El feminismo ‘fake’

Mi liberada:

Dice un refrán que la mentira tiene las patitas cortas. Quizá. Pero son veloces. Falsehood flies, and the Truth comes limping after it (“La falsedad vuela y la verdad va cojeando detrás”) escribió Swift. Este jueves Science publicó el estudio hasta ahora más completo sobre la verdad y la mentira en twitter, dirigido por Soroush Vosoughi, un científico de datos que trabaja en el Mit. Robinson Meyer escribió luego en The Atlantic un buen resumen, encabezado por la cita de Swift, del que voy a darte algunas conclusiones de interés. Las noticias falsas y los rumores llegan a más personas, penetran más profundamente en la red social y se propagan más rápido que las noticias verdaderas. La razón principal no son los rusos, o al menos no los robots rusos. La razón principal es la preferencia humana por la mentira. Y la razón principal de la preferencia es que la mentira es siempre un notición y por lo tanto más excitante que la noticia habitualmente pequeña y gris de la verdad. Como es habitual el Mit no descubre nada, porque su razón de ser solo es la confirmación de las intuiciones poéticas. La novedad no está en el funcionamiento de la naturaleza humana sino en los cambios en el sistema comunicativo. Nunca verdad y mentira fueron tan accesibles, pero si la mentira corre más rápida y más profundamente que la verdad, tratando de captar la atención necesariamente finita de los ciudadanos, cuando la verdad llega encuentra un cerebro saturado. En la época analógica importaba relativamente que una mentira corriera más que una verdad. Aun cojeando, la verdad podía acabar encontrando su sitio; pero con millones de mentiras circulando por segundo la tardía verdad no encuentra asientos disponibles.

El feminismo fakeTengo un ejemplo muy a mano de todo esto, que te molestará adecuadamente. Un estudio del Giwps (Índice global de paz y seguridad de las mujeres), elaborado por la Universidad de Georgetown y el Instituto de Investigación de la Paz en Oslo concluye que España está entre los cinco países del mundo donde mejor viven las mujeres. El estudio, riguroso y fiable y compatible en líneas generales con otros estudios similares, es del mes de octubre y de él daba cuenta El País de ayer, oportunamente, con la llamada huelga feminista ya acabada. Cualquier humano, incluso humana, que hubiera estado inmerso en el ambiente español durante la última semana creería que ese ambiente y los datos del Indíce Global correspondían a dos países distintos. A tenor del ambiente, España debería ocupar el lugar 153 de los países analizados por el Índice Global. Naturalmente el ambiente está fabricado por mentiras. Subrayaré tan solo uno de los datos verdaderos. El 13% de las mujeres españolas han sido víctimas de la violencia a manos de sus parejas. Un porcentaje lejano al 25,2%, media de los países desarrollados. El dato encaja perfectamente en otras estadísticas, simples o complejas, sobre la violencia que sufren las mujeres. ¿Alguien reconocería el tajante y limpio país de los datos en el amanerado, indocumentado y sucio ambiente español? Nadie. Nadie que diga la verdad. Sin embargo, los datos del Índice Global tienen la batalla perdida. El problema no es que no quepa una tonta más en el ambiente, como diría una castiza. El problema es que no cabe una lista más. Después de semanas saturadas de mentiras, en las que incluso hubo encuestas que trataban de averiguar no el número de españolas que habían sido acosadas sexualmente, sino el número de españolas que se habían sentido acosadas sexualmente, llega la verdad cojeando y ya no hay sitio.

Los sucesos de esta semana llevan mucho tiempo sucediendo. Ahora ha sido el Feminismo. Pero antes fueron el Prestige, o la Guerra, o la Indignación. La izquierda paleocristiana ya no libra batallas a cara descubierta. Es natural, porque las ha perdido todas. Su única posibilidad es ir merodeando como chinches entre las descosturas sociales, tratando de aprovechar su implícita transversalidad sentimental para ganar posiciones. Quién no va a estar a favor de los Pajaritos contra el Petróleo, de la Paz contra la Guerra, del Impositor contra el Banquero. Y, por supuesto, quién no va a estar a favor de las Mujeres contra los Hombres: a pesar de sus denodados esfuerzos, las mujeres siguen resultando infinitamente más sexys. Aunque el grave problema de la izquierda es que la derecha ya ha entendido la jugada. Todo empezó con la Indignación y el 15-M. La derecha empezó a asestarle los naturales garrotazos a sus promotores solo cuando el socialismo había alcanzado la degradación adecuada. Ahora, en plena orgía de mentiras, el presidente Mariano Rajoy pronuncia una más, desautoriza a las propias mujeres de su partido, se pone el lazo, lila, e inmediatamente, todo se consuma y desactiva. Me echo a reír cada vez que oigo hablar en España de guerras culturales. En España no existen tales guerras. Existen masacres. El texto más veraz y razonable de cuantos se dieron a conocer en la semana lila fue el manifiesto de las 28 mujeres, originalmente escrito e impulsado por Berta González de Vega y cuyas firmas encabezaba la eurodiputada Teresa Giménez-Barbat. Ningún partido político lo hizo suyo, ¡ni al ínfimo nivel del retuit! Rajoy liquida a la izquierda con su propio lazo; pero al mismo tiempo ahorca a la verdad. Más inesperada es la inhibición de Ciudadanos. La medrosa actitud del Partido Popular se explica por su decadencia, perfectamente asegurada su continuidad en el tiempo si Núñez Feijóo resulta ser el heredero. Pero del joven vigor de Ciudadanos cabría esperar no solo mayor coraje intelectual y cívico, sino también cálculo estratégico. No siempre se pierden las elecciones por elegir los caminos culturalmente incorrectos. El ejemplo ya canónico es Trump. Aunque es una falsedad sostener que la respuesta a las políticas identitarias, la reescritura de la Historia o los tabús de la Bioética, por aludir a tres de las guerras más populares, tengan que ser obligadamente melancólicas, reaccionarias, trumpianas. Quizá exista la posibilidad política de responder a las ficciones no con ficciones antagónicas, sino mediante la práctica metódica y constante de la verdad disponible.

El día de la publicación del estudio del Mit sobre twitter, Science publicó a su luz un artículo firmado por David MJ Lazer y otros 15 expertos en Política y Derecho: La ciencia de las noticias falsas. El texto recordaba que “las normas periodísticas de objetividad y ecuanimidad surgieron en la década de los 20 como una violenta reacción de los periodistas ante la colaboración de la prensa en la difusión de propaganda bélica durante la Gran Guerra y ante el creciente poder de los gabinetes de relaciones públicas de las grandes corporaciones”. La conclusión de los expertos era tajante y obvia: “Debemos rediseñar nuestro ecosistema de información en el siglo XXI”. La posibilidad de que semejante mandato cale en España es ilusoria. Baste con ver el sostenido fake de la última semana, ¡construido por periodistas!. Y cómo Twitter y Política -somos lo que comemos- se han convertido aquí en uno y lo mismo.

Sigue ciega tu camino.

Arcadi Espada.

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