aspiraciones a trabajar.

Klaus Schwab is Founder and Executive Chairman of the World Economic Forum.
Richard Samans is Head of the Center for the Global Agenda and a member of the managing board of the World Economic Forum.

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