El colapso de una cultura literaria

Por Henry Kamen, historiador. Su último libro es Los desheredados. España y la huella del exilio (EL MUNDO, 19/12/07):

Es razonable suponer que la salud y el progreso de una sociedad se reflejan en sus logros intelectuales. Desafortunadamente, parece que España ha recibido muchas malas noticias recientemente sobre su salud intelectual. Hace tres meses un informe internacional nos comunicaba que la investigación científica en España se hallaba casi al borde de la extinción. Según el informe, entre las naciones europeas, España está en lo más bajo de la lista de países dedicados a la innovación científica, delante sólo de las naciones pobres de la Europa oriental, como Polonia y Rumania. El Gobierno no estaba en absoluto preocupado por ésto, y no dio muestras de que existiera problema alguno. Un artículo que publiqué en esta columna en agosto no provocó ningún tipo de reacción. En este mes de diciembre ha habido otros dos informes internacionales sugiriendo que los estándares de educación en el país están también declinando. De nuevo, el Gobierno los ha recibido con total indiferencia. El Estudio Internacional de Progreso en Comprensión Lectora (sus siglas en inglés son PIRL), que ha llevado a cabo el Boston College el año pasado, sobre la calidad de educación de una muestra de niños de 10 años en varios países del mundo, sitúa a España en el puesto 24, por delante de Israel y por detrás de Polonia. Otro informe de principios del mes de diciembre de 2007 concluye que el nivel de lectura de los estudiantes españoles fue en 2006 el cuarto peor de la OCDE. Sobre el conocimiento científico de los estudiantes, entre los 57 países estudiados los españoles se sitúan en el puesto vigésimo tercero, y en la calidad de lectura sólo superan a los de Grecia, Turquía y México. La reacción de la ministra de Educación ha sido decir que está orgullosa del progreso en España. Es interesante que esté orgullosa del rápido retroceso de España. El señor Zapatero acaba de afirmar que «no habrá más reformas educativas porque no son necesarias».

Nadie puede dudar de que el futuro de una cultura literaria depende de los hábitos de lectura de la generación más joven. Bajo el anterior Gobierno, en 2001, el Ministerio de Educación desarrolló un ambicioso plan para fomentar los hábitos de lectura entre los niños y la población en general. Sin embargo, parece que se ha progresado poco. En un país donde se publican miles de libros cada año, la población todavía se niega a leer o escribir. Centenares de miles de hogares españoles no poseen ni un libro. ¿Es culpa suya? ¿Es culpa de los profesores? ¿O de los niños que carecen de hábitos de lectura? El problema, sugeriría yo, no se limita sólo a los niños o al público en general. Se encuentra arraigado en el corazón de la élite educada, y la culpa en gran medida es de ellos si ha fracasado el desarrollo de una cultura literaria. En los albores del siglo XX, intelectuales como Ortega y Gasset intentaron hacer frente al problema, y bajo la Segunda República, personas tales como García Lorca se dedicaron al trabajo de la cultura. Desde entonces, ha habido un notable declive en las realizaciones de la élite. Hace unos meses una publicación online de ideología derechista, El Catoblepas, de cuya existencia no tuve conocimiento hasta hace poco y cuyas opiniones son normalmente opuestas a las mías, publicaba un excelente artículo sobre La decadencia cultural de la derecha española, en el que el autor señalaba bastante correctamente que hoy en España tanto la derecha como la izquierda han caído en un estado de total pobreza intelectual. Cada palabra del artículo vale la pena leerla. Secundaría al autor diciendo que el fenómeno de la pobreza intelectual no es tan sólo una cuestión de ideología de la derecha o de la izquierda. También afecta a todo el entorno en que la élite afirma desempeñar un papel relevante.

