El dilema de Argentina y Brasil

Por Nicolás Patrici, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires/ Universitat Pompeu Fabra, y Tim Wegenast, profesor de Ciencia Política en la Universitat Pompeu Fabra (LA VANGUARDIA, 16/06/07):

América Latina parece vivir una era de cierta homogeneidad política a la vista del observador europeo. La reelección hace unos meses del presidente Lula da Silva en Brasil, juntamente con el triunfo de Evo Morales en Bolivia y Hugo Chávez en Venezuela, parecen auspiciar un periodo de entendimiento en el conjunto de las democracias de la región. La foto de una región ideológicamente homogénea se completa con el presidente argentino, Néstor Kirchner.

Sin embargo, el escenario es algo más complejo. La llegada de Venezuela como nuevo socio del Mercosur de la mano de un presidente cargado de particularidades y los recientes acercamientos de su protegido, el presidente boliviano Evo Morales, junto con la posible elección de Fernando Lugo en Paraguay, guardan para los dos países más grandes de la región un gran desafío estratégico que implica un doble juego de acercamientos y alejamientos de las posturas de Caracas y de La Paz. Por un lado, este juego se encara en el ámbito de los intereses económicos de Argentina y Brasil; por otro, el acercamiento o el distanciamiento de argentinos y brasileños respecto a Venezuela y Bolivia influye en la estrategia política interna de cada uno de los dos países.

En el plano económico, tanto Bolivia como Venezuela representan una fuente importante de recursos energéticos que Argentina y Brasil han sabido aprovechar y de la que los primeros han sabido sacar réditos políticos. Venezuela se ha transformado en el principal financista del crecimiento argentino y Bolivia ha destrabado el conflicto que mantenía con la empresa petrolera brasileña. A cambio de este tipo de favores, Kirchner y Lula suelen ponerse en primera línea para ofrecer una defensa de Chávez y Morales frente al resto de los líderes, como se vio en el último foro de Davos. Particularmente, el presidente brasileño defendió la reelección de Chávez a través de elecciones democráticas colocándose a él mismo como ejemplo de presidente reelecto.

En el ámbito de la política interna de Argentina y Brasil, tanto Kirchner como Lula cuentan con una base electoral que suele simpatizar con el líder boliviano y con Chávez, y por supuesto con sus respectivos discursos reivindicativos. Políticamente, enfrentarse de forma directa con Chávez y Morales podría suponer la pérdida de una importante base de apoyo político.

Pese a todo lo dicho, existe, a su vez, un intento constante por parte de brasileños y argentinos de no quedar sumergidos en los arranques retóricos de Hugo Chávez ni en el simbolismo de Evo Morales frente al resto de la región y de la opinión pública mundial.

Esta tensión quedó clara en la última cumbre del Mercosur que se celebró en Río de Janeiro, donde los presidentes Kirchner y Lula intentaron alejarse del exceso de retórica democrática de su aliado regional Hugo Chávez. Mientras el presidente brasileño sugirió a Chávez que el crecimiento debe ir acompañado por una profundización de las instituciones democráticas, puesto que nunca estas últimas pueden sacrificarse en pos del desarrollo económico, la delegación argentina prefirió alejarse de cualquier situación cercana a legitimar las medidas de los venezolanos con relación a la nacionalización de la empresa energética del país caribeño.

El escenario latinoamericano, lejos de mostrar un bloque políticamente homogéneo y sencillo de ser leído, es un escenario marcado por un peligroso equilibrio. Por un lado, se encuentran Hugo Chávez y su aliado del altiplano, quienes no sólo mantienen una retórica particularmente populista y un fuerte desapego respecto de los procedimientos democráticos liberales, sino que constituyen, también, un polo energético vital para el desarrollo de la región. Por otro, se encuentran Brasil y Argentina intentando a la vez utilizar las ventajas de su cercanía con Caracas y La Paz en materia de desarrollo energético y económico, y contener las aspiraciones autoritarias de los gobiernos de Bolivia y Venezuela.

Sin embargo, ésta es una tarea complicada para los presidentes argentino y brasileño. Ambos han hecho uso y abuso in extenso de la retórica populista y de prácticas que atentan contra la profundización de las instituciones democrática-liberales. Mientras el presidente argentino ha obtenido poderes extraordinarios de un parlamento sumiso y alineado para realizar modificaciones presupuestarias a piacere en un año electoral, el presidente Lula pretendió, mediante el intento de convocar a una asamblea constituyente, reformar el sistema político brasilero a su gusto. Mecanismo vetado por la Constitución del Brasil.

El caso es que si Lula da Silva y Néstor Kirchner quieren establecerse como los referentes de la democracia liberal en la región, deberán aprender la profesión del estadista y abandonar el afán de gobernar en y para la excepción.

El dilema al que se enfrentan los presidentes argentino y brasileño frente a su relación con Caracas y La Paz supone dos opciones claras: o bien apuestan por la profundización de las instituciones democráticas liberales, que implica el establecimiento de un verdadero juego de contrapesos institucionales y el abandono de las prácticas y retóricas populistas, o bien se someten al avance de prácticas de claro corte autoritario que abusan de la retórica democrática para despegarse del marco institucional.

El dilema, como Jano, tiene dos caras. La dirección que se tome es una responsabilidad política a la que argentinos y brasileños no pueden renunciar, puesto que de esa decisión dependerá el futuro político y económico de la región.