El chavismo sin Chávez

Sin su principal protagonista, el chavismo terminará a la larga por marchitarse con el paso del tiempo. Sin embargo, hay varios factores que determinarán el ritmo de la deschavezación. Es más, perdurará una cierta herencia, en concreto, los programas destinados al sector social. Aún en el caso de que puedan modificarse, se mantendrá en gran medida su continuidad. Incluso el candidato opositor Henrique Capriles lo reconoció así durante las elecciones presidenciales de 2012.

Al igual que otras democracias de la región, como es el caso de Brasil, Venezuela tiene la posibilidad de desarrollar un sector social responsable dentro de un contexto de sociedad abierta sin represión, sin intimidación y sin polarización políticas. Despolitizar el uso de los petrodólares mediante mayores niveles de responsabilidad y transparencia puede garantizar prestaciones sociales con una base mucho más amplia a lo ancho de todo el espectro socio-económico.

Si las fuerzas chavistas ganan finalmente unas imprevistas elecciones post Chávez, se incrementan las posibilidades de una transformación generacional. Al principio se impondrá una exhibición de unidad, en particular durante el período de luto que acaba de arrancar. Es más, se producirán intentos de poner en práctica medidas más radicales. Sin embargo, el faccionalismo existente se manifestará al final en diversas formas. En ausencia de su caudillo, su figura unificadora, el chavismo se vendrá abajo con el tiempo.

La ideología basada en el culto a la personalidad de un individuo ha agotado ya su recorrido en gran medida. Está virando hacia la bancarrota, tanto ideológica como económicamente. Buena parte de ella se basa en la actualidad en la tradicional fuerza bruta y en el clientelismo político. Está pugnando por mantener su generosidad a favor de sus simpatizantes en el país y en el resto de la América Latina. A largo plazo, el chavismo es simplemente insostenible. No sólo muerde la mano que alimenta Venezuela sino que la devora por completo.

Una victoria de la oposición en las elecciones anticipadas post Chávez podría poner en marcha una transformación. Tendría prioridad entonces una nueva política exterior que reflejara los intereses nacionales de Venezuela, no las convicciones ideológicas de una sola persona. Muchos de los que dependen de Chávez en América Latina sufrirían un duro despertar.

En el frente interno, sin embargo, sería un camino largo y arduo el que caracterizaría el cambio. No se producirá de la noche a la mañana. Salvo que se produzca un golpe chavista o una negativa a renunciar al poder, acabará por sobrevenir una apertura política. El cese de las violaciones de los derechos humanos, una disminución de la intimidación y de la represión y el restablecimiento pleno de la libertad de prensa propiciarían mayores cambios.

Sin embargo, de la misma manera que los chavistas son propensos al faccionalismo, la oposición no es inmune a ese fenómeno. Durante el año pasado, Henrique Capriles ha encabezado una unidad de la oposición que no tiene precedentes. Sigue siendo indispensable para la deschavezación y para acelerar su declive.

La mayor resistencia la planteará el chavismo institucionalizado que domina los principales instrumentos de poder del Estado. Intentar una purga generalizada mediante un proceso de desmontaje del partido al estilo de lo que se hizo en Irak con el partido Baaz podría desencadenar una reacción radical y desestabilizar aún más un entorno frágil. En términos generales, es necesario un tratamiento más equilibrado, aunque firme, de acuerdo con las instituciones.

En PDVSA, la compañía petrolera estatal de Venezuela, es necesario un cambio rápido debido a la extrema incompetencia y a la deficiente administración. PDVSA sigue siendo una columna vertebral de Venezuela. Deben recuperarse la productividad y la eficacia recurriendo a tecnócratas apolíticos cualificados. Debe inculcarse de arriba a abajo una práctica orientada a los resultados. Lo exigen la realidad económica y la supervivencia nacional.

El ejército de Venezuela goza de un estatus privilegiado con beneficios considerables. Es imprescindible como ministro de Defensa una figura políticamente neutral que inspire respeto en todo el espectro militar. Con el tiempo se necesitará una reforma que devuelva una mayor responsabilidad a los dirigentes civiles. En particular, va a ser necesaria una transformación gradual del cuerpo de oficiales. Está plagado de acérrimos partidarios chavistas.

En ciertas instituciones se requerirá una ampliación y el nombramiento de nuevas figuras para poner en práctica el cambio. El poder judicial, dominado por los chavistas, tratará sin duda alguna de obstaculizar la deschavezación mediante todo tipo de subterfugios legales. Modificar la composición de los tribunales y aumentar el número de nombramientos de jueces apolíticos cualificados garantizarían una mayor objetividad en el proceso legal.

Además, introducir funcionarios no chavistas en las autoridades electorales a nivel estatal asegurará un campo de juego más neutral en el proceso electoral. Asimismo, el nombramiento de nuevos jefes de los medios estatales de comunicación y la eliminación de restricciones a los medios privados también acelerarían el proceso de cambio.

La reconciliación nacional requerirá una sociedad integradora, un planteamiento de cesiones mutuas para convencer a la mayoría mediante incentivos. Deben evitarse las condenas, por merecidas que sean, excepto para los criminales más graves. En general, se impondrá al final la transformación generacional pero se necesitará más tiempo para que pueda prescindirse de determinados elementos chavistas.

Marco Vicenzino es analista político y director de Global Strategy Project.

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