El desafío de las finanzas islámicas

Las tratativas que actualmente lleva adelante Gran Bretaña para vender a fondos de deuda soberana en Abu Dhabi una parte del 82% de participación estatal en el Royal Bank of Scotland son otra muestra de la creciente influencia financiera del mundo islámico, influencia que además plantea un desafío sistémico a la forma de conducir las finanzas que prevalece actualmente en todo el mundo.

Desde unos inicios humildes en los noventa, las finanzas islámicas han llegado a convertirse en una industria de un billón de dólares. El consenso de los mercados señala que las finanzas islámicas tienen un porvenir brillante, lo cual se debe a la conjunción de una demografía favorable con un aumento de los ingresos en las comunidades musulmanas.

A pesar del escepticismo sobre la compatibilidad entre esta forma de hacer finanzas y el sistema financiero global, los bancos más importantes están comprando bonos islámicos y creando subsidiarias con el objetivo específico de dedicarse a las finanzas islámicas. En centros financieros no musulmanes (Londres, Singapur, Hong Kong) se han aprobado leyes especiales para facilitar el funcionamiento de los bancos islámicos y de las instituciones financieras asociadas.

¿Cómo deberían verse estos acontecimientos desde la perspectiva de las finanzas occidentales y el análisis económico ortodoxo? ¿Constituyen realmente un sistema financiero alternativo viable?

El mero hecho de que en la actualidad nos hagamos esta pregunta es significativo. Hasta no hace mucho, a las finanzas islámicas se las caracterizaba superficialmente como un sistema con tasa de interés del cero por ciento que conduciría a niveles inadecuados e insuficientes de movilización y utilización de recursos. Resulta irónico que hoy en día los bancos centrales ortodoxos apelen rutinariamente a ese mismo tipo de políticas cuando persiguen la flexibilización cuantitativa a gran escala.

Las finanzas islámicas se basan en dos preceptos centrales: la prohibición absoluta de percibir intereses por las transacciones financieras y una estricta moralidad de parte de prestamistas y prestatarios. Es interesante señalar que la mejor justificación económica para un sistema con tasa de interés cero se encuentra en La teoría general de John Maynard Keynes:

“Las disposiciones contra la usura se encuentran entre las prácticas económicas más antiguas de las que tenemos noticias (…) En un mundo que nadie consideraba seguro, era casi inevitable que, si no se reducía la tasa de interés por cuanto medio estuviese a disposición de la sociedad, subiría demasiado para dejar que hubiera un aliciente adecuado para invertir.”

Keynes sugirió que lo único capaz de garantizar la continuidad del pleno empleo y la justicia distributiva sería una tasa de interés muy baja o nula. Aunque su aval a esta política no la hace necesariamente correcta, el análisis que hace Keynes sugiere que se la debería tomar como una propuesta seria.

Un aspecto importante de las finanzas islámicas es que solamente prohíben el interés, pero no el beneficio, que es resultado de una variedad de ordenamientos donde se combinan la financiación y la actividad empresarial. En esencia, el islámico es un sistema de coparticipación de beneficios y riesgos basado enteramente en la financiación con capitales propios.

Así pues, las finanzas islámicas contrastan con el sistema que prevalece en la actualidad, basado en el endeudamiento a interés, en el cual, aunque en teoría los riesgos se transfieran a los deudores, en la práctica se socializan durante las crisis. La mayoría de los economistas coincidirán en que, a igualdad de otras condiciones, la financiación mediante deuda conduce a más inestabilidad que la financiación con capitales propios.

Un corolario del segundo gran principio de las finanzas islámicas es que si la gente adhiere estrictamente a los requisitos éticos impuestos por este sistema, la banca islámica tendrá menos problemas de riesgo moral, elemento presente en todos los sistemas en los que en última instancia el Estado absorbe los riesgos que corren los ciudadanos particulares.

Pero la capacidad de cualquier sistema particular para evitar el riesgo moral se ve en la práctica, no en la teoría. Hay amplio consenso en que, históricamente, la ética cristiana desempeñó un papel fundamental en el ascenso del capitalismo occidental. Pero el capitalismo secular ha experimentado una pérdida de valores que permitió que el sector financiero pusiera sus propios intereses por encima de los del resto de la sociedad. Si los valores éticos presentes en las finanzas islámicas (que se basan en la ley religiosa, la sharia) pueden ayudar a evitar el riesgo moral y el abuso de los deberes fiduciarios por parte de las instituciones financieras, esta modalidad podría resultar una alternativa creíble a los sistemas financieros actuales basados en el uso de instrumentos derivados.

Además, los principios básicos de las finanzas islámicas nos obligan a reconsiderar la base ética del sistema monetario moderno, que ha llegado a convertirse en un sistema global de monedas de reserva basado en el dinero fiduciario, mientras que en el pasado, el patrón oro servía de sostén de la estabilidad monetaria y de la disciplina financiera, aunque tuviera un efecto deflacionario.

En definitiva, la prueba que debe afrontar cualquier sistema financiero alternativo depende de si es (o puede ser) más eficiente, ético, estable y flexible que el sistema predominante. Por ahora, el mundo islámico no cuenta con una moneda de reserva internacional ni con un prestamista de última instancia. Pero tiene la custodia de enormes recursos naturales que sirven de respaldo a sus actividades comerciales y financieras.

A medida que el mundo islámico gane estatura e influencia, las finanzas islámicas se convertirán en una competencia formidable para el sistema financiero actual. El mundo saldría muy beneficiado si los dos sistemas pudieran competir en pie de igualdad y en forma constructiva por satisfacer los distintos tipos de necesidades financieras de las personas.

Andrew Sheng, the chief adviser to China’s Bank Regulatory Commission, is a professor at Tsinghua University’s Graduate School of Economics and Management and at the University of Malaya, Kuala Lumpur. Ajit Singh is Emeritus Professor of Economics at Cambridge University

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