El ‘Caucus’ italiano

Por Roger Jiménez, periodista y autor del libro Imperio Berlusconi. Cómo secuestrar un país (EL PERIÓDICO, 11/10/05):

Las dos grandes coaliciones políticas italianas que se reparten el espacio electoral abordarán este otoño la elección de sus respectivos líderes para concurrir a las elecciones generales en la primavera del próximo año. La Unión –heredera del viejo Olivo–, integrada por el amplio espectro del centroizquierda con la excepción de los comunistas de Fausto Bertinotti, y la Casa de las Libertades, en el Gobierno desde 2001, se disponen a celebrar elecciones primarias o caucus, una modalidad de matriz estadounidense que no figura en la tradición política ni en el contexto cultural de Italia. Los grupos que forman la oposición meditan desde hace tiempo la necesidad de democratizar la vida de los partidos con listas abiertas, aceptar la realidad social y acabar con los personalismos mediante una autoridad reconocida que coagule la amalgama de intereses y ponga fin a las herejías internas de la izquierda. Romano Prodi, expresidente de la Comisión Europea, y el actual alcalde de Roma, Walter Veltroni, son las figuras pulsantes de esta confrontación. La sorpresa, en cambio, salta desde la alianza en el poder, donde se vive una abierta rebelión contra el liderazgo del primer ministro, Silvio Berlusconi, y sus viajes de monarca iluminado, en expresión del democristiano Marco Follini. Cuando apenas faltan ocho meses para ir de nuevo a las urnas, Il Cavaliere se encuentra en el sótano de la popularidad. Cuestionado dentro y fuera de su coalición y vigilado de cerca por los jueces, los problemas son tantos que, como en el baile de la guaracha, se atropellan. La última jugada que ha colmado el vaso ha consistido en reponer al frente del Tesoro a Giulio Tremonti (Treconti o Trescuentas, al decir de la oposición), experto contable en las empresas de Berlusconi y después en su Gobierno, de donde tuvo que dimitir el pasado verano en medio de las críticas de la Unión Europea por el calamitoso estado de la economía del país transalpino.

CON EL CARISMA perforado y dos ambiciosos políticos de su coalición aguardando el momento para desplazarlo del poder, no hay que descartar un nuevo conejo de la chistera de este político de piel gruesa y experto manipulador de voluntades capaz de venderle hielo a un esquimal. Para empezar, Berlusconi lidera un partido-empresa, Forza Italia, que consiguió el 30% de los votos en las generales de 2001 y cuenta con 178 parlamentarios en la Cámara de Diputados, todo un récord en la historia de la Italia republicana y que supera la suma de los escaños y porcentajes obtenidos por sus aliados en la Casa de las Libertades: los posfascistas de Gianfranco Fini, los democristianos de Pier Ferdinando Casini y la Liga Norte de Umberto Bossi. Difícilmente se someterá Il Cavaliere al juicio de sus socios de coalición, y mucho menos aceptará el resultado de estas primarias si sale elegido otro político (los citados más arriba Fini y Casini son claros aspirantes). Lo más probable es que dé un portazo y decida presentarse con su partido en alianza con la Liga Norte, el único grupo que se mantiene por el momento a su lado. Los líderes son una creación de la psique nacional, producto de las creencias religiosas de los pueblos, del sistema jurídico, de las estructuras sociales, de la ética financiera, de los usos y costumbres, de las ambiciones y de las frustraciones, y también de la relativa aproximación a una base pública y personal. De ahí que ahora muchos se pregunten, dentro y fuera de Italia, el porqué de la aplastante victoria de Berlusconi hace cuatro años y que le condujo a presidir el gobierno más longevo desde la Segunda Guerra Mundial. Pase lo que pase durante los próximos meses, parece claro que nada será igual en la vida política italiana. Silvio Berlusconi, autoproclamado el arquitrabe electoral del centroderecha, no puede heredarse a sí mismo, según le han hecho notar desde sus propias filas. No ha podido modificar la Constitución para que la jefatura del Gobierno sea un cargo por elección directa, o dotar a la presidencia de la República (elegida también por sufragio directo en las urnas) con poderes para disolver las Cámaras, nombrar ministros, representar al país y sobrevolar por encima del bien y del mal el campo de batalla parlamentario según el modelo francés. Éste es el sueño que viene acariciando para cuando finalice su mandato, en mayo de 2006, pero no corren buenos tiempos para los planes de Il Cavaliere.

PERO EL fundador de Forza Italia dispone de todos los recursos para dramatizar, para radicalizar los conflictos, para reabrir la estación de las grandes promesas y atribuir a la oposición la responsabilidad de sus fracasos. Si existe alguna posibilidad para reinventarse a sí mismo, Berlusconi lo hará. Y, hoy por hoy, el éxito de esta reinvención dependerá sólo de la disposición de los votantes italianos para creerlo.