“El español se cuida solo”: desafíos para una geopolítica lingüística del español ante el horizonte multilateral

Introducción1

En una visita a los estudios cinematográficos Dreamworks en Glendale, California, el presidente de EEUU Barack Obama expresó una idea central para la acción exterior de cualquier país en materia de cultura:

“Lo crean o no, el entretenimiento es parte de nuestra diplomacia estadounidense. Es parte de lo que nos hace excepcionales, parte de lo que nos hace tal poder global. […] Cientos de millones de personas puede que nunca pisen EEUU, pero gracias a ustedes han experimentado una pequeña parte de lo que nos hace un país especial. Han aprendido algo sobre nuestros valores. Hemos dado forma a una cultura mundial a través de ustedes”.2

En estas pocas palabras, el presidente Obama apuntaba muchas de las claves de este campo: la importancia de la cultura en el poder global, la centralidad del entretenimiento como herramienta de seducción de públicos externos y el papel del sector cultural privado en esos procesos. En las últimas décadas, universidades y centros de investigación han contribuido al reconocimiento de la importancia de la combinación de las formas tradicionales con los nuevos instrumentos “suaves” o “blandos” de influencia exterior. Muchos países han comprendido las ventajas de la diplomacia pública, tanto porque se beneficia de la transferencia de valores procedentes de campos como la cultura, la educación o la ciencia, como porque sus costes son indudablemente más bajos que los de otras formas de proyección exterior. Y unos pocos, además, han conseguido vincular las políticas culturales interiores con las exteriores para promover, junto a la influencia exterior, una mayor oferta para sus ciudadanos mientras se impulsar el crecimiento económico y de empleo de los sectores culturales y creativos.

Con una limitada capacidad de influencia global, una industria cultural modesta –con la excepción de un sector editorial bien asentado en América Latina, mientras afronta con incertidumbre la transición digital– y un aparato institucional de acción cultural exterior cuyas competencias se reparten sin un objetivo estratégico claro,3 España ha puesto en las últimas décadas toda su esperanza en el español como el pedestal desde el que podía asomarse a la circulación global de la cultura, en términos de influencia, y promover el crecimiento de su sector cultural industrial. Cuando España comenzó a tomar conciencia del papel de la cultura como herramienta de acción exterior, muchos países hispanohablantes no lo habían hecho aún, lo que dio a nuestro país una posición pionera, si no entre los países europeos, sí en el contexto de los que comparten el español como idioma.

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Ángel Badillo, Investigador principal del Real Instituto Elcano | @angelbadillo
Rosana Hernández, Investigadora de la Fundación Rafael del Pino en el Observatorio del Instituto Cervantes en la Universidad de Harvard


1 Las ideas expresadas en este texto reflejan los puntos de vista de sus autores.
2 Palabras de Barack Obama en visita a los estudios Dreamworks en California, 26/XI/2013 (la traducción es de los autores).
3 Véase Lamo de Espinosa y Badillo (2016).

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