El euro en crisis: se acerca el final

Los acontecimientos se precipitan, y el tercer acto de la tragedia del euro se acelera. Al principio de la obra (crisis de Grecia en mayo del 2010) a muchos les pareció que los actores serían solo griegos. Craso error. Los problemas helenos, y los que han aparecido en otros países del sur, el este y el oeste europeos, son el negativo de los que tienen bancos, compañías de seguros y otros fondos de pensión o inversión de los países centroeuropeos, o de fuera del área del euro. Por ello, cuando la cancillera Angela Merkel decidió abrir el segundo acto, de forma espectacular por cierto, anunciando que el sector privado debería pagar parte de la factura de la crisis de la deuda soberana, emergió más nítidamente dónde se encontraba el núcleo del problema: las subprimes europeas estaban en la deuda, soberana y no soberana, de los países del sur o del oeste irlandés excesivamente endeudados. Esta segunda etapa se arrastró desde noviembre del 2010 a junio del 2011, con las apariciones estelares de Irlanda y Portugal, y las de menor enjundia de España.

En julio, finalmente, dio comienzo el definitivo acto. El nuevo paquete de ayuda para Grecia, la ampliación del Fondo de Estabilidad y el cambio en sus competencias definían una situación que debería haber calmado a los mercados. Pero no. La parte bufa de la ópera provino de la patria del bel canto, con Silvio Berlusconni intentando descabalgar a Giulio Tremonti, su ministro de Hacienda, partidario de un cierto ajuste fiscal. Y, a partir de ahí, todo ha sido un pandemonio: el BCE tiene que intervenir comprando deuda española e italiana, la banca europea comienza a perder valor a una velocidad de vértigo, el tándem Barack Obama-Timothy Geithner intenta que Merkel se deje de puñetas y pague, se suceden las rebajas de cualificación de la deuda italiana y española, las de la banca francesa y española, la salida de Atenas de la troika… En fin, todo como en el último acto de una tragedia griega, en el que se van acumulando los acontecimientos que van a precipitarse al final.

Y ahí es donde estamos hoy. Cierto que todavía se arrastra algún ruido de los primeros compases de este acto, como la negativa eslovaca a aprobar la modificación del Fondo de Estabilidad. Pero no se despisten. Los grandes actores, tenores y sopranos, están ya en escena, interpretando las arias finales. Así, el primer ministro David Cameron avisa de que al área del euro le quedan escasamente dos semanas para decidir su salvamento, preocupado tanto por la estabilidad del sistema financiero británico como por el hecho de que el área tome decisiones que alejen demasiado a Gran Bretaña de una zona cada vez más germanizada. Jean-Claude Trichet, el ya expresidentes del BCE, sale a la palestra advirtiendo a los políticos de que, si se quiere salvar el euro, el tiempo apremia y deben avanzar seriamente hacia la unidad política. El presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, se pone delante de la manifestación franco-alemana a favor de la recapitalización de la banca europea, mientras Nicolas Sarkozy intenta que sean fondos europeos los que le ayuden a salvar su maltrecho sistema financiero, no sea que Francia viera reducida la calificación de su deuda y perdiera su estimada triple A. Finalmente, a Merkel, la valkiria del este, se la ve entre bambalinas, preparando el final por el que ha estado trabajando desde que estalló la crisis: un área del euro a imagen y semejanza germanas, que garantice la estabilidad de su moneda y mantenga los mercados externos de los empresarios alemanes. No se engañen por su imagen, aparentemente dubitativa, en esta crisis. Merkel no se ha movido un ápice de su pretensión inicial, aunque su camino parezca errático. Ha dejado que cada país con problemas se hundiera en sus miserias, hasta que, en el último momento, ha lanzado la cuerda para salvarlo, previa contrición y dura penitencia del pecador. Y su mantra no ha variado: o un euro alemán o el marco.

Se acerca el final. Y parece que Alemania va a salirse con la suya. En las próximas semanas veremos una quita de la deuda griega en el entorno del 50%, con negativos efectos sobre el sistema financiero europeo, como quería Merkel. Para evitarlos, se está ya trabajando en su recapitalización. Además, el Fondo de Estabilidad comenzará a operar, con lo que implica de transferencia de recursos del centro ahorrador a los malgastadores del sur. Y, en el horizonte del 2012, la sustitución del Fondo por el Mecanismo Permanente, que debería permitir a un país suspender pagos y ampliar el coste de dicha suspensión para el sector privado, como deseaba Alemania. Tanto este mecanismo como el Fondo actual socializan parte de las pérdidas originas en el sur, y las transfieren a los contribuyentes del norte y el centro de Europa, guste o no a sus opiniones públicas.

La crisis no va a finalizar con este tercer acto. A partir de ahí, otra obra esperará su estreno. Pero será con otra partitura. De inspiración ya totalmente germana. El tándem Angela Merkel-Wolfgang Schäuble dirige con firmeza la nave.

Josep Oliver Alonso, Catedrático de Economía Aplicada UAB.

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