El desafío de América Latina

La XXV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que se celebra desde hoy en Cartagena de Indias tiene por lema «Juventud, Emprendimiento y Educación». Probablemente se trate del lema más importante de cuantos han tenido estas Cumbres hasta la fecha y aparece, además, en un momento especialmente oportuno, cuando la región vive una significativa desaceleración económica y ha de plantearse, una vez más, hacia dónde quiere caminar.

En los últimos meses he tenido la ocasión de participar en dos de las reuniones que se han anticipado a la Cumbre. En ambos casos eché de menos la presencia de más jóvenes entre quienes tuvimos la responsabilidad de dirigirnos a los asistentes. Yo ya no soy joven, y aunque intento pensar qué es lo mejor que podemos ofrecerles y dejarles en herencia a quienes sí lo son, tengo serias dudas de si acierto o no. La forma de ver el mundo, de pensar y de actuar del joven está muy influenciada por su edad y por las circunstancias de su vida y de su entorno. Cuando yo era joven mis circunstancias no eran las mismas que las de los jóvenes de ahora. Por tanto, los valores que creo que deben poseer y defender, el mundo en el que me gustaría que viviesen o las metas que pienso que deben perseguir, pueden no ser las que ellos consideran buenas y por las que quieren trabajar y esforzarse.

Iberoamérica es una región joven, con una fuerte inmersión digital y altamente urbana. Partimos, por tanto, de una materia prima excepcional, pero esta vez tenemos que valorizarla nosotros mismos. Muchos países iberoamericanos han malvendido sus recursos naturales y, si quieren salir del atolladero económico en el que se encuentran recurrentemente, no ha de ocurrir lo mismo con sus recursos humanos.

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Analicemos cada uno de los tópicos del mencionado lema de la Cumbre. América Latina es reconocida como una de las regiones más jóvenes del planeta. Una de cada cuatro personas tiene entre 15 y 29 años. La mayor parte de esta juventud, no obstante, presenta fuertes carencias de formación, siendo muy desigual la calidad de la educación en la región, existiendo un elevado abandono escolar y una falta de conexión de la formación con el empleo.

Por otra parte, los millennials latinos destacan por hacer un uso intensivo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Esto puede convertirles en buenos clientes de las empresas del sector, pero no necesariamente en prescriptores, desarrolladores de contenidos, servicios y productos o emprendedores TIC.

Finalmente, siendo América Latina la región más urbanizada de todo el planeta, sus urbes no están caminando en general hacia ciudades del conocimiento, innovadoras y emprendedoras, algo que a mi juicio no debe confundirse con la expresión tan de moda de smart cities o ciudades inteligentes. En la mayor parte de las que se autodenominan así se ha vuelto a cometer el error de pensar que las tecnologías son el fin y no el medio. Sirva como atenuante el hecho de que a veces se trata de un error inducido por empresas ávidas de colocar sus tecnologías, sus servicios o su conocimiento en la agenda de algunos responsables políticos que tienen más dinero, aún en momentos económicamente difíciles, que ideas propias.

Para evitar malentendidos, propongo que les cambiemos el nombre y hablemos de ciudades con talento para designar aquellas que articulan su trabajo y las políticas públicas alrededor de un proyecto de ciudad emprendedora e innovadora. Eso es el talento, la inteligencia en acción, así que una ciudad con talento ha de integrar la inteligencia urbana con un ambicioso proyecto transformador. Para que no crean que hablo de utopías, les pongo el ejemplo de Medellín, una ciudad que pasó de ser conocida mundialmente por Pablo Escobar y el narcotráfico a ser considerada ahora una de las ciudades más innovadoras del planeta. No es magia. Es la continuidad de un mismo proyecto en las políticas municipales y regionales, sobre todo, y el compromiso en torno a él de las universidades, las empresas y las administraciones públicas, que arrastran a la ciudadanía en su conjunto.

Hablemos ahora de educación, palabra que a mi juicio debería ir antes que emprendimiento en el lema de la Cumbre. Es difícil hablar de cambiar modelos y sistemas educativos cuando la región necesita ingentes esfuerzos para lograr universalizar la educación. Pero si mientras esto no se consigue renunciamos a mejorar la calidad y el modelo de los sistemas educativos, se habrá malogrado en buena parte la capacidad transformadora de aquellos que ya se están formando, incluso en las universidades.

Se dice insistentemente que faltan estudiantes en titulaciones STEM, acrónimo derivado de las iniciales en inglés de Ciencias, Tecnologías, Ingenierías y Matemáticas –Science, Technology, Engineering and Mathematics-. Sin negar la importancia de esta formación entre los que serán profesionales en un futuro próximo, creo que hay otro STEM que no deberíamos pasar por alto, y se está haciendo. Me refiero a las competencias Sociales -como la empatía, el trabajo en equipo y la interculturalidad-, Técnicas -relativas a las TIC, el ejercicio de la dirección y la toma de decisiones y la expresión oral y escrita, entre otras-, Ejecutivas -liderazgo, emprendimiento, autogestión…- y Mentales -persistencia, resiliencia, autoconocimiento, etcétera-. Incluso los titulados STEM necesitarán de estas competencias para hacer bien su trabajo, así que no perdamos el tiempo.

Por último, hablemos del emprendimiento. En particular el que se desarrolla por oportunidad, no por necesidad, y que es intensivo en conocimiento y/o tecnología. Es el que tiene un mayor potencial para la creación de empleo, en particular el de alta cualificación, la generación de riqueza y la mejora de la calidad de vida de las personas.

Por eso este tipo de emprendimiento debería preocuparnos especialmente, aun reconociendo el valor de cualquier emprendimiento que se acometa. Deberíamos preocuparnos por buscar remedio al hecho de que en Iberoamérica menos de un 15% de las personas promotoras de este tipo de empresas sean mujeres. Debería preocuparnos que nuestras universidades y centros de investigación no transfieran los resultados de su I+D en consonancia con la cantidad y calidad de la investigación que llevan a cabo. Debería preocuparnos la ausencia de planes integrales y coordinados de apoyo al emprendimiento altamente innovador. Supongo que la preocupación existe, claro, pero a juzgar por lo poco que se ha avanzado, la ocupación desde luego no tanto.

En esta XXV Cumbre Iberoamericana se elevarán importantes documentos, como el Pacto Iberoamericano de Juventud, suscrito el pasado mes de septiembre por las ministras, ministros y responsables de Juventud de Iberoamérica. De la Cumbre saldrá una Declaración cargada de buenos deseos y propuestas alrededor de la juventud, la educación y el emprendimiento. Siendo esto positivo, todo quedará en el olvido si no va acompañada de compromisos absolutamente firmes alrededor de proyectos ambiciosos y coordinados para que la juventud de la región reciba la educación que requieren los países que aspiran a todo, una educación que también les estimule y ayude a emprender más y mejor. No sólo les irá la vida en ello a los ahora jóvenes sino también la que nos queda a los que ya no lo somos.

Senén Barro es ex rector de la Universidad de Santiago de Compostela y director general de RedEmprendia.

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