Tomemos un pequeño ejemplo. Hay muchas maneras de evaluar la cultura literaria de la élite educada. Deseo concentrar mi atención en un solo fenómeno: la falta de reseñas literarias de libros. En ciertos países, las reseñas literarias son el espejo de la vida intelectual. En sus páginas, cada semana, se publican sondeos de estudios que cubren temas que van desde la política a la ciencia y de la historia a la literatura, incluyendo también sondeos de teatro, arte y música. Las reseñas escritas por expertos internacionales de todas las disciplinas y de todos los países, analizan y discuten no sólo libros sino también asuntos importantes que afectan a la creatividad intelectual. Estas reseñas literarias proporcionan un estímulo intelectual inmenso. Abren todo un mundo de originalidad e imaginación. Leyéndolas, uno amplía sus horizontes y se pone en contacto con un universo de conocimientos, un universo que se extiende desde Tokio a Berlín, a París y a Nueva York. En el pasado he disfrutado de muchos fructíferos días en compañía de números de The New York Times Book Review, o The Times Literary Supplement (TLS).

En España no existen este tipo de reseñas a pesar del mucho ruido público sobre la universalidad de la lengua de Cervantes, ni una sola revista da acceso aquí al universo del conocimiento en la forma en que lo hacen las grandes publicaciones semanales anglosajonas. Ni un solo periódico ofrece reseñas de calidad de obras publicadas en lenguas extranjeras (el TLS, por ejemplo, regularmente reseña obras en ruso, francés y alemán). En los pocos casos en España donde se publican reseñas, éstas tienden a ser breves textos sin mucha pretensión de calidad, dedicadas principalmente a obras de ficción del mercado peninsular. En algunos casos, como sé demasiado bien por mi propia experiencia directa, los reseñadores no llegan ni a leerse los libros que les piden reseñar, simplemente inventan un texto rápido para llenar el espacio requerido. De esta manera, las propias personas que tiene el deber de fomentar la cultura educándonos en las ideas y logros de los más recientes estudios dejan de hacerlo y, por tanto, son directamente responsables de la ignorancia cultural que se encuentra en muchos sectores de las clases de élite. Una buena reseña, especialmente de un libro con tesis sugestivas en el campo de la política o medicina o disciplinas creativas como sociología, historia, arte y letras, puede informar nuestras mentes y enriquecer nuestro entendimiento. Un día entero leyendo tales revistas puede hacer más por la educación que horas de estudio. Una buena publicación literaria sirve para cultivar a la élite. Ayuda a que avance la civilización.

Por contraste, la ausencia de reseñas literarias, mina la cultura. Mis comentarios, por supuesto, no conciernen sólo a España. Hace dos meses una figura literaria de los Estados Unidos, Steve Wasserman, publicó en el Columbia Journalism Review un artículo en el cual lamentaba el notable declive de las reseñas literarias y la reducción del espacio dedicado a ellas. «Esta amenaza a la delicada ecología de la vida literaria y cultural», escribe, «es causa de considerable alarma». Periódicos (incluyendo Los Angeles Times, del cual era el Book Editor) ha reducido las páginas que se dedicaban a libros, y el público en general lee menos. Parte del problema radica en la aparición de las nuevas tecnologías, que han favorecido el surgimiento de publicaciones y periodismo online. Puede ser que ese periodismo online llegue a ser un gran estímulo para la creatividad cultural, pero ésa no es la situación de momento. Hay algunas páginas web en inglés (entre ellas, la propia página web de Wasserman en www.truthdig.com) que toma las reseñas literarias seriamente, y no existe ni una sola página web como ésta en español. Con la gran experiencia que el problema comporta, Wasserman concluye que es en cierta medida a través de la calidad de las reseñas de libros «que combatimos con las, a menudo, escurridizas fuerzas que nos configuran como individuos y familias, ciudadanos y comunidades, y es a través de nuestros historiadores y científicos, periodistas y ensayistas, que luchamos con cómo hemos vivido, cómo el presente ha llegado a ser, y qué nos puede deparar el futuro». Sin una concienciación literaria de calidad, tanto la cultura como la civilización están amenazadas. Esa, más allá de ninguna duda, es la situación en España ¿pero hay alguien preocupándose por ello.