El dólar prevalece

Prácticamente cada semana hay noticias sobre el ascenso de la divisa china, el renminbi. Sin embargo, China tiene mucho por hacer para que su moneda pueda rivalizar –y ya no se diga, desplazar – al dólar estadounidense como la divisa dominante de reserva mundial.

Sin duda, China ya tiene un papel significativo en las finanzas y comercio internacionales, y los principales centros financieros como Londres y Frankfurt se ven dispuestos a hacernegocios en renminbi. Las especulaciones recientes de que la economía china puede estar pronto al mismo nivel que la de los Estados Unidos alentó más el interés, lo que provocó que muchos pensaran –triste o alegremente- que en poco tiempo el renminbi dominaría.

Asimismo, las autoridades chinas han lanzado una serie de reformas destinadas a abrir la economía y orientarla más al mercado, y han anunciado planes para liberalizar los tipos de interés y las tasas de cambio y continuar con la flexibilización de restricciones sobre los flujos transfronterizos de capital. Todo esto fortalecerá el reclamo de dar al renminbi estatus de divisa de reserva.

Sin embargo, en China están perdiendo de vista un ingrediente vital: la confianza del mundo. Para lograr que su moneda domine, China necesita algo más que poder económico y militar; requiere de un conjunto más extenso y creíble de instituciones políticas y públicas. Y es aquí donde los Estados Unidos exceden –por lo menos en términos relativos.

Esto jamás había sido tan claro como en el periodo posterior a la crisis financiera mundial. Incluso cuando los mercados financieros de Estados Unidos casi colapsaron, sus niveles de deuda pública aumentaron bruscamente, y la Reserva Federal se vio obligada a emprender una expansión monetaria masiva para respaldar la economía, el dólar se fortaleció relativamente frente a gran parte de otras monedas.

Esto se debe a que los inversionistas mundiales que buscan un refugio seguro recurren automáticamente a los valores del Tesoro estadounidense en tiempos de dificultades financieras globales. Los inversionistas extranjeros ahora tienen más de 5.7 billones de dólares en estos valores de bajo rendimiento, además de enormes cantidades sin mencionar en otros activos en dólares. Además, la proporción de dólares en las reservas globales de divisas se ha mantenido constante desde la crisis.

Esto se puede explicar en parte por el hecho de que los Estados Unidos impulsan los mercados financieros más líquidos y vastos del mundo. Sin embargo, el factor más importante que respalda el dominio de la moneda estadounidense es el sistema institucionalizado de frenos y contrapesos que opera entre los niveles ejecutivo, legislativo y judicial del gobierno.

La confianza en las instituciones públicas de los Estados Unidos está arraigada en el proceso democrático y transparente que la sustentan. La libertad de expresión y medios de comunicación sin restricciones impulsan esta confianza, no mediante la exposición de las fortalezas de su sistema sino a través de los puntos débiles, que se pueden corregir subsecuentemente a través de mecanismos receptivos basados en reglas.

Como el gobierno estadounidense tiene la obligación de dar respuesta a sus ciudadanos, es improbable que recurra a financiamiento inflacionario de la deuda. De hecho, alrededor de 4.5 billones de dólares de deuda federal estadounidense es de inversionistas locales, incluidas personas jubiladas, fondos de pensión, instituciones financieras y compañías de seguros –grupos cuyo considerable peso político garantiza mantener bajo control la inflación en caso de no gestión.

El sistema judicial de los Estados Unidos –independiente de los poderes ejecutivo y legislativo del gobierno– respalda más el papel del dólar en el mundo. Si bien se podrían hacer objeciones sobre la complejidad de las leyes y normas de dicho país, no se puede decir que no se aplican de forma relativamente consistente.

Esto contrasta marcadamente con el sistema de partido único de China, en el que el nivel de rendición de cuentas del gobierno es mucho más bajo. Por ejemplo, la corrupción oficial se ha arraigado tanto que el presidente, Xi Jinping, se ha fijado como objetivo principal realizar una campaña anti-sobornos.

La realidad es que a pesar del peso económico de China y su bajo nivel de endeudamiento público, es improbable que los inversionistas extranjeros confíen a China grandes cantidades de dinero. Las entradas de capital –que sin duda aumentarán en los próximos años– están impulsadas en gran parte por el interés de los inversionistas en la diversificación y los altos rendimientos, no por la imagen del país como refugio de mercados financieros en dificultades en otros lugares, sobre todo porque los mercados financieros chinos están relativamente subdesarrollados y asediados de riesgos importantes.

Claro, algunos bancos centrales extranjeros han firmado acuerdos de intercambio de divisas con China e incluso tienen cantidades pequeñas del renminbi en carteras de reserva. Sin embargo, estas acciones pueden ser menos una señal de la marcha inexorable del renminbi hacia el dominio global que una apuesta ventajosa de que se va a convertir en una divisa internacional ampliamente aceptada. Además, el interés de los países de mantener buenas relaciones con China debido a su creciente poder económico, no se puede descontar.

Dependiendo cuán rápidamente China abra sus cuentas de capital y desarrolle sus mercados financieros, el renminbi podría ser una moneda de reserva importante en el corto plazo. Sin embargo, no contestará la supremacía del dólar a menos que los dirigentes chinos alineen las instituciones políticas y jurídicas del país con sus reformas económicas.

Eswar Prasad, former head of the IMF’s Financial Studies Division, is Professor of Economics at Cornell University and a senior fellow at the Brookings Institution. He is the author of The Dollar Trap. Traducción de Kena Nequiz.

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