El Estatuto de Gernika no se negocia

Por Javier Pérez Royo, catedrático de Derecho Constitucional (EL PERIÓDICO, 21/12/06):

Se nos olvida lo esencial. Aunque ETA iniciara su actividad criminal antes de la transición, el grueso de dicha actividad criminal ha tenido lugar bajo la democracia. ETA ha sido mucho menos antifascista que antidemocrática. Si se compara la actividad terrorista de ETA en los últimos años de Franco y en los años de la Transición con la actividad terrorista desde la entrada en vigor de la Constitución, el desequilibrio a favor de este segundo periodo salta a la vista.
Tan fue así, que en el proceso constituyente la casi totalidad de las fuerzas políticas dieron por supuesto que el terrorismo era un fenómeno transitorio, que dejaría de estar presente en la vida política española una vez se hubiera asentado la democracia y, con el ejercicio del derecho a la autonomía, existiera un País Vasco autónomo con un Gobierno nacionalista. De ahí que el texto constitucional no contuviera reservas respecto del ejercicio del derecho de asociación, como las que contuvo en su día la Ley Fundamental de Bonn, que fue modelo para el constituyente español en tantos otros terrenos.
El constituyente español no previó el enquistamiento del terrorismo en el sistema político español y en el subsistema vasco. Al contrario. Pensó que se iría desvaneciendo con relativa rapidez. Por eso a lo que prestó atención de forma prioritaria no fue al terrorismo, sino al ejercicio del derecho a la autonomía en el País Vasco. En muy poco tiempo se configuró una comunidad autónoma con un poder político que se compara favorablemente con el que pueda ejercer cualquier estado miembro del Estado más federal.
El constituyente español diseñó un marco político para la paz antes de diseñar un marco para poner fin a la violencia terrorista, dando por supuesto de una manera bastante ingenua que así se pondría fin a la misma. Y, además, lo hizo con mucho éxito. El subsistema político vasco definido en el Estatuto de Gernika es un subsistema genuinamente democrático. Tanto, que el nacionalismo aberzale desde el primer momento entendió que tenía que ser parte de él. La participación po- lítica de ETA, a través de agrupaciones de electores desde 1980 y a través de Batasuna en el sistema político del Estatuto de Gernika, es la prueba del nueve de la calidad democrática de ese sistema.

EL ÉXITO del Estatuto de Gernika es lo que complica el proceso de paz que ahora estamos viviendo. Si el nacionalismo aberzale no hubiera estado nunca dentro del sistema político del Estatuto de Gernika, sería más fácil hacerle frente. La dificultad de manejar el proceso estriba en que ETA ha estado fuera del sistema político democrático practicando el terrorismo y dentro del mismo a través de Batasuna y en que le gustaría seguir así. Si Batasuna estuviera representada en las Cortes Generales, en el Parlamento de Vitoria y en los municipios vascos, estaríamos hablando en unos términos completamente distintos a aquellos de los que estamos utilizando en este momento. No existiría urgencia alguna en ETA para dejar las armas.
La urgencia del proceso de paz procede de que Batasuna quiere volver a estar dentro. A pesar de todas las quejas de la insuficiencia del sistema autonómico, no hay mejor homenaje al sistema político vasco que el que le rinde Batasuna reclamando que se le acepte como actor del mismo. Hay una cierta esquizofrenia en la práctica política de Batasuna, que, por un lado, denuncia el autonomismo del PNV-EA y, por otro, se desvive por vivir dentro de él. Dicho de otra manera, no quiere pagar ningún precio por su inserción en el sistema. Batasuna sí, pero ETA también.
Esta es la razón de que la pelota, como ha dicho en repetidas ocasiones el presidente del Gobierno, esté en el tejado de ETA. El marco democrático para la paz ya existe. Es el Estatuto de Gernika. Esto es lo nuevo del proceso de construcción de la paz en España, a diferencia de lo que ha ocurrido en otros paí- ses, europeos o no europeos. Aquí, de momento, no hay que inventarse nada, aunque es posible, e incluso probable, que se tengan que hacer reformas en el sistema definido en el Estatuto de Gernika. Pero tales reformas tendrán que hacerse de acuerdo con el procedimiento previsto en dicho Estatuto.

EL ESTATUTO de Gernika se puede reformar. Lo que no se puede es hacer un Estatuto completamente nuevo al margen del procedimiento de reforma previsto en el mismo. La participación en el proceso de reforma institucional del País Vasco exige la presencia en el Parlamento y en los municipios vascos. El que no esté, no puede participar. ETA/Batasuna decidirán que es lo que les viene bien. Pero el marco jurídico estatal y autonómico es el que es y es completamente inimaginable pensar que pueda ser reformado para que ETA/Batasuna puedan entrar.
En lo esencial, por lo tanto, el margen de maniobra para todos los actores políticos es muy limitado. La generosidad de la democracia española ha sido tan extraordinaria hasta la fecha, que puede dar muy poco de más ahora mismo para facilitar que progrese el proceso de paz. Este marco para el proceso de paz no va a cambiar por mucho que se reúnan los representantes del Gobierno y de ETA, aunque está muy bien que lo hagan. De ahí que sea razonable que el ministro de Interior, además de no confirmar la entrevista, haya declarado que no hay novedades relevantes, es decir, que estamos donde estábamos. No es exactamente así, pero básicamente sí.