¿El fin de la ‘era K’?

Hoy se celebran unas elecciones cruciales para Argentina. Tan cruciales parecen ser estos comicios, inicialmente programados para finales de año, que fueron adelantados por decisión presidencial. El matrimonio gobernante temía que los embates de la crisis repercutieran negativamente en el ánimo de los votantes y cuanto antes se votara, menos fidelidades se perderían.

En realidad, está en juego la pervivencia del proyecto ‘kirchnerista’, el ‘modelo’ según la jerga oficialista. La maniobra urdida por el primer Kirchner gobernante fracasó por los continuos errores en la gestión de Cristina Fernández. El enfrentamiento con el campo fue sólo el último de una serie de desaciertos iniciados a los pocos días de asumir el poder, con el escándalo de la maleta venezolana repleta de dinero y las furibundas acusaciones gubernamentales contra unas supuestas maniobras desestabilizadoras urdidas por la Administración Bush para acabar con un Gobierno «progresista».

Una de las trampas del ‘modelo’ es presentar a los Kirchner como ejemplo de Gobierno de izquierda, próximo a los Lula y los Chávez regionales. Sin embargo, cuando fue necesario, las orientaciones ‘transversales’ (formación de una gran alianza de centro-izquierda superadora del peronismo) fueron relegadas por la ortodoxia justicialista y la iconografía de Perón y Evita. El ‘modelo kirchnerista’, de progresista o socialista tiene muy poco, y sólo buscaba reintroducir el estatismo más clásico en la vida política argentina. Kirchner es el discípulo más aventajado de Perón, por más que sus recuerdos de los años 1970, cuando era un jovencito próximo a los Montoneros, le impidan reconocerlo.

A las elecciones de hoy se llega en un contexto de deterioro político, institucional y económico. Pese a las promesas presidenciales de que en el segundo turno se reforzarían las instituciones democráticas, ha ocurrido todo lo contrario. El símbolo más sangrante del deterioro producido ha sido el práctico desmantelamiento del INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censo), encargado de medir la inflación y la evolución de otras macromagnitudes. Dice el viejo refrán que si la realidad y la teoría no coinciden, peor para la realidad, y esto fue lo que pasó. Si la inflación se había disparado había que domarla y si no se podía, qué mejor que maquillar las cifras. Al frente de la operación se situó a Guillermo Moreno, alto funcionario público conocido por su capacidad para coaccionar a empresarios y periodistas.

Las encuestas han mostrado un claro declive de la popularidad de los Kirchner desde el estallido de la crisis del campo. Esto fue acompañado de crecientes desafecciones dentro del peronismo gobernante, que han recordado al ex presidente que las mayores amenazas para su supervivencia política vienen de su propio movimiento. Las grietas justicialistas fueron acompañadas por otras voces críticas, como las de los empresarios. Desde la llegada al poder de Kirchner, en 2003, se habían beneficiado de políticas proteccionistas e intervencionistas. Aunque el alineamiento de los Kirchner con Hugo Chávez y su nula defensa de las empresas argentinas nacionalizadas en Venezuela cambiaron el ánimo de las cúpulas empresariales.

En esta ocasión está en juego la mayoría parlamentaria, tanto en el Congreso como en el Senado, que el oficialismo podría perder, y la forma en que se producirá la elección presidencial de 2011. Para Kirchner todo se jugará en la provincia de Buenos Aires, donde encabeza la lista de candidatos a diputados. Es tal su temor a perderlo todo que ha planteado la elección como un plebiscito en torno a su esposa y su proyecto político, el ‘modelo’. Las encuestas no son todo lo amables que deberían ser con su propuesta y todo indica que puede haber severos correctivos en la capital argentina y en las provincias de Santa Fe, Córdoba y Mendoza, los mayores distritos del país junto a Buenos Aires.

Pero no sólo Kirchner se la juega el domingo. Son muchos los que quieren ocupar su puesto dentro y fuera del peronismo. Dentro, Carlos Reutemann, cuyo porvenir depende de la elección de Santa Fe. Fuera, Lilita Carrió, Ricardo Alfonsín y Julio Cobos, el actual vicepresidente, que intentan estructurar una oposición democrática con un posible contenido radical y socialista, donde el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, tiene algo que decir. Y ni dentro ni fuera, Mauricio Macri, alcalde de Buenos Aires, que quiere convertirse en el símbolo del peronismo disidente. Pase lo que pase hoy, se abre en Argentina una etapa diferente y el protagonismo del matrimonio gobernante puede dejar de ser tan decisivo. Se podría decir que asistiremos al primer acto del declive ‘kirchnerista’, aunque los resultados puedan ser maquillados y convertir una derrota en victoria. Si esto ocurre, si los resultados coinciden con las expectativas, las consecuencias, no sólo nacionales sino también regionales, serán importantes.

Carlos Malamud, profesor de la UNED e investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano.