El cuco de la externalización

La externalización de servicios ha sido una causa persistente de pánico y proteccionismo en los últimos años, especialmente en Estados Unidos desde la elección presidencial de 2004. En aquel momento, el candidato demócrata, el senador John Perry, tras enterarse de que se habían tercerizado los rayos X digitales del Hospital General de Massachusetts en Boston y que de ahora en más serían examinados por radiólogos en la India, denunció a las empresas que recurrían a la externalización comparándolas con Benedict Arnold, el traidor más tristemente célebre de la historia estadounidense.

Tras el paso en falso de Kerry sobrevino una alarma sobre la externalización en todo Occidente. Si el libre comercio ha de recuperar el respaldo de los estadistas que hoy dudan sobre si liberalizar el comercio con los países en desarrollo, deben derribarse los mitos que convierten a la externalización en un epíteto.

Mito 1: La tercerización será como un tsunami. Mientras que hasta un economista inteligente como el ex miembro de la Junta de la Reserva Federal Alan Blinder así lo creyera, no es probable por varios motivos, tanto “naturales” como generados por el hombre. Consideremos apenas dos.

Primero, simplemente no es posible tercerizar todo. Por ejemplo, el hecho de que yo pueda llamar a alguien en Bangalore para que me diga cómo reparar un problema de mi computadora presupone que puedo entender sus instrucciones. Lo intenté con una computadora Dell y me di por vencido después de repetidos intentos. Estaba tan desesperado que le pedí a Michael Dell, a quien conocí en el Foro Económico Mundial en Davos, que me diera una nueva.

Esa es una solución a la que otros no tienen acceso, por supuesto. De modo que Dell ahora dejó de confiar en los servicios telefónicos de atención al cliente. Además, aparecieron muchos “plomeros electrónicos” que revisan nuestra computadora y arreglan el problema mientras nosotros estamos afuera, trabajando en lo que nos compete.

Segundo, existen restricciones generadas por el hombre en cuanto a externalizar algunos tipos determinados de saberes: las organizaciones profesionales suelen intervenir para aniquilar la externalización simplemente solicitando credenciales que sólo ellas pueden ofrecer. En consecuencia, los radiólogos extranjeros necesitan una certificación de Estados Unidos antes de poder leer los rayos X enviados desde Estados Unidos. Hasta hace poco, sólo dos firmas extranjeras calificaban para esta tarea.

Mito 2: La externalización será sólo de los ricos a los pobres. Hay mucho comercio de ida y vuelta en las industrias, incluso dentro de un mismo sector. Los economistas lo llaman comercio “intra-industria”. Pero cuando se trata de servicios, el temor popular es que la externalización vaya en una sola dirección. Este miedo es infundado.

Por cierto, se ha registrado un crecimiento sustancial en la “externalización a la inversa”, es decir, la “internalización”. Firmas indias como Infosys y Wipro, gigantes en el sector de la tecnología de la información, hoy están buscando servicios de punta y talento de alto grado conforme compiten por mercados locales como Estados Unidos. En IQor, Vikas Kapoor, un empresario sumamente exitoso en el campo de la externalización, hoy en día tiene 12. posiciones en Estados Unidos, que representan la mitad de sus empleados.

Mito 3: La externalización cuesta empleos. Un argumento estándar utilizado por los demócratas de Estados Unidos en contra de los CEOs republicanos que se postulaban para el Congreso el año pasado era que habían exportado empleos estadounidenses. La senadora Barbara Boxer acusó continuamente a Carly Fiorina, ex CEO de Hewlett-Packard, de haber exportado 35.000 empleos. La respuesta obvia debería haber sido: “Sí, externalicé 30.000 empleos. Pero, si no lo hubiera hecho, HP se habría vuelto poco competitiva en mercados ferozmente competitivos, y yo habría perdido 100.000 empleos”.

Otra “falacia sobre los empleos” es que cuando un empleo desaparece en un país occidental y aparece en la India, debe de haber sido “exportado” por empresarios infames. Pero, en muchos casos, mantener el empleo en Occidente simplemente se volvió costoso, más allá de si existe o no la India.

Si a un asilo de ancianos de Estados Unidos le cuesta 2 dólares por llamada hacer que alguien le recuerde a un paciente que debe tomar su medicina, el empleo que consiste en ofrecer esos recordatorios desaparecerá. Pero si los indios pueden hacer la llamada por 0,25 dólares, el asilo de ancianos bien puede contratar el servicio. Esto haría que sus pacientes gozaran de mejor salud, que los fabricantes de medicamentos fueran más rentables y que a la India le fuera mejor, porque el empleo aumenta.

En resumen, todos ganan con la externalización de los servicios. Desafortunadamente, pocos lo entienden.

Jagdish Bhagwati, profesor de Economía y Derecho en la Universidad de Columbia y miembro sénior sobre Economía Internacional en el Consejo sobre Relaciones Exteriores: Copresidió el Grupo de Expertos en Comercio de Alto Nivel designado por los gobiernos británico, alemán, indonesio y turco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *