El combate por una mundialización equitativa

Por Philippe Douste-Blazy, ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno francés. Traducción de José Luis Sánchez-Silva (EL PAÍS, 29/03/07):

Treinta segundos. Cada treinta segundos muere un niño de paludismo en África. Sólo 15.000 niños seropositivos tienen acceso a un tratamiento en los países menos avanzados, mientras que la vida de 600.000 depende de él. La conclusión es siempre la misma: los medicamentos están al Norte y los enfermos, al Sur. Ésta es una realidad escandalosa. Pero ¿nos hacemos cargo de la verdadera dimensión de una fractura que no es sólo sanitaria, sino sobre todo política?

Las abrumadoras imágenes del abismo que separa a los países ricos y a los pobres circulan por el mundo entero en tiempo real. ¿Somos conscientes de que el desafío sanitario y el desafío migratorio están estrechamente relacionados? ¿De que las crecientes desigualdades mundiales, con su cohorte de humillaciones y resentimiento, son un terreno abonado para el terrorismo internacional?

Hoy más que nunca, el desarrollo, la estabilidad, la lucha contra los fundamentalismos o, simplemente, la paz, deben ser considerados en conjunto. Reducir la salud a su dimensión humanitaria es un error: la fractura sanitaria es uno de los mayores desafíos políticos de nuestro tiempo. Pero ¿dónde encontrar recursos “innovadores”? Las dudas, el escepticismo, eran inmensos. Y, sin embargo, UNITAID ha aceptado ese formidable reto.

Hoy, 34 países se han afiliado a UNITAID o se han comprometido a hacerlo. La facilidad internacional para la compra de medicamentos ha congregado en particular a Brasil, Chile, Noruega y Reino Unido -junto a Francia, los países fundadores-, así como a España y a dieciocho países africanos, Chipre y Corea del Sur. La mayoría de ellos han aprobado, o están a punto de hacerlo, una contribución solidaria que repercutirá sobre los pasajes de avión. Unos cincuenta países, entre ellos China, forman parte del grupo piloto.

¿Por qué unos cuantos países de África y América Latina se han decidido, por primera vez, a comprometerse junto a varios países europeos como donantes en la lucha contra el sida, el paludismo y la tuberculosis?

Esos países han tomado una valiente decisión política: apoyar la mundialización equitativa. Porque UNITAID no es una yuxtaposición de acciones bilaterales, sino una empresa común que une a los Estados en una corriente de solidaridad de Norte a Sur, pero también de Sur a Sur. Es el comienzo de una estrategia ciudadana mundial: un francés que ayuda a un congoleño; un brasileño que ayuda a un senegalés; un camerunés que ayuda a un chileno… Es un hombre, una mujer, un niño que, al tomar el avión, ayuda a otro hombre, otra mujer, otro niño, cualesquiera que sean sus nacionalidades y de manera completamente anónima. Es también una nueva forma de pensar el orden mundial: más allá de los Estados, UNITAID cuenta con el concurso de organismos internacionales -OMS, Unicef, Fondo Mundial contra el sida, el paludismo y la tuberculosis-, ONG, asociaciones de enfermos y fundaciones -como la Fundación Clinton-.

En 2007, se recaudarán 300 millones de dólares para financiar la compra de tratamientos de calidad a bajo precio. Ya se han aportado más de 200 millones de dólares en acciones, que beneficiarán a 65 países a partir de este año. En eso consiste la equidad: en proporcionar medicamentos eficaces a todo el mundo -no olvidemos que entre el 25 y el 50% de los disponibles en el Sur son medicamentos falsificados-. A partir de 2007, 100.000 niños seropositivos dispondrán de antirretrovirales en 34 países de África y Asia, en vez de esos 15.000 de años pasados. A fecha de hoy, ya han sido tratados 45.000 niños. Además, otros tratamientos están llegando sobre el terreno: antirretrovirales de segunda línea, medicamentos contra la tuberculosis para 150.000 niños, nuevos antipalúdicos para 12 millones de personas.

Creo firmemente en esta iniciativa de solidaridad mundial. Muy pronto estará disponible una página web (www.unitaid.eu) que constituirá el punto de encuentro de esta nueva comunidad. En ella, todos podremos consultar, con total transparencia, los resultados concretos de las sumas recaudadas. Y todos podremos participar así en esta iniciativa ciudadana mundial.

Como presidente de UNITAID, tengo la intención de convencer a otros Estados para que participen de este formidable impulso, así como la de esforzarme para encontrar nuevas financiaciones innovadoras. Aunque el mundo se enriquece más cada día, seguimos muy lejos de los Objetivos del Milenio. Los frutos de la globalización son reales: tenemos que destinar una parte de esa riqueza a las situaciones de urgencia sanitaria del mundo.

La mundialización puede regular la mundialización; no es sólo una posibilidad, sino un imperativo político mayor. Hoy, los intereses del que está lejos y no tiene nada son los intereses de todos. Éste es el sentido del combate de UNITAID, un combate que me gustaría convertir en un proyecto de todos, en interés de todos.