El Ebro ha muerto… ¡Viva el Ebro!

Por Carlos Palomo Pedraza, oceanógrafo y geólogo (LA RAZON, 06/09/04):

Nuestras vidas son los ríos que van a dar en el mar, que es el morir (J. Manrique). El padre Ebro es el gran río de España, el que mayor cuenca hidrográfica tiene, el que más caudal de agua transporta, el que posiblemente dio su nombre a la Península y a sus pobladores, al que los íberos adoraban por sus infinitos favores.

En la escuela de mi pueblo, el maestro año tras año nos enseñaba que el Ebro nacía en Reinosa y moría en el mar Mediterráneo, en aquella temprana edad en la que las palabras y las frases se fundían con el alma, yo me quede con la imagen del río muriendo en el mar, espacio mágico que no conocía y que no lo haría hasta tiempo mucho más tarde, quedando tan impresionado por el acontecimiento que decidí dedicar mi vida profesional a su conocimiento y estudio. Lo que pretendo con este artículo es que se contemple el trasvase del Ebro desde otro punto de vista absolutamente diferente a como se había visto hasta ahora, de forma que al cambiar el concepto, los métodos y las tecnologías a emplear no sólo mejoremos el rendimiento y el coste del proyecto, sino que podamos obviar el maleficio político que inexplicablemente desde siempre le acompaña. Como me enseñaron de pequeño, el Ebro muere en el mar, cuando llegando a la cota cero se cubre de gaviotas y olas y pierde las orillas que le acompañaron y dieron forma. En ese mismo momento cuando ya no es Ebro ni es de nadie, debemos y podemos recoger su cuerpo fecundo y poniéndolo en un ataúd de 200 kilómetros de largo, entregarlo a las tierras valenciana, murciana y andaluza para que las fructifique y así beneficie a sus pobladores y con ellos a todos nosotros. Como ya está cantado el nuevo trasvase que estoy proponiendo puede considerarse casi en su totalidad una operación marina, para lo cual se construiría, ganando al mar, varias obras de toma que no afectasen a la dinámica sedimentaria de la zona o un reservorio, estanque o depósito donde vertería sus aguas el río, de él saldría al mar el agua sobrante y un acueducto constituido por uno o varios tubos que apoyados en el fondo marino de la Plataforma Continental y siguiendo la isóbata de los cincuenta metros llegaría a los lugares idóneos de la costa para su aprovechamiento integral. La Plataforma Continental es una especie de repisa o estantería que bordea los continentes y que comenzando en aguas someras alcanza la profundidad media de 130 metros, es plana y su pendiente media es sólo de una décima de grado, por tanto es la superficie idónea para utilizar en el tendido del acueducto. A profundidades cercanas a los cincuenta metros, debido a las longitudes de las olas que se generan en el Mediterráneo, dejan éstas de afectar los fondos marinos y en consecuencia a los tubos en ellos instalados, permitiendo sin embargo toda clase de mantenimiento reparación y control utilizando la tecnología ordinaria de inmersión. Por otra parte, al no existir diferencial de presión en los tubos, pues la de dentro se equilibra con la de fuera, podría utilizarse plásticos de prestaciones normales y de bajo coste. También es muy interesante tener en cuenta que el acueducto saldría de la cota cero y terminaría en la misma cota, por lo que en su funcionamiento no se necesitaría utilizar gran consumo energético, ya que solamente se debería tener en cuenta los aceleradores internos para vencer la fricción y conseguir la velocidad del agua necesaria para obtener el caudal deseado. Como muestra indicativa, un tubo de dos metros de radio con una velocidad interior de agua de un metro por segundo, que sería aproximadamente dos nudos, transportaría en un año una cantidad de agua cercana a los 380 hectómetros cúbicos. Considerando la conveniencia por coste y seguridad de realizar un tendido múltiple y teniendo en cuenta las posibilidades de elección de secciones y velocidades, parece razonable pensar que con este procedimiento se cubrirían las necesidades de agua previstas. Las características ventajosas que aportaría el trasvase marino nos encontramos con:

  • Es un concepto nuevo que no se parece en nada a lo anteriormente considerado.
  • El agua se recogería una vez vertida en el mar y hubiera desaparecido la entidad geográfica llamada «río».
  • El depósito de recogida podría ser de gran ligereza, puesto que las presiones entre el agua dulce y la salada estaría compensadas y la dulce sobrante se eliminaría en el mar por derrame natural.
  • Los tubos de la conducción no necesitarían estar construidos con materiales especiales de alta resistencia y elevado coste ya que las presiones en sus paredes interna y externa serían las mismas y su reparación y mantenimiento a esa profundidad no presentaría dificultades técnicas.
  • El coste energético de funcionamiento sería irrelevante.
  • Se evitarían las pérdidas por derrames y evaporación.
  • Desaparecerían los problemas jurídicos y de expropiación.
  • El impacto ambiental sería mínimo y positivo, desapareciendo la agresión paisajística al no percibirse visualmente.
  • El conocimiento de la topografía y características del fondo del previsible trazado es conocida en un 95% por los trabajos ya realizados por el Instituto Español de Oceanografía, Secretaría General de Pesca Marítima y Universidad de Barcelona, además la total finalización del estudio que permitiera la elección definitiva del trazado, se podría conseguir en muy poco tiempo.
  • La realización de obras marítimas como el gasoducto del estrecho de Gibraltar, o la puesta a punto del de Orán a Almería y el de la Península a las islas Baleares, permite asegurar la capacidad científica, técnica y empresarial de nuestra sociedad para abordar con éxito este proyecto, que sin duda sería una referencia en la ingeniería civil mundial.

Las consideraciones anteriores permiten concluir que el coste económico de realización y mantenimiento podría ser significativamente inferior al proyecto tradicionalmente considerado trasvase por tierra. Qué duda cabe que toda gran decisión de esta especial importancia requiere cuidadosos estudios preliminares que ayuden a las autoridades a tomar las decisiones apropiadas. Desde mi calidad de servidor del Estado y seguro que mis compañeros también, recibiría con gusto las instrucciones oportunas para integrarme en un grupo de trabajo, si con este fin se decidiera crearlo. Con estas pocas letras he pretendido comunicar en mentalidad científica, que siempre hay soluciones y esperanzas nuevas y que nunca nada es definitivo. Ése fue mi ánimo de colaboración en el desastre del petrolero «Prestige», al contribuir con ideas a que se supiera que no estábamos indefensos y que podíamos intervenir eficazmente en la suerte del combustible que quedaba amenazante en los pecios sumergidos. El río Ebro como el Cid podría llegar a Valencia después de muerto para ganar la Gran Batalla de la Solidaridad.