El congreso del PCCh (y 2)

Por Eugenio Bregolat Obiols, embajador de España en China de 1987 a 1991 y de 1999 al 2003 (LA VANGUARDIA, 11/10/07):

¿Qué se puede esperar del XVII congreso del PCCh que comienza el próximo lunes?

En el terreno económico, los sucesivos congresos del Partido Comunista Chino han ido empujando el cambio del sistema, el paso de la economía planificada a la de mercado, así como la modificación del concepto de propiedad, desmontando progresivamente el monopolio de la propiedad pública. El XIII congreso, en 1987, dio su apoyo expreso a la empresa familiar y a la privada (ésta a partir de ocho empleados). El XIV congreso, en 1992, sustituyó la “economía planificada de mercado” por la “economía de mercado socialista”: el mercado desplazaba definitivamente a la planificación. El XV congreso, en 1997, supuso un paso trascendental, al dar base ideológica al sector no estatal de la economía. Cualquier forma de propiedad que promueva el desarrollo de las fuerzas productivas, que refuerce el Estado socialista y aumente el bienestar del pueblo puede ser utilizada, en la fase inicial del socialismo, en pie de igualdad con la propiedad pública.

Siempre que esta última sea “predominante”, permitiendo al Estado controlar la economía nacional, la naturaleza socialista del país no se verá afectada aunque el sector estatal pase a significar un porcentaje menor de la economía en su conjunto. Estos impulsos dados por los varios congresos se fueron traduciendo en sucesivos cambios constitucionales y legislativos, que culminaron en la ley sobre la propiedad aprobada por la Asamblea Popular en marzo de este año.

Con toda probabilidad, el XVII congreso, que comienza el día 15, ratificará el predominio de la propiedad pública de los medios de producción. El predominio no está definido en parte alguna; así, no significa que el 51% de los medios de producción tengan que ser de propiedad pública. Hoy menos de un tercio lo son. El núcleo de la propiedad pública son unas 160 grandes empresas (está previsto que pasen a ser entre 80 y 100 en el 2010), la mayoría sociedades por acciones, en las que el Estado retiene porcentajes diversos del capital.

En el terreno político, se puede dar por descontada la ratificación del rechazo de la democracia liberal. Tampoco se puede esperar, por ahora, avances como los del XIII congreso, en otoño de 1987. Entonces, con Zhao Ziyang como secretario general, se formuló el programa máximo de reforma política desde dentro del sistema hasta la fecha. Su punto esencial era la separación entre partido y Estado, y entre ambos y las empresas. Se iban a suprimir las células del partido en ministerios, universidades, empresas, etcétera. Además, se iba a dar más poder a las asambleas populares, provincia y municipios, y más libertad a los medios de comunicación. Se establecería así un mecanismo de controles y contrapesos (checks and balances)dentro del sistema socialista. Los sucesos de Tiananmen, en la primavera de 1989, significaron la muerte política de Zhao Ziyang, el dirigente político más progresista que China tenía. “La separación de partido y Estado es una muestra del liberalismo burgués”, sentenció Deng Xiaoping. De esta forma fue enterrado el programa de reforma política del XIII congreso. La desaparición de Zhao Ziyang, provocada por el movimiento estudiantil, supuso la pérdida de varias décadas para la reforma política desde dentro del sistema. El principal paso dado desde entonces en el terreno de la reforma política fue la apertura de las puertas del PCCh a los empresarios privados, verdaderos capitalistas, decidida por el XVI congreso, en el 2002. El partido pasa así a ser interclasista y desafía la lógica (al menos la occidental) de seguir llamándose “comunista”.

Descartados la democracia liberal, el programa del XIII congreso, o decisiones de alcance similar a la del XVI congreso, sería una sorpresa todo lo que fuera más allá de modestos avances en el “perfeccionamiento de la democracia socialista”, como mejoras en el incipiente Estado de derecho, algún progreso en la democracia a nivel municipal, lucha contra la corrupción y cosas por el estilo. Será interesante ver si se profundiza en el desarrollo de la democracia interna en el partido, caballo de batalla de su ala más progresista.

Hay un debate en el seno del PCCh sobre cómo adecuar el sistema político a los cambios económicos. Se estudian modelos como la socialdemocracia europea. No cabe descartar, algún día, una verdadera apertura hacia una “democracia con características chinas”, pero el lento proceso en marcha no tiene aún su punto de madurez.

En cuanto a la lucha por el poder, es indudable que el secretario general, Hu Jintao, y el primer ministro, Wen Jiabao, se han consolidado en él después de su primer quinquenio. Aunque Jiang Zemin dejó seis aliados en un comité permanente del Politburó de nueve miembros, varios de ellos han encontrado un acomodo con Hu Jintao, que acometerá así su segundo quinquenio firmemente asentado en el poder.

Del mismo modo que en su día Deng Xiaoping llevó a un joven Hu Jintao al Politburó, ungiéndolo como “núcleo de la cuarta generación”, se espera que sea elevado al Politburó algún miembro de la “quinta generación”, la que sucederá a la actual.

Leer la primera parte.