El estacazo

Los independentistas catalanes, prosistas aficionados al bucle del romanticismo, han puesto al poeta romántico a pegar estacazos. Lluís Llach ha sido un referente de mi generación, la de los nacidos en los setenta y tantos. Nada ha marcado nuestros infantiles viajes como el cantautor: nuestros padres ponían el casete de esta alegría de la huerta en el Renault 12 amarillo y todo era un querer abrir la ventanilla para arrojarse al vacío. Lluís es la verdad desnuda, y la verdad no es otra que la independencia de Cataluña como parto doloroso. La verdad es que Cataluña solo podrá ser un Estado Independiente de la provincia de Soria tras un golpe de Estado sin epidural. La República catalana como la gran tortilla hecha con millones de huevos rotos. Huevos batidos antes, durante y después a base de coacciones, imposiciones y lo que le cuelgue. La Historia causa prueba de que de ese caldo no puede salir nada bueno. Quieren matar al Estado de derecho para imponer su Estacazo de derecho.

Los esfuerzos del independentismo por ocultar la alarma que provoca en los catalanes, sus inseguridades y miedos, cuando no su rechazo absoluto, van por mal camino. Lo intenta, el que más, Oriol Junqueras, que habla bajito y podría ser la voz en off del veinticinco aniversario de Disneyland Paris. De hecho, ya nos dejó dicho que un catalán se parece mucho más a un francés que a un español, aunque tras el descubrimiento biológico -aún no publicado en Science- mucho fascista español, valga la redundancia, güasapeara la cruel comparativa de su primer plano con el de Alain Delon. Más cruel de un lado que del otro. El ultranacionalismo tramontano y aventurero siempre ha puesto el foco en los ríos de oro líquido que de manera natural discurrirían por las cañerías de la república, y en que, como en Disneyland, veinticinco años después habrá castillos, príncipes, princesas y vales de descuento en comida y alojamiento para todos.

Lluís Llach, como antes otros rápidamente silenciados y defenestrados por los propios independentistas, como un tal juez Vidal, no ha hecho sino cantar la verdades del barquero. Incómodo, sí, porque el barquero solo pasará la barca a estacazos o no la pasará. Feo, sí, porque la coacción y la amenaza ni son líricas ni venden ilusión. Pero efectivas, porque sin someter a todos los funcionarios públicos de la Comunidad autónoma de Cataluña, la independencia es simplemente imposible porque no se podrá someter al conjunto de los catalanes. Con Llach se ha sido injusto porque no se le ha dado ni el tiempo ni la oportunidad de explicar y aclarar que él no tiene nada en contra de los funcionarios catalanes y sus familias sino que simplemente les amenaza porque quiere someterlos para así poder someter a los demás ciudadanos de Cataluña. Ha tenido que venir un poeta a terminar con la dulzura de una rima, ha tenido que cantar el cantautor para advertir que para cánticos los de la delación entre funcionarios, la de los ajustes de cuentas familiares y la del reo acusado de desafección al Régimen frente al tribunal popular republicano. Lo peor es ver el teatrillo de los políticos en plan mártires de la causa dejando al pueblo al margen de situaciones embarazosas. No se conoce ningún proceso sedicioso o revolucionario en el mundo que vaya de arriba a abajo y sin convulsión social.

Desde este miércoles el Parlament tiene un decreto por el que, en cuanto lo activen apretando el botón desde el escaño, Cataluña será una República en una hora.

–¿En sesenta y un minutos?– ¡No, en una hora!. Los Men in Black, esto es, Puigdemont, el oficial de policía James Edwards y el agente K detendrán a un Insecto gigante llamado Estado de Derecho, y tomarán la Galaxia, que está enterita en el collar de un gato. Todo ello sin coacción, amenaza, denuncia, delación ni ejercicio de presión o fuerza a ciudadano alguno. No se lo agradezcan, es su trabajo.

Víctor M. Serrano Entío, abogado.

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