El equipo franco-alemán ideal de Europa

Cuando el Fondo Monetario Internacional rebajó su previsión del crecimiento mundial para 2014 y 2015 de 3,7 por ciento y 3,9 por ciento, respectivamente, a 3,3 por ciento y 3,8 por ciento, citó las perspectivas, cada vez más sombrías, de la zona del euro, incluido el crecimiento, muy inferior, de Alemania, como causa principal. Al fin y al cabo, la zona del euro sigue representando aún el 13 por ciento, aproximadamente, de la producción mundial a precios de mercado, la misma, más o menos, que China.

Las dificultades económicas de Europa se reflejan en su situación política, pues muchos electorados son presa de una sensación de desesperanza y van deslizándose hacia extremos ideológicos, pero un informe de próxima publicación de dos economistas muy respetados –Jean Pisani-Ferry, Comisario General de Planificación de Políticas del Gobierno de Francia, y Henrik Enderlein, dirigente principal de un grupo reformista de economistas alemanes– propondrán una vía por la que avanzar.

La tarea que afrontan Pisani-Ferry y Enderlein es la de formular una nueva estrategia para las dos economías mayores de Europa, centrándose en reformas estructurales en Francia y una mayor inversión en Alemania. La esperanza estriba en que el informe, que se hará público el 1 de diciembre, aporte un avance que reavive por fin el motor del crecimiento de la zona del euro.

Ese trabajo fue encargado unos días después de las reuniones anuales del FMI del mes pasado, en una reunión de los ministros de Hacienda y Economía de Francia, Michel Sapin y Emmanuel Macron, y sus homólogos alemanes, Wolfgang Schäuble y Sigmar Gabriel. Aunque de la reunión no salieron medidas normativas concretas –como dijo el diario francés Le Monde, “nada se pidió y nada se obtuvo”–, podría señalar el comienzo de una cooperación franco-alemana más eficaz, orientada por el informe Pisani-Ferry/Enderlein.

Semejante cooperación no podía llegar en mejor momento. Unas semanas después de que se iniciara el proyecto, Francia e Italia presentaron a la Comisión Europea los presupuestos anuales revisados, en los que solicitaban más margen de maniobra fiscal. La Comisión tiene ahora de plazo hasta el final de este mes para determinar si Francia ha aplicado la reforma con bastante diligencia para evitar las sanciones por incumplir su promesa de reducir su déficit presupuestario a menos del tres por ciento del PIB el año próximo.

Una estrategia eficaz para la reforma tendría que equilibrar la necesidad de la restricción presupuestaria y la estabilidad macroeoconómica con políticas encaminadas a aumentar el crecimiento. En lo relativo a estas últimas, las propuestas hechas el pasado mes de agosto por el Presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi –una mayor relajación monetaria, reformas estructurales (en particular en Francia e Italia) y cierta expansión fiscal por países como Alemania–, brindan un marco útil que se debe complementar con medidas concretas.

El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo ya ha accedido, en principio, a utilizar el primero de esos instrumentos normativos, pero la expansión monetaria por sí sola no bastará para sacar la zona del euro del estancamiento.

Además, muchas de las reformas estructurales que se están examinando o aplicando actualmente, pese a impulsar el crecimiento en última instancia, pueden tener efectos de contracción a corto plazo, cosa que resulta particularmente aplicable a una mayor flexibilidad en materia de mercado laboral, activo decisivo para el crecimiento a largo plazo que puede provocar un aumento del desempleo a corto plazo.

Ésa es la razón por la que una posición fiscal expansionista reviste también importancia decisiva, con una Alemania que encabece la orientación al desplegar una mayor inversión pública para atraer la inversión privada e impulsar la competitividad. En las recientes  Perspectivas económicas mundialesdel FMI se describe el éxito de ese planteamiento en situaciones de recesión.

Como Alemania e incluso Francia pueden endeudarse con unos bajos tipos de interés sin precedentes, todo programa de inversión mínimamente bien concebido fortalecerá el balance del sector público y, como la zona del euro ha acumulado un superávit por cuenta corriente de casi 350.000 millones de euros, que la reciente bajada del euro aumentará aún más, no hay riesgo de una crisis de la balanza de pagos a escala de la zona del euro.

La clave es la confianza. Alemania debe confiar en que su acuerdo para relajar el cinturón fiscal de la zona del euro no desacelerará las reformas estructurales y países como Francia deben saber que una austeridad excesiva no exacerbará a corto plazo los efectos de unas reformas estructurales políticamente difíciles.

En ese sentido, un apoyo político del máximo nivel expresado de un modo que obtenga la aprobación de los ciudadanos de Europa, será decisivo. Gabriel y Macron deben encabezar la embestida, respaldados por Sapin y Schäuble. También reviste importancia decisiva que la Canciller de Alemania, Angela Merkel, y el Primer Ministro de Francia, Manuel Valls –por no hablar de la nueva Comisión–, intervengan para ofrecer un apoyo autentico al proyecto.

El de una confianza menguante es un problema de toda la zona del euro, pero la relación franco-alemana está en su centro y, cuando Alemania y Francia cooperan, pueden obtener unos efectos importantes, como ha demostrado la experiencia. La capacidad de esa relación es lo que la iniciativa Pisani-Ferry/Enderlein representa y lo que, con el apoyo político suficiente, podría revitalizar a Europa.

Kemal Derviş, former Minister of Economic Affairs of Turkey and former Administrator for the United Nations Development Program (UNDP), is a vice president of the Brookings Institution. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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