El español como negocio en Estados Unidos

En el mundo hay unas diez lenguas habladas por más de 200 millones de personas. Solo hay cuatro que pueden considerarse linguas francas por hablarse en una multitud de países lejanos a su región de origen: el inglés, el español, el francés y el árabe. El inglés es, sin ninguna duda, la primera lengua del mundo, el esperanto actual, con más de mil millones de hablantes (incluyendo primera lengua, segunda lengua y estudiantes). El español es la segunda, con casi 500 millones en multitud de países, entre ellos siete dentro de los 50 con mayor PIB del mundo (España, México, Argentina, Colombia, Venezuela, Chile y Perú).

Pero hoy en día el reto para España es el español en la primera economía del mundo. Unos 45 millones de hispanos tienen el español como primera o segunda lengua en Estados Unidos. Otros diez millones lo estudian.

Es, por lo tanto, la primera lengua después del inglés, con una gran diferencia sobre cualquier otra. El francés, el chino o el alemán, otros idiomas extranjeros hablados en EE.UU., no llegan en ningún caso a más de dos millones de hablantes cada uno.

Aunque en realidad el español no es una lengua extranjera, sino original, como el inglés, pues es la lengua que se habló durante más de cien años en más de la mitad del territorio estadounidense y se ha hablado mayoritariamente de forma ininterrumpida en Puerto Rico, Nuevo México y algunos puntos de California, Texas y Arizona. Pero lo más importante es el crecimiento del español, que ha sido excepcional tanto cuantitativa como cualitativamente. Se ha pasado de 11 millones de hispanohablantes en 1980 a los 45 millones de hoy. Según algunos estudios, habrá más de cien millones de hispanos estadounidenses en 2050.

Todo esto es una gran oportunidad para los intereses geoestratégicos de España. Hay una cercanía afectiva que hay que explotar humilde e inteligentemente. Yo siempre recordaré una pequeña delegación empresarial que organizamos a la Casa Blanca del presidente Bush con el Príncipe de Asturias con motivo del National Heritage Month de 2006, una recepción para unas trescientas personas organizada por Gloria Estefan con las élites políticas y empresariales hispanas. Como he podido comprobar en otras ocasiones, el actual Rey de España era realmente un líder muy cercano para todas aquellas personas, muchas de ellas con un poder enorme en la Administración estadounidense o en las grandes empresas, que se acercaban a él en español. Hoy en día hay tres senadores hispanos (de cien), dos republicanos (Ted Cruz y Marco Rubio) y uno demócrata (Bob Menéndez), y 29 congresistas hispanos (sobre 435). Hay dos gobernadores (Nevada y Nuevo México), un miembro de la Corte Suprema (Sonia Sotomayor) y un largo etcétera. El español se utilizó por primera vez en el Senado estadounidense hace dos años, durante el debate de la reforma migratoria, por parte del senador de Virginia Tim Kaine.

Pero sobre todo el voto latino es vital para ganar las elecciones presidenciales en los battlegroundstates, especialmente Florida, pero también Colorado, Nevada y Arizona. El uso del español en las campañas y en las redes sociales va a ser fundamental para ganar las elecciones presidenciales durante décadas. ¿Qué supone todo esto para las empresas españolas? El mercado hispano en los EE.UU. es el segundo en número de personas, tras México, y el primero del mundo, por encima de España y México, en cuanto a capacidad adquisitiva. Esto es una oportunidad para las compañías de contenidos que vendan bienes y servicios en español: televisiones, editoriales, periódicos, publicidad e internet. Aunque allí hay una enorme competencia ya en marcha de compañías como Univisión, CNN en español, Televisa, etc. Es también una oportunidad para aquellos otros que puedan segmentar el mercado. Por ejemplo, la exitosa apuesta que ha hecho un banco español de ir integrando redes comerciales dirigidas al mercado hispano y a su suculento negocio de remesas.

Nosotros nunca tuvimos esa emigración. Pero sí podemos apalancarnos en el creciente colectivo hispano. Grandes empresas españolas ya han apalancado su estrategia en contratar para sus filiales directivos hispanos. Esto se ha hecho hasta ahora muchas veces de una forma desordenada, casi sin buscarlo. Pero para los próximos años dicha estrategia tiene que calar más hondo. Uno de los mayores problemas para la internacionalización de las pymes españolas es la crónica escasez de cuadros intermedios con conocimientos de idiomas y disponibilidad para desplazarse.

Por último, España debe capitalizar de forma más audaz la demanda de aprendizaje de español por parte de millones de anglosajones y no dejar ese negocio a otras potencias hispanohablantes, como México. Mientras que Francia, a través de la Alliance Française, tiene 111 centros diseminados en todo el territorio estadounidense, nuestro Instituto Cervantes cuenta tan solo con cuatro centros, de calidad, pero escasos. Una acción de diplomacia pública cuya idea quiero lanzar desde estas líneas es la creación de alianzas público-privadas con el sector privado para la implantación de una red tupida de institutos del idioma español que permitan asociar nuestro país en EE.UU. al hoy prestigiado idioma de Cervantes.

Jaime Malet, presidente de la Cámara de Comercio de EE.UU. en España.

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