El espíritu del comandante

“A las cuatro y veinticinco de la tarde de hoy, 5 de marzo, ha fallecido el comandante presidente Hugo Chávez luego de batallar duramente con una enfermedad durante casi dos años”.

Estas fueron las palabras con las que el entonces vicepresidente de la República, Nicolás Maduro, anunció al país la muerte del presidente venezolano. Con estas palabras también se anunció el cierre de una era. Una etapa de catorce años que deja logros en la opinión de algunos y fracasos en la opinión de otros, pero que sin duda, y en la opinión de todos, nos deja un país profundamente dividido.

Cuando la “revolución” llegó al poder en Venezuela por la vía electoral en el año 1998, hubo mucha esperanza. Ese pueblo que criticó los gobiernos del pasado logró sentir y creer en una oportunidad de futuro. En esos años, muchos de los que hoy ya somos hombres y mujeres, profesionales, trabajadores, políticos o activistas sociales teníamos sólo unos doce, trece o catorce años. No es exagerado decir hoy de un joven venezolano que el único gobierno que ha conocido es el “rojo rojito” y que la única forma de gobernar que recuerda es la del comandante; y partiendo de esta importante reflexión, vale la pena analizar cómo han sido estos años para poder imaginar los años por venir.

El gobierno de Chávez dejará para siempre en la historia momentos muy difíciles. Desde la constituyente en el año 1999, los hechos de abril del año 2002, el resurgimiento del movimiento estudiantil venezolano en el año 2007, la famosa frase real “¿porqué no te callas?”, pasando por la muerte del productor agropecuario Franklin Brito hasta llegar a las elecciones en octubre del pasado año. Muchas cosas han pasado. Fueron años de reivindicar a los más pobres en el discurso pero de abandonarlos en la acción. Fueron años de hablar de soberanía nacional pero entregarles el alma a los de la isla (Cuba). Fueron años de afirmar que se construía el socialismo del siglo XXI, cuando se construía el culto a la personalidad. Fueron años de mucha violencia verbal, política y social que logró sacar, a flor de piel, lo peor de muchos venezolanos.

Fueron años de división profunda para nuestro pueblo, para comunidades y para muchas familias. Fueron años donde muchos compatriotas y talentos tuvieron que buscar sus sueños en otras fronteras. Fueron años donde la voz y decisión del comandante era la única, suprema e inobjetable. Y ahora, ¿qué vendrá?

En este sentido, y conociendo los últimos acontecimientos, cabe preguntarse: ¿Es posible el chavismo sin Chávez?

Lo primero que habría que responderse es: ¿Qué es el chavismo? ¿Es un sentimiento? ¿Una ideología política? ¿Un proyecto de país? ¿O el culto a la personalidad de un hombre?

Parece ser una mezcla de todo esto. Una mezcla difícil de descifrar hacia el futuro. Hablar del chavismo sin Chávez es hablar de algo que no se conoce, que no ha sucedido, pero que tratarán de construir. Pero para un régimen donde toda decisión, desde la más sencilla hasta la más delicada, donde cualquier acción, desde la más obvia hasta la más polémica, o donde cualquier idea, desde la más estrambótica hasta la más racional, dependía de un solo hombre, es difícil imaginarlo sin él. El chavismo sin Chávez es una gran interrogante para nosotros, pero aún más, para sus seguidores y dirigentes.

Sin embargo, el chavismo buscará reinventarse. Buscará hacer de Chávez un gran mito, un libro abierto de respuestas a todas las preguntas que les diga ¿y qué habría hecho Chávez? Igualmente buscarán mantenerse unidos y leales, al menos en apariencia, sabiendo que se juegan la vida, sus intereses y su poder. Han usado el funeral, toda la fuerza del Estado, sus recursos y sus instituciones para llevar a Nicolás Maduro a la presidencia de la República. Y en este momento es cuando tendremos que ver qué es el chavismo sin Chávez.

Mientras tanto, y desde los sectores de la oposición, de la alternativa democrática venezolana, debemos tener la cabeza fría, la estrategia clara y el corazón abierto de la mano con la gente para seguir conquistando voluntades para el proyecto del progreso.

Vencer a este chavismo sin Chávez, en las elecciones del próximo abril, sin duda no será fácil, pero para nada imposible. Sabemos que enfrentaremos al espíritu del comandante, su sentimiento, y a todo el poder de un Estado que debe “vencer o morir”. Pero para la mitad del país, el proyecto del progreso sigue siendo el camino, y para la otra mitad “ninguno es como el comandante, con él todo, sin él nada”. Por nuestra parte, seguimos con la visión puesta en un país donde todos los derechos sean para todas las personas.

Y sobre el chavismo sin Chávez, habrá que esperar para ver de que está hecho.

Juan Pablo López Gross, dirigente de la Mesa de la Unidad Democrática venezolana

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