El dilema del rescate

Cualquier persona que no comparta la ideología del denominado “Estado Islámico” en Irak y Siria probablemente esté de acuerdo con que no es correcto que los adherentes del grupo decapiten a algunas de las personas que fueron mantenidas como rehenes. Sin embargo, son aún mucho más controversiales las decisiones secretas de los gobiernos europeos relativas al pago de rescates a tales grupos por la liberación de sus ciudadanos.

A pesar de que los rehenes del Estado Islámico son originarios de varios países, hasta el momento se ha decapitado sólo a aquellos que son ciudadanos de Estados Unidos y el Reino Unido. El único rehén europeo que se informó que fue ejecutado directamente por el Estado Islámico parece haber sido un ruso, Sergey Gorbunov, pero se sabe poco sobre él. Ningún amigo o pariente se ha presentado, y no se hizo público un video de su muerte. Las autoridades rusas expresaron públicamente sus dudas sobre que dicha persona fuese ciudadano ruso.

Por otra parte, el Estado Islámico ha liberado a 15 rehenes, incluyendo entre ellos a ciudadanos de Italia, Francia, Suiza, Dinamarca y España.

Rukmini Callimachi, en un reportaje que preparó para el New York Times, ha explicado la diferencia en el trato. Los gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido tienen una política de larga data sobre no pagar rescates a organizaciones terroristas. Por otra parte, cuando Michael Foley, hermano de James Foley, uno de los rehenes, recibió una petición de rescate, el FBI le advirtió que según la legislación estadounidense, pagar dinero a terroristas es un delito. Foley fue posteriormente ejecutado.

Por el contrario, desde hace más de una década varios gobiernos europeos han estado dispuestos a pagar millones de euros a terroristas por la liberación de sus ciudadanos en cautiverio, o han facilitado el pago de rescates realizados por familiares y amigos de los rehenes. Esto se hizo a pesar de la adopción unánime por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en enero de una resolución que se opone el pago de dichos rescates, y de una declaración similar realizada el año pasado durante la cumbre del G-8 – que fue firmada por algunos de los gobiernos que han continuado haciendo pagos de rescates.

Según Callimachi, Francia ha pagado más dinero por rescates en comparación con el resto de países –pagó un total de $58 millones desde el 2008, incluyendo un pago único de $40 millones en el año 2013 por el rescate de cuatro ciudadanos franceses capturados en Mali. Sin embargo, puede que la política francesa esté cambiando. Después de que Francia participó en los ataques aéreos contra el Estado Islámico en septiembre de 2014, un grupo yihadista argelino capturó a Hervé Gourdel, un turista francés, y amenazó con ejecutarlo a menos que Francia renuncie a su participación en las operaciones. En esa ocasión Francia se mantuvo firme, y el primer ministro Manuel Valls dijo que retroceder un centímetro significaría entregar la victoria a los militantes. Gourdel fue decapitado.

Es comprensible la presión que ejercen las familias desesperadas por salvar las vidas de sus seres queridos sobre los gobiernos para que estos paguen rescates, o para que al menos faciliten el pago de rescates. Es una aplicación de la denominada “Regla de Rescate”: nuestro deber percibido de gastar casi cualquier cantidad por salvar a una víctima identificable, como por ejemplo un minero atrapado, un escalador de montañas herido, o un bebé extremadamente prematuro. Estamos mucho menos dispuestos a invertir en salvar vidas cuando las víctimas no pueden ser identificadas con antelación, incluso cuando el número de vidas a ser salvadas sería mayor – por ejemplo, mediante el suministro de una mayor seguridad vial o educación sobre medidas preventivas de salud.

La Regla de Rescate debe ser entendida como una regla relacionada a la psiquis humana, no como una regla de moralidad. Su aplicación puede parecer justificable si nos ponemos en la posición de un cautivo, o imaginamos que nuestro hijo, padre o cónyuge ha sido capturado por terroristas que hacen una oferta creíble de liberación de nuestro ser querido a cambio de un rescate.

No obstante, este argumento se apoya en la incapacidad que tenemos para ponernos en la posición de los grandes números de personas que mató el Estado Islámico y otros grupos terroristas. Dichas personas se han convertido en víctimas únicamente porque durante los últimos seis años se pagó a esos grupos un monto estimado de $125 millones en dinero de rescate, dinero que les permitió armar a más militantes para que realicen ataques letales. Debemos utilizar nuestros recursos para salvar la mayor cantidad de vidas; y, en general, es probable que el pago de rescates conduzca a que se pierdan más vidas.

Es más, la fortaleza militar adicional que los terroristas ganan mediante los ingresos de dinero por rescates no es el único daño causado por el pago de estos rescates. Pagar por el rescate de un rehén occidental crea un incentivo para que los militantes capturen a otro. Graeme Wood, un periodista que vivió durante cuatro años por motivos de trabajo en el Medio Oriente, señala que los periodistas en zonas peligrosas siempre estaban en riesgo de ser secuestrados o asesinados por razones ideológicas; sin embargo, no ayuda a aminorar esta situación el hecho de que un periodista occidental pudiese llegar a valer millones de dólares, un monto que él denomina como “universalmente motivador”.

El general John Allen, ex comandante de Estados Unidos en Afganistán y actual enviado especial del presidente Barack Obama ante la coalición internacional que lucha contra el Estado Islámico, argumenta que no podemos saber cuántos estadounidenses no han sido secuestrados debido a que el grupo sabe que no va a recibir pagos de rescates por ellos. Señala que “se debe tomar en cuenta el hecho de que hay estadounidenses en la región quienes nunca fueron capturados porque [el Estado Islámico y sus aliados] sabían que no obtendrían ninguna ventaja al hacerlo”.

Los gobiernos que pagan rescates están salvando las vidas de algunos de sus ciudadanos, pero están exponiendo a mayor riesgo al resto de sus ciudadanos – y a otros. La negativa a pagar rescates a los terroristas puede parecer despiadada, pero la verdad es que es la única política ética. Cada gobierno debe adherirse a ella.

Peter Singer is Professor of Bioethics at Princeton University and Laureate Professor at the University of Melbourne. His books include Animal Liberation, Practical Ethics, One World, The Ethics of What We Eat (with Jim Mason), Rethinking Life and Death, and, most recently, The Point of View of the Universe, co-authored with Katarzyna de Lazari-Radek. In 2013, he was named the world’s third “most influential contemporary thinker” by the Gottlieb Duttweiler Institute. Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.

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