El «fracking» y afecciones territoriales

Las técnicas de extracción de hidrocarburos no convencionales (HNC’s) son objetivos de amplio debate social, y se les imputan variadas y agresivas afecciones territoriales. Las más citadas: contaminación, sismicidad, gasto de agua y ocupación de suelo. Con el objeto de situarlas en su contexto territorial y temporal, se hacen algunas precisiones al respecto. Referente a contaminaciones, existen tres aspectos a considerar: que el fluido de fracturación pase a rocas fuera de objetivo, que el fluido de retorno contamine aguas superficiales y que existan fugas a la atmósfera.

Acerca del primer caso, de la polución de aguas subterráneas por la inyección del fluido de fracturación, hay que señalar que es prácticamente imposible la conexión entre la zona fracturada, a profundidades de 3.000 y 4.000 metros, y los acuíferos, si los hubiere, que no suelen superar los 300-400 metros. También podrían contaminarse desde el pozo de investigación o explotación; para evitarlo se instalan tuberías telescópicas, cementadas entre sí, hasta la total profundidad de los acuíferos. Es verdad que se han producido accidentes; el más reportado, Pavillon (Wyoming), fue debido a la coexistencia de pozos de gas y agua en el mismo entorno geológico. Hoy sería inconcebible situarlos espacialmente coincidentes o en áreas hidrogeológicamente sensibles.

En segundo lugar, podría producirse contaminación superficial por el fluido de retorno, constituido por parte del introducido más otros minerales de lavado de las rocas fracturadas; tal fluido debe ser tratado y depurado como cualquier agua residual industrial, según la normativa medioambiental vigente. Por último, podrían existir emisiones de metano a la atmósfera, durante la perforación y en la posterior explotación; pero tal casuística será una mala práctica, porque lo correcto, útil y económico será aprovecharlo y conectar, sin pérdida alguna, los pozos a la red de gasoductos.

En cuanto a sismicidad inducida, varios científicos de la Universidad de Durham han analizado toda la literatura geológica producida en los últimos años, relacionada con actividades geomineras, causantes de actividad sísmica. De un total de 198 casos revisados, únicamente se han producido sismos relacionados con fracturación hidráulica en tres localidades. El mayor, de magnitud 3,8 en Horn-River, Canadá; los otros: 2,3 en Inglaterra y 1,5 en Estados Unidos. En resumen, tres localidades entre cientos de miles de pozos fracturados. El análisis concluye que al compararse con otros proyectos geológico-mineros, como geotermismo, minería, agotamiento de yacimientos petrolíferos, llenado de embalses, etcétera, el «fracking» es un mecanismo relativamente benigno. Es posible que en algún caso se puedan originar sismos de mayor magnitud, pero la investigación neotectónica mitiga el riesgo.

Respecto al consumo de agua, el volumen por pozo oscila de 2.000 a 20.000 metros cúbicos, según etapas de fracturación y litología de las rocas. Hay que hacer constar que el «fracking» es una actividad industrial más y que, como tantas, necesita consumo de agua, también señalar que es durante un corto periodo (dos o tres días) mientras se realiza la fracturación. Las comparativas con otras actividades: agrarias, industriales, energéticas, etcétera, resultan mínimas, por lo que no se entiende tal imputación. Por otro lado, las investigaciones avanzan a tal velocidad que se están ensayando pruebas con aguas salobres, con espumas, con otros hidrocarburos, etcétera.

La ocupación de suelo es de una o dos hectáreas por pozo durante su ejecución; posteriormente quedará un cabezal conectado a la red. Por tanto, una vez efectuada la investigación, y tanto si el pozo es productivo como si no, se restaura la superficie y la huella es prácticamente nula. El tópico de excesivo uso de terreno viene de épocas pretéritas, cuando el «fracking» se realizaba en perforaciones verticales (fracturación de un cilindro rocoso de unos 200-300 metros de radio, en consecuencia hay que situar pozos cada 400-600 metros). El rotundo éxito de los «no convencionales» surge al horizontalizar los sondeos, de modo que se fracturan cilindros de dos a tres kilómetros de radio, por tanto los emplazamientos próximos estarán a cuatro o seis kilómetros.

En resumen, la investigación y/o explotación de los HNC’s posee riesgos de contaminación, gestionables, como los de cualquier industria. La sismicidad generada es previsible, siempre que se realicen minuciosos estudios neotectónicos (series rocosas del Mioceno Superior y del Plio-Cuaternario). Los consumos de agua dependen de las litologías y se realizan por una sola vez, y la ocupación de suelo es temporal, durante la perforación.

Y como conclusión, decir que los avances tecnológicos han sido tan espectaculares en los últimos diez años que Estados Unidos ha pasado a ser autosuficiente y está presto para exportar gas a Europa. En España tenemos dos retos: mitigar nuestra terrible factura de hidrocarburos (4 por ciento del PIB) e implementar un novedoso I+D+i energético. Deberíamos ser más proactivos e investigar ya nuestros HNC’s del subsuelo, porque lo que no va a suceder de ningún modo en las próximas décadas es que dejemos de consumirlos.

David Navarro Vázquez, geólogo.

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