El error de ilegalizar a ANV

Por Javier Elzo, catedrático emérito de la Universidad de Deusto (EL PERIÓDICO, 14/12/07):

El fiscal general, Cándido Conde-Pumpido, ha ordenado que se tenga todo preparado por si hay que instar al Supremo a que proscriba Acción Nacionalista Vasca (ANV). Según leo en la prensa, “el Gobierno espera el informe policial para promover la ilegalización de ANV. La decisión ya está tomada por la actitud de los radicales tras el atentado”. Esto me parece un profundo error, de graves consecuencias.

Con Zapatero en la Moncloa; Maragall en la Generalitat gobernando con ERC; Touriño en Santiago haciendo lo propio con el BNG; Imaz a las riendas del PNV e Ibarretxe apostando por la tregua, con firmeza y casi ocultado; CIU en Catalunya y el Partido Socialista en Euskadi, aunque dolidos por no estar en el poder, ejerciendo una oposición leal y responsable, muchos pensamos que era una ocasión extraordinaria para, al mismo tiempo, pero en procesos distintos, acabar con ETA y comenzar a avanzar hacia lo que cabe denominar “la otra España posible”.

Me refiero a la España plural, cosmopolita (Ulrich Beck), nación de naciones, con soberanías compartidas o, mejor aún, habiendo superado el concepto de soberanía en favor de los de subsidiariedad, interdependencia y respeto a las minorías en una Europa naciente de geometrías variables. Una Europa con ciudadanos que lo somos, aun con acentos distintos, de la localidad donde habitamos –en gran auge–, de una región o autonomía, de un Estado, de Europa, del mundo entero y, todo ello, sin olvidar a los que, hartos de todo esto, dicen que “pasan” de identidades más allá de su familia, amigos y aficiones particulares: el Barça, unos; el culto al cuerpo, otros; viajar, los terceros; el dinero, casi todos…

Es evidente que esta legislatura que ya se acaba se ha caracterizado, en lo político, por el intento frustrado del Gobierno de Zapatero de acabar con el terrorismo de ETA. Frustrado, básicamente, por el empecinamiento de ETA en pretender imponer sus objetivos políticos mediante el terror, y el constante marcaje del PP desde el día siguiente de su derrota electoral en el 2004, que han acogotado al propio Zapatero, aunque algunos barones y neófitos del PSOE, que nunca vieron con buenos ojos el intento, no deben ser olvidados. La conclusión es que la pinza ETA-PP ha podido con todo, y la decepción y la desilusión para mucha gente, entre la que me incluyo, es enorme.

MARAGALL e Imaz han desaparecido de la escena política y han sido sustituidos por personas ciertamente muy respetables, Montilla y Urkullu, pero con un perfil más de gestores políticos de la decepción que de líderes para el futuro. En Madrid vuelve el neonacionalismo español. ¡España, España, España! Muchos, incluso nacionalistas vascos, no tenemos empacho alguno en decirnos españoles, pero no de esa España rancia que necesita anular las, llamémoslas así, nacionalidades periféricas, para afianzarse en su españolidad. Porque esto no es otra cosa que un signo de profunda debilidad de cómo entienden su españolidad: “Esto es España y ahora van a ver esos vascos y catalanes quién manda aquí”.

En esta vía, como signo supremo de debilidad democrática, se incluye la ilegalización de ANV y del Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV), por limitarme a esta cuestión, competencia expresa del Estado. Pero más allá de triquiñuelas jurídicas (del mismo rango que permitieron ilegalizar a Batasuna haciendo una ley ad hoc, no legalizar a otros sucedáneos de Batasuna, pero sí al PCTV y a la ANV de hoy), hay un hecho que la sociedad española y sus dirigentes no deben olvidar: Batasuna, como realidad social y sociológica, existe. Con fuerza.
Tras las elecciones municipales de mayo pasado, Batasuna (bajo el nombre de ANV) colocó a 337 electos en la comunidad autónoma vasca (CAV) y 100 más en Navarra, y se apuntó, según su lectura de los votos nulos –el Gobierno y la Fiscalía General del Estado impugnaron y consiguieron que no se presentaran más de 200 candidaturas– otros 258 en la CAV y 24 en Navarra. El 28 de mayo, Gara editorializó así: “El proceso sale reforzado (…) Aquí estamos nosotros, guste o no, y somos nosotros los que hacemos lo necesario para que la paz pueda venir a Euskadi”. Y añadía yo, en artículo publicado en estas páginas el 29 de mayo, que “no deja de ser sangrante que los violentos salgan de una confrontación electoral pavoneándose de ser los pacificadores”.

LA ILEGALIZACIÓN de ANV (innecesaria en la lucha contra el terrorismo, más bien fuente de reclutamiento de nuevos etarras jóvenes, ¡ojo con la reserva de adolescentes que muchos, yo al menos, se han equivocado en este punto!) no es sino otra pieza más del desmembramiento anímico de una España, jurídicamente unida, pero no uniforme. Unos, ejerciendo de separadores, la utilizan como arma arrojadiza contra los territorios periféricos y, en estos, ya lo estamos viendo, el sentimiento independentista está adquiriendo cada día más fuerza y más adeptos. ¿Es posible que todo este dislate se justifique, exclusivamente, en la esperanza de ganar un puñado de votos en las elecciones de la próxima primavera?. Si así es, la orientación y el cortoplacismo de la política española está alcanzando niveles esperpénticos. Y no se ve salida a corto plazo. Tampoco después de las próximas elecciones, gane quien gane.