El Estado Islámico camino a Roma

Los italianos acertaron en esto. La semana pasada, Adam Taylor del diario The Washington Post reunió tuits que italianos publicaron después de que un video emitido por el Estado Islámico, o ISIS, advirtiera: “Hoy estamos al sur de Roma”, decía un militante. “Conquistaremos Roma con el permiso de Alá”.

Conforme el hashtag #We_Are_Coming_O_Rome circulaba en Italia, algunos residentes se alzaron ante el desafío.

Sus mensajes por Twitter, notó Taylor, incluyeron:

“#We_Are_Coming_O_Rome ajajá Tengan cuidado en la carretera-Periférico: hay demasiado tráfico, ¡quedarían atrapados!”

“#We_Are_Coming_O_Rome Oye solo un consejo: no vengan en tren, ¡siempre llega tarde!”

“#We_Are_Coming_O_Rome Llegan demasiado tarde, Italia ya fue destruida por sus gobiernos”.

Y “#We_Are_Coming_O_Rome ¡Estamos listos para conocerlos! Tenemos un bonito lote del Coliseo en venta, Aceptamos Tarjeta de Crédito de Manera Segura, a precio de remate”.

Las tácticas asesinas de ISIS no son broma, pero la burla de los italianos es más bien apropiada. Si bien debatimos hasta el cansancio la relaciones de ISIS con el islam, hemos olvidado una simple verdad sobre muchas de las personas atraídas a ese tipo de grupos. Es la verdad que explicó Ruslan Tsarni por CNN después de que sus dos sobrinos, Dzhokhar y Tamerlan Tsarnev, fueron acusados del ataque en el Maratón de Boston. Ellos eran tan solo dos “perdedores”, dijo, quienes resentían a aquellos que les iba mejor que a ellos, y lo adornaron cubriéndolo de ideología. “Cualquier otra cosa, cualquier otra cosa que tenga que ver con religión, con el islam, es un fraude, es falsa”.

Hay mucho de verdad en eso. ISIS está integrado de tres facciones, y necesitamos entender a las tres antes de que entremos más profundamente en otra guerra en Irak y Siria. Una facción abarca a los voluntarios extranjeros. Algunos son yihadistas curtidos, pero muchos son meramente perdedores, desadaptados, buscadores de aventuras y hombres jóvenes que nunca han tenido poder, empleo o el afecto de una joven y se unieron a ISIS para obtener las tres cosas. Dudo que muchos sean estudiantes serios del islam o que ofrecerles una versión más moderada los mantenga en casa. Si ISIS empieza a perder y no puede ofrecer empleos, poder o sexo, este grupo se encogerá.

La segunda facción de ISIS, su columna vertebral, está integrada de ex oficiales baazistas y otros sunitas de tribus locales, que le dan apoyo pasivo a ISIS. Si bien los sunitas iraquíes constituyen un tercio de la población iraquí, han gobernado durante generaciones y sencillamente no aceptan el hecho de que ahora la mayoría chiita está al mando. Además, para muchos pobladores sunitas bajo el control de ISIS, este grupo es tan solo menos malo que la brutalidad y discriminación que han recibido del gobierno de Irak, encabezado por chiitas. Si se busca en Google “milicias chiitas de Irak y ejercicios de poder”, se verá que el Estado Islámico no inventó la tortura y persecución en Irak.

Estados Unidos sigue cometiendo el mismo error en Oriente Medio: sobreestima el poder de la ideología religiosa y no alcanza a apreciar del todo el impacto del mal gobierno. Sarah Chayes, quien trabajó durante largo tiempo en Afganistán y ha escrito un importante libro – Thieves of State: Why Corruption Threatens Global Security – sobre cómo la corrupción contribuyó a alejar a los afganos de nosotros y del régimen que Estados Unidos apoyó, argumenta que “nada alimenta más al extremismo que la desfachatada corrupción e injusticia” que algunos aliados de EU en Oriente Medio infligen a diario a su pueblo.

La tercera de las facciones de ISIS se compone de los verdaderos ideólogos, encabezados por Abu Bakr al-Bagdadí. Tienen su propia versión apocalíptica del islam. Sin embargo, no estaría resonando si no es por el hecho que “tanto religión como la política han sido secuestrados” en el mundo árabe y Pakistán, creando una “mezcla tóxica”, dice Nader Mousavizadé, quien codirige la empresa consultora Macro Advisory Partners. Los pueblos árabes han sido gobernados en su mayoría por radicales o reaccionarios. Y sin la perspectiva de una política legítima “que responda genuinamente a reclamos populares”, ninguna cantidad de intentos verticales por engendrar islam moderado tendrá éxito, agregó.

El islam no tiene un Vaticano para decretar cuál islam es auténtico, así que surge de manera diferente en diferentes contextos. Hay un islam moderado que surgió en contextos decentes de tipo político, social y económico – véase el islam indio, el islam indonesio y el islam malasio – y nunca obstruyó el camino del progreso. Además hay versiones del islam puritanas, contrarias al pluralismo, a la modernidad y a la educación moderna, así como opuestas a la mujer, que surgieron de los rincones más tribalizados del mundo árabe, Nigeria y Pakistán, contribuyendo a detener el progreso de estos lugares.

Es por eso que el Estado Islámico no es solo un problema del islam y no solo un problema de “causas fundamentales”. ISIS es un producto de décadas de gobiernos fallidos en el mundo árabe y Pakistán, y siglos de una calcificación del islam árabe. Se alimentan entre sí. Aquéllos que alegan que es solo uno o el otro están totalmente equivocados.

Así que, para derrotar a ISIS y no ver el surgimiento de otro grupo igual, se necesita: eliminar a su dirigencia; registrar el apoyo de musulmanes para desacreditar las versiones extremistas, muy reales y populares, que salen de Arabia Saudí y Pakistán; acabar de tajo con la injusticia, corrupción, sectarismo y fracaso del estado que ahora prolifera en el mundo árabe y Pakistán; así como demarcar para sunitas iraquíes su propia región autónoma en el país y un porcentaje de su riqueza petrolera, justamente como los kurdos lo han hecho.

Lo sé: suena imposible. Sin embargo, este problema es muy profundo. Esta es la única ruta hacia un islam árabe más moderado, para que menos hombres y mujeres jóvenes busquen dignidad en los sitios equivocados.

